lunes, 18 de julio de 2011

Hace 75 años comenzó la guerra civil


"Pasarán años y olvidaremos todo, y lo que hemos vivido nos parecerá un sueño, y será un tiempo del que no convendrá acordarse. Pero algún día estas fotografías habrán de servir para juzgar la barbarie y la crueldad de unos años sangrientos."

Así termina el relato   Ruinas, el trayecto: Guerda Taro, de Juan Eduardo Zúñiga, que forma parte de su libro Capital de la gloria.
Hoy, 18 de julio de 2011, hace 75 años del comienzo de la guerra civil. No se me ocurre mejor forma de recordar esta infausta fecha que traer aquí un enlace para poder leer diversos cuentos de Zúñiga sobre el Madrid de la guerra civil.


 
Después de leer La tierra será será un paraíso, Largo noviembre de Madrid y Capital de la gloria uno ya no es el mismo, la visión de la guerra es ya otra, el dolor y la tristeza por la tragedia son inigualables, el gozo de la lectura, infinitamente más acentuado y las ganas de releer una y otra vez, algo que sus lectores hacemos muy frecuentemente. No es sólo el vocabulario, la sintaxis o el estilo; no sólo la finura, el amor a las víctimas o el conocimiento del ser humano. Es sobre todo estar leyendo a un gran escritor, a un madrileño discreto, a un magnífico cuentista, a un poeta que ama a su ciudad y a los que en ella viven.




Gracias, maestro, por sus hermosos libros. Gracias por el relato Gerda Taro, por el Rosa de Madrid, por el Patrulla del amanecer. Gracias por su discreción. Gracias por escribir.

sábado, 28 de mayo de 2011

La ciudad de Trieste y Claudio Magris






El sábado, 21 de mayo, estuvimos en Barcelona y aprovechamos para ver una exposición  en el CCCB, dedicada a la ciudad de Trieste y al escritor Claudio Magris.
Tiene algo especial esta exposición, algo que te deja una huella imborrable: los cinco sentidos te acercan a una ciudad y a un escritor, a un espacio que es un crisol, un cruce de caminos y culturas, y a un tiempo que recoge la esencia del siglo XX.
El viento que caracteriza la ciudad, las lenguas que en ella se hablan, la diversidad étnica, los contrastes entre la vanguardia (en literatura, en arte, en psiquiatría) y el retroceso (la proclamación de las leyes raciales del fascismo), las librerías, los cafés…

Todo de la mano de Claudio Magris, ese escritor que con su libro El Danubio me dio a conocer una Europa anterior a la guerra fría, esa Europa alrededor del Danubio que es una crónica de la diversidad, una diversidad que une a veces y otra separa, pero que no se deja engullir por las culturas dominantes del continente.
Claudio Magris, sus libros, su café, sus clases, su dolor por la muerte de su esposa, su esencia de hombre sabio que conoce Europa y que sabe dónde reside su fuerza, sus peligros y sus  grandezas.

martes, 17 de mayo de 2011

Bob Marley: Treinta años de su muerte



Hace treinta años murió Bob Marley, el rey del reggae. Traigo aquí quizá su canción más famosa, cantada en directo en Boston en 1979.


http://es.wikipedia.org/wiki/Bob_Marley



No woman no cry



No woman no crySay, say
Say I remember when we used to sit
In a government yard in Trenchtown
Observing the hypocrites
As they would mingle with the good people we meet
Good friends we have
Oh, good friends we lost
Along the way
In this great future
You can't forget your past
So dry your tears, I seh


No woman no cry
No woman no cry
Little darling, don't shed no tears
No woman no cry


Say, Say
Said I remember when we use to sit
In the government yard in Trenchtown
And then Georgie would make the fire lights
I seh, log would burnin' through the nights
Then we would cook cornmeal porridge
Of which I'll share with you
My feet is my only carriage
And so I've got to push on through
Oh, while I'm gone


Everything 's gonna be alright
Everything 's gonna be alright


No woman no cry
No woman no cry


I say little darlin'
Don't shed no tears
No woman no cry






No llores mujer

Recuerdo cuando solíamos sentarnos

En la plaza de gobierno de Trenchtown.

Observando a los hipócritas

Mezclarse con la gente bien que conocemos,

Qué buenos amigos hemos tenido,

Oh, muy buenos amigos hemos perdido en el camino.

En este futuro prometedor no puedes olvidar tu pasado,

Así que seca tus lágrimas.



No llores mujer

No llores mujer

Pequeña, no dejes caer mas lágrimas.

No llores mujer.



Y dije: recuerdo cuando solíamos sentarnos

En la plaza de gobierno de Trenchtown.

Georgia enciende la fogata,

Los maderos ardían toda la noche

Cocinamos sopa de maíz

Que comimos juntos.

Sólo con los pies me desplazo,

Así debo seguir,

Pero, mientras parto...



Todo estará muy bien.

Todo estará muy bien.

Así que, no llores mujer

No llores mujer

Pequeña, no dejes caer más lágrimas.

No llores mujer.




http://es.wikipedia.org/wiki/No_Woman,_No_Cry







lunes, 9 de mayo de 2011

Incendies, una tragedia actual




Ayer vi una película excepcional, de esas que no se olvidan nunca. Se titula Incendies, dirigida por el canadiense Denis Villeneuve y con un guión basado en la obra teatral del mismo nombre del libanés-canadiense Wajdi Moijawad.
Desde la primera escena te atrapa esta película, y cuando llega el final, dos horas después, querrías que aún continuara. Es una tragedia griega reescrita para el cine con una precisión sobria y contemporánea, que al final te lleva al horror, al tabú, a lo inefable.
Las marcas imborrables del pie de un niño nacido de un amor imposible,  señalado como Edipo desde su nacimiento, marcarán también la historia paralela de la madre y de sus hijos gemelos en busca de su origen. Y la película nos marcará también a nosotros, los espectadores, porque recorriendo el camino de los personajes entenderemos mejor, ubicada en el mundo actual, una tragedia clásica, esa que muestra la cara de la madre cuando se encuentra a la vez  y en el mismo momento con el amor y con el horror de su propia vida.
La mirada y la expresión de la madre en esa escena, la mirada del niño del pie marcado cuando lo rapan en el orfanato, la falta de palabras en la escena en la que los gemelos entienden que uno más uno es igual a uno valen para toda la vida. Y alrededor, el amor, la violencia. Un amor cuyo fruto es un hijo violento y criminal. Unos hijos amados, nacidos de un acto violento. Y en medio, la guerra, la asquerosa guerra. No esas guerras de escritores clásicos, lejanas en el tiempo y cuyo dolor apenas se percibe,  sino las guerras de ahora mismo, cuya violencia genera un dolor insoportable y abyecto. Y  al final de la película, la calma, ese sosiego que se siente después del desenlace, al ver cómo actúa ese ser marcado para siempre por su destino.
Traigo aquí tres artículos encontrados en la red, por si los queréis leer.



Memoria del espanto

Escrito por Carlos Boyero
 Sabía que me había cruzado varias veces en los festivales con esta película, pero debido a la obligación tantas veces inútil de dar noticia rigurosa o frívola de lo que exhibe la sección oficial, se te escapan algunas cosas notablemente más interesantes que el cine a concurso y que han sido relegadas a secciones paralelas por criterios selectivos difíciles de entender, entre el surrealismo y la estupidez. Es canadiense, cinematografía que exporta numerosos directores, intérpretes y técnicos a Hollywood, pero que mantiene un cine de autor tan insólito como atormentado. Allí nació la genial Léolo, la poesía más desgarrada hecha cine, vomitada por Jean-Claude Lauzon, alguien que como los febriles y sufrientes personajes de su película, disponía de todas las papeletas para no llegar a viejo. Canadá es el permanente universo del retorcido y siempre atractivo Atom Egoyan. Y tampoco abandona esa identificable geografía el ingenioso, intenso y demasiado retórico Denys Arcand, alguien que se ganaría muy bien la existencia en el cine francés.
Denis Villeneuve adapta en Incendies una obra de teatro, pero el lenguaje que utiliza no permite imaginar los orígenes. Desprende sabor a cine. Posee tono enigmático y un argumento terrorífico. Lo segundo transmite aún más miedo, cuando te enteras de que no ha nacido de la imaginación, sino que está basado en miles de hechos reales. Su metraje es largo, pero no pesa. Te hace compartir la angustia de sus protagonistas, buscar con ellos respuestas que presientes dolorosas a interrogantes misteriosos.
Después de la muerte de una mujer árabe exiliada en Canadá (cualquier espectador medianamente informado de las atroces noticias del mundo, sabe que están hablando de Líbano en los años ochenta, pero innecesariamente, con el ánimo de universalizar la historia, jamás aparece el nombre de ese país ni se sitúan en las fechas de los hechos más salvajes que ocurrieron allí), un notario le entrega a sus hijos mellizos dos cartas que ha escrito la difunta y que solo podrán abrir después de que estos hayan encontrado a sus desconocidos padre y hermano.
El viaje de estos a unas raíces presumiblemente siniestras, el progresivo descubrimiento de una madeja cuyo final solo puede conducir al horror, la constatación de esas heridas prematuras que van a marcar el resto de la vida condenando a los que las han sufrido a la supervivencia más desolada, el imperio del fanatismo religioso o social y la inimaginable crueldad de la que es capaz contra todos aquellos marcados con el estigma del enemigo y que incluye a los niños, la legitimada utilización de la abyecta tortura para destruir física y mentalmente a la indefensa presa, está descrito con realismo alucinado, con imágenes poderosas y silencios y elipsis que se expresan con más intensidad que las palabras. Es en el mejor sentido una película agobiante, dotada de atmósfera, que te contagia su temblor ante un desenlace tan brutal como cargado de lógica. La lógica en la que se pueden escudar las consecuencias de la puta guerra.



Edipo padre
Escrito por  Eloy Domínguez Serén
Prólogo: un poderoso y escalofriante travelling cruza la ruinosa estancia de un orfanato árabe en el que un grupo de niños están siendo trasquilados mientras escuchamos la afligida voz de Thom Yorke (líder de Radiohead) cantando You and whose army. Uno de estos niños mira a cámara. En la siguiente secuencia nos trasladamos a una sombría oficina de Quebec, donde un notario comunica a una pareja de mellizos el testamento y últimas voluntades de su difunta madre. El fedatario comienza a leer. Tras manifestar el deseo de la fallecida de ser enterrada sin ataúd ni lápida, desnuda y boca abajo como señal de expiación, entrega a cada uno de los hijos una carta sellada. A ella, Jeanne (Mélissa Désormeaux-Poulin), le da una misiva dirigida a su padre. A él, Simon (Maxim Gaudette), una epístola para su hermano.
El encargo de Nawal Marwan, la madre, es contundente: su alma sólo podrá descansar en paz si ambos entregan sendas cartas a sus respectivos destinatarios. Sin embargo, ninguno de ellos conoce la identidad de los receptores. De hecho, hasta ese momento, ambos creían que su padre había muerto en algún pueblo de Oriente Medio e ignoraban que su madre hubiese tenido más hijos. Mientras Simon rechaza esta petición considerándola el siniestro delirio de una mujer moribunda, Jeanne decide aceptar la encomienda y emprende la búsqueda de su anónimo padre.

Este es el sobrecogedor comienzo de Incendies, adaptación cinematográfica de la obra homónima del dramaturgo canadiense-libanés Wajdi Mouawad, uno de los autores más influyentes de la escena teatral francófona actual. El encargado de transcribir a imágenes esta variación contemporánea y multiétnica de Edipo rey es el canadiense Denis Villeneuve, un cineasta cuya trayectoria, desde Un 32 août sur terre (1998) hasta Polytechnique (2009), pasando por Maelström (2000) e incluso el cortometraje Next Floor (2008), ha sido respaldada por la crítica europea, cosechando numerosos premios en festivales como Cannes o la Berlinale.
La búsqueda de Jeanne de su padre la lleva a destapar el terrible pasado de su madre, desde que se quedara embarazada a los quince años en una aldea de un país de Oriente Medio que, si bien no llega a especificarse en ningún momento, podemos identificar como Líbano durante la guerra civil que asoló este país entre 1975 y 1990. A partir de este momento el film se estructura a través del paralelismo entre la historia de ambas mujeres, madre e hija. Mientras la primera busca desesperadamente al hijo que le arrebataron de las manos al nacer, la segunda hace lo propio con el padre que siempre dio por muerto. La joven Nawal (soberbia Lubna Azabal) y su hija recorren los mismos lugares en tiempos y contextos muy diferentes. Una trata de desenterrar los secretos que la otra había intentado sepultar para siempre.

Cuanto más indagamos en el pasado de Nawal a través de la investigación de Jeanne más nos sumergimos en una devastadora tragedia cercada por la violencia, la ira, la venganza, el miedo, la desesperación y la infamia. En otras palabras: por la guerra. Los contendientes son tantos y tan parejos en la llamada a la violencia que resulta casi imposible saber quién mata a quién y por qué motivos. Torturas, violaciones y asesinatos asolan cada secuencia, escena, plano, fotograma. Es el horror del que hablaba el Coronel Kurtz de Apocalyspe Now. Cuantos más secretos nos son revelados más tentados nos sentimos de cerrar nuestros ojos, tapar nuestros oídos, darnos la vuelta y volver a sepultar esos atroces recuerdos. Rayando el límite de nuestra tolerancia, las secuencias del tiroteo y posterior calcinación del autobús y los niños huyendo de un francotirador son devastadores retratos de la más absoluta miseria humana.
Cada nueva pista, cada rastro, cada testimonio nos acerca y aleja más y más del padre ausente, haciéndonos naufragar en un enigma que se nos escapa entre los dedos a cada brazada que damos. Seguimos a Jeanne en su obstinado intento por descubrir tanto quién es su padre como, sobre todo, quién demonios fue su madre. Compartimos su conmoción al descubrir que Nawal había estado en prisión por asesinato y allí (donde la conocían como “la mujer que canta”) había sido víctima de sistemáticas vejaciones y violaciones. También padecemos la frustración de la hija por no poder capturar el espectro de su progenitor.
Será entonces, cuando el espectador cree que ya no puede soportar más, que su transigencia ha sido sobrepasada y su paciencia agotada, que ha llegado a un callejón sin salida, al laberinto del Minotauro, cuando la tercera historia vuelva a entrar en escena como una apisonadora: Simon, el hijo, y la búsqueda de su hermano. Si hasta ese momento habíamos podido creer que Villeneuve había ido perdiendo poco a poco el pulso de la narración, es entonces cuando somos conscientes del férreo control que el autor había ejercido sobre esta milimétrica y rotunda historia. En un desenlace tan demoledor como redondo comprenderemos que Jeanne jamás podría encontrar a su padre si Simon no buscase a su hermano y viceversa.


domingo, 8 de mayo de 2011

Zurdos



Javier Marías y los zurdos

En el dominical de El País del 8 de mayo de 2011, Javier Marías publicó un artículo sobre Los zurdos, esa minoría de 700 millones de personas a la que él califica de caballerosa y conforme.

Inmediatamente después de leer este artículo, recordé, con extrañeza, una foto de Marías escribiendo con su mano izquierda. ¿Por qué? Pues porque todos los zurdos que nacimos en España allá por los años cincuenta nos veíamos obligados a escribir con la mano derecha desde parvulitos. Y así aprendimos, por las buenas o por las malas. 

¿Cómo es que Javier Marías escribía con su mano izquierda, es que había reaprendido años después? La respuesta la encontré leyendo las Memorias de su padre: sus hijos estudiaron en el colegio Estudio, de Madrid, esa isla de libertad educativa en el Madrid franquista. Así que a ese colegio le debe Marías ser un zurdo español raro, quizá de los pocos de aquellos años cincuenta que haya escrito siempre con su mano izquierda.

Este es el artículo:

Una minoría caballerosa y conforme

"Quien no pertenece hoy a alguna minoría más o menos oprimida tradicionalmente -o incluso a alguna mayoría; parece que las mujeres, al menos en lugares y tiempos de paz, son siempre más que los varones-, o a algún colectivo de víctimas o a alguna porción de la humanidad real o imaginariamente desfavorecida, lo tiene mal en muchos aspectos. Cualquier "discriminación positiva" irá en contra suya, y en los Estados Unidos, donde se creó y desde donde se exportó la política proteccionista, es sabido que un hombre blanco, heterosexual, no grueso, con aceptable salud y sin discapacidades notorias, estará en desventaja a la hora de conseguir un empleo, porque con sus características no contribuirá a llenar ninguna de las "cuotas" que toda institución o empresa deben exhibir para no ser acusadas de racismo, sexismo, aversión a tal o cual religión, homofobia o gordofobia. Ya en los años ochenta, cuando di clases en una selecta Universidad de ese país, vi cómo ciertos candidatos eran preteridos porque no "ayudaban" a la buena imagen exigible al College, y cómo algunos de sus responsables se frotaban las manos si, entre los aspirantes a un puesto, había una lesbiana negra y obesa o un hispano invidente, porque con ellos, decían, mataban dos o tres pájaros de un tiro. No digo que ciertas discriminaciones positivas no hayan sido necesarias o no sean todavía hoy convenientes, y si algo me subleva y me parece incomprensible es que siga habiendo mujeres que cobren menos que sus colegas varones por el mismo trabajo e idénticas responsabilidades. Pero también es verdad que, como en todo, se ha creado en este asunto una industria de la picaresca, del abuso, de la ridiculez y de la hipocresía.

Yo pertenezco al tipo de hombre que he descrito antes, y encima soy europeo, fumador y sin religión, tres elementos que me complican aún más las cosas. Me he dado cuenta, sin embargo, de que formo parte de una minoría discriminada y maltratada desde siempre y que, extrañamente en estos tiempos quejicas, nunca protesta de nada -de que el mundo esté hecho "contra" ella, nada menos- ni reclama ninguna cuota: soy zurdo. En un reportaje del New York Times leo que ese colectivo seguimos siendo "un enigma", y que, pese a que en Occidente ya no se nos corrija en la infancia ni se nos haga violencia obligándonos a ir contra nuestra naturaleza y a utilizar la diestra; pese a que ya no se nos acuse, como sucedió durante siglos, de pactar con el diablo y de criminalidad congénita, continuamos formando sólo un 10% de la población mundial, el mismo porcentaje, parece, que en épocas remotísimas, según han comprobado los más detallados estudios de las pinturas rupestres, que han observado con qué manos empuñaban los cazadores sus lanzas. No importa que, de los siete últimos Presidentes de los Estados Unidos, cuatro hayan sido zurdos (Ford, Bush Sr, Clinton y Obama), ni que lo sean Nadal, Messi, Raúl, Özil y otros muchos ídolos deportivos. Los zurdos vivimos discriminados.

Todo está concebido y hecho para los diestros, si se fijan. La gente se estrecha la mano derecha, a lo que tenemos que acostumbrarnos desde niños, ya que nuestra tendencia sería a ofrecer la izquierda. El uso de los cubiertos contraviene nuestra inclinación, y nos vemos cortando la carne con la mano en la que tenemos menos fuerza, y asimismo damos cuerda a los relojes de muñeca con la que no nos tocaría hacerlo. Nos anudamos la corbata al revés, utilizamos las tijeras impepinablemente con la derecha, y cuando algún bienintencionado nos regala unas "adaptadas", ya no sabemos cortar con la izquierda. Si queremos tocar buen número de instrumentos musicales -guitarra, violín, violonchelo-, lo tenemos muy difícil o hemos de cambiar todas las cuerdas de sitio. Si escribimos con tinta, nos vemos forzados a poner la pluma en vertical para evitar correr aquélla con nuestra propia mano, y los libros están pensados para diestros, ya ven con cuál se abren y se pasan las páginas, indefectiblemente. Las barandillas de las escaleras quedan siempre a la derecha, y hacia ese lado giran casi todas las llaves del planeta. Excepto en Gran Bretaña y en algún otro sitio, se conduce por el carril que saben. La lista sería interminable, pero casi nadie repara nunca en ella. El mundo, se dice a menudo, está hecho por y para los hombres. Puede. Pero yo diría que está aún más hecho por y para los diestros.

Nuestra mala fama no ha terminado. Al parecer hay un gen, LRRTM1, "relacionado" con el desarrollo de la zurdera, y un genetista del Instituto Max Planck de Psicolingüística sostiene que dicho gen también se encuentra, en proporción exagerada, en las personas con esquizofrenia. No sé. Mis cuatro abuelos y mis padres eran diestros, pero de los cinco hijos que tuvieron estos últimos, nada menos que tres salimos zurdos. El mencionado porcentaje del 10% causa perplejidad en los científicos, uno de los cuales señala que, aunque los zurdos podrían estar expuestos a algunos riesgos durante el desarrollo (sobre todo cuando se los demonizaba y se los consideraba "torcidos", añado yo, y en España eso ha durado hasta la muerte de Franco), "está claro que también debe de haber ventajas. Nadie sabe el motivo por el que se mantiene así". Sea como sea, somos casi 700 millones de individuos, y aun así se nos discrimina. Si, como las demás, fuéramos una minoría quejica y a veces oportunista o ventajista, clamaría desde aquí: "¡Justicia e igualdad para los zurdos!" Pero también debe de estar en ese gen raro que quizá poseamos no dar a los demás la lata y mostrarnos conformes y caballerosos. A ver si otros aprenden."

 

martes, 26 de abril de 2011

Inside jobs, la película de la crisis




Tenía ganas de ver Inside jobs, la película de la crisis, había oído hablar de ella. Se ve muy bien, se entienden muchas cosas, se cabrea uno a veces y se asombra otras. Como dice Boyero casi es una película de terror. Os animo a verla.

Dice Boyero:

"Comienza la película en un paraíso llamado Islandia, el país con la renta per cápita más alta de Europa, inacabables prestaciones sociales, autosuficiente en la energía, con generalizada calidad de vida, algo cercano a la utopía. Es el lugar sobre el que se posan los encorbatados vampiros para arrasar lo que parecía inexpugnable. De ahí nos trasladan a Nueva York, al corazón de la bestia, donde banqueros privados y públicos, ejecutivos y políticos que intercambian sus papeles con desvergonzada naturalidad y protegidos por leyes que han decretado ellos, provocan el colapso económico mundial como resultado de haber pasado décadas vendiendo humo, jugando con lo inexistente, especulando en plan hiena, haciéndose inmensamente ricos en los descalabros que provocan y que pagarán los inocentes..."


http://www.elpais.com/articulo/cine/perpetua/historia/infamia/elpepuculcin/20110325elpepicin_3/Tes

martes, 19 de abril de 2011

Mi hermano y el maratón de Madrid




Una vez más, Javier, mi hermano, corre el maratón de Madrid, con una marca estupenda y una clasificación extraordinaria. Y una vez más, terminada su carrera y recuperado su cuerpo, nos narra su experiencia en una crónica singular.  Y yo, según costumbre, la traigo aquí.  Cerca están archivadas otras crónicas, por si queréis leerlas.

http://antonioaravalle.blogspot.com/2011/01/los-maratones-de-mi-hermano.html

Enhorabuena, atleta.




 
Cosa de amigos
K0. ANTONIO Y ELO

Faltan dos minutos para la salida y busco entre el público alguien con quien compartir las dudas habituales de carrera. Al otro lado de la valla veo por fin a Elo y Antonio, en mi opinión un modelo de hermandad. Como no me ven, agito la mano. Al fin, saludan. Estoy salvado.

K5. MARGA

Me había dicho que escaparía un momento para ver la carrera. Como no sé a qué lado se habrá situado, voy por el centro de la calle, bizqueando. Al fin, casi de milagro, me descubre y sonríe. Superada la primera larga cuesta, comienza de veras la carrera.

K9. NEMO Y ESTHER

Me extraña verlos aquí, porque lo suyo es que fueran más adelante. Eso quiere decir que me estoy pasando de ritmo, así que decido moderarme, no vaya a ser que tengamos títeres a partir de la Casa de Campo.

K13. CARLOS

Como el año pasado, me espera con bebida en Cuatro Caminos, la glorieta que fue hogar de sus tíos, hace ya tanto tiempo. Y me siento, claro, como en casa.

K15. GUILLE Y SUS BORRACHUELOS

Lo de este hombre y su familia es cosa aparte: todo el sábado preparando dulces, globos, bebida y música para el disfrute de los corredores. Nunca se lo agradeceremos suficientemente.

K19. RAMIRO, URRACA, ELVIRA Y SANCHO

Hoy no pudo ser: los rotundos reyes de Castilla se quedaron solitos al sereno, y nosotros fuimos condenados a las mazmorras para no interferir con otra marcha. Esta vez la procesión va por fuera.

K23. QNK

La gente del barrio de la Florida viene a ser la esencia de la gente del Madrid que más me gusta: algo escéptica, sensata, modesta y a la vez orgullosa. Más o menos como Qnk, que espera con una botella en la mano (¿para quién?) y saluda discretamente.

K24. YUDUS

Otro madrileño de pro, corredor legendario que me llama en voz baja y me ánima con un guiño casi imperceptible; él y yo sabemos que nos une un vínculo demasiado fuerte: una parte de mi único maratón de menos de tres horas se lo debo a una cabalgada que me regaló desde el puente de la Culebra hasta el MP de la Casa de Campo, un imborrable día gris de noviembre, allá por el año 2007.

K25. DANIEL Y GLORIA

Me esperan para cinco minutos más tarde, al revés de lo ocurrido en 2010. Sumo la ansiedad de entonces con la sorpresa de hoy, y al dividir por dos obtengo el resultado: el maratón es una entidad ingobernable. Es él quien te maneja a su capricho, y no hay más remedio que someterse.

K34.  ROBERALVA Y DIEGO

Buena parte del público que anima tiende a situarse en los puntos propicios para una postal: Gran Vía, Sol, Palacio Real (otros años, no éste), puente de Segovia… Pero hay otro público que sabe dónde se sufre de veras. Ahí están Diego y Rober, en medio de la nada, en esa zona gris en la que nadie haría una foto. Están ahí porque saben que ese es el punto en que el maratón devora a sus víctimas. Por eso se agradece tanto el gesto de Rober apretando los dientes.

K36. OTRA VEZ ANTONIO

Esta vez sin Elo, en otro punto fatídico, la cuesta de la calle Segovia, donde uno ya va bien macerado. Para suavizar el calvario, Antonio ofrece agua, isotónico, gel, lo que haga falta. Y lo que hace falta es que pase este duro tramo, algo más liviano con el apoyo del público.

K41. PACO G. Y PACO J.

Otro tándem histórico, casi un mito para el corredor popular, un símbolo del deporte como vía para alcanzar la felicidad. Como cabía esperar, se han colocado donde más falta hacían: en mitad del último tramo difícil, esa cuesta larga y tendida que conoces a fondo desde dentro del Retiro, pero que por el asfalto se hace aún más insidiosa.

K41,300. PILAR, CARLOS, GLORIA, MAYYI, LARA, DANIEL Y MAYSÁ.

Son el premio a una jornada llena de emociones. Como siguen siendo los peques (por más que anden casi todos por los veinte), me acerco a la valla para chocar la manos con Daniel y las sobris.

K41,700. ANA Y MATÍAS

Desde la izquierda, oigo mi nombre entre el guirigay de voces que envuelven al corredor, muy cerca ya de meta. De refilón veo el gesto animoso de Ana, acompañada del gran Matías.

K42,195. EL CRONO

A menudo, el reloj es un factor de presión para los corredores. También lo he sufrido, aunque cada vez menos. Desde el k2 he ido viendo delante de mí el globo de 3h30, cada vez más cerca: 500m, 300, 250, 200… Otras veces habría forzado la marcha para enlazar y entrar en 3h29, pero ya no. Poco a poco, uno va entendiendo que el tiempo apenas cuenta en maratón. La clave de esta carrera está en otro lado, está en los amigos.

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jueves, 7 de abril de 2011

Pipo, mi perro





Ahora que ya va notándose un poco el calor de la primavera, me gusta salir un buen rato paseando con Pipo por la calle  camino del parquecillo que hay junto al museo de Ciencias Naturales. Él va husmeando todos los rincones y luego trota un rato. Después nos sentamos y hojeo el periódico. Cuando se cansa de esperar, emite un gruñido apenas audible, pidiendo que paseemos otro rato. A la primera de cambio no le hago caso; pero ante la insistencia, pliego el periódico y seguimos nuestro camino. Cuando llegamos a casa bebe agua con ansia y me pide una golosina. A veces accedo pero otras no, pues convertiría cada paseo en motivo de premio. Y aunque el premio es el paseo en sí, en ocasiones le doy un par de galletas que se traga en un santiamén. La verdad es que es guapo y positivo este simpático chucho. Me gusta, por primario y por cariñoso. Lo justo, para no cansar.



Traigo aquí una entrada que ya coloqué en el blog hace unos meses, cuando hice una semblanza de mis animales.


"Entró en nuestra vida como sin querer, ocupando el hueco que Linda había dejado unos meses antes, cuando desapareció. Pipo era entonces un cachorrillo semiabandonado de color canelo, que mordisqueaba todo lo que encontraba a su paso, y que alborotaba la vida allí por donde pasaba. Pero también era un perro miedoso y precavido: aún recuerdo cómo se resistía a entrar en el ascensor cuando nos lo trajimos del pueblo.

Pipo es un perro alegre, bruto y cariñoso. Siempre está dispuesto a saludarte y a jugar, para él es lo mismo, y también a salir de paseo. Come cuanto se le echa en su cuenco, pero además, al menor descuido, se zampa en un santiamén cualquier manjar que encuentre por la calle. Aunque para manjares, aquellos dos filetes de ternera que hábilmente secuestró de una bolsa del supermercado dejada en el suelo de la cocina, cuando sonó el teléfono una tarde de este otoño que está terminando. Eso sí, en cuanto lo advertí y se lo reproché, se fue directamente al rincón del castigo sin que yo le dijera nada más.

Es un perro práctico y astuto. Y testarudo. En el pueblo se pierde siempre al volver del paseo por el campo, y eso le permite callejear y husmear a su antojo, y buscar encuentros con sus amigas. Después, cuando lo considera oportuno, vuelve a casa y llama a la puerta falsa para que le abramos y, si no estamos, unas veces opta por darse una vuelta más y otras, por echarse en la calle hasta que regresemos.

Pipo es cariñoso, muy cariñoso, con todos aquellos a los que les gustan los perros, y juega con ellos hasta el agotamiento, sin más límite o freno que el que se le imponga con reiteración. Pero ignora sin rencor alguno a las personas que no conectan con los perros, no les hace caso alguno, les deja estar en paz.

Hasta en el dormir es práctico y brutote. Se le ve a menudo panza arriba, despatarrado y con todo al aire, muy lejos de la dulzura de Linda cuando estaba dormida. Aunque también Pipo puede ser elegante y delicado, como cuando prepara su cama en invierno, haciendo un ovillo con la jarapa de la cocina y enrollándose en ella hasta encontrarse a gusto.

Lo más bonito de Pipo es su mirada, siempre tierna y transparente. Y lo que más enfada, su comportamiento en el pueblo, cuando, libre de correas, lo llamas y, en lugar de venir, hace un quiebro como de juego y se marcha corriendo a la ventura, perdiéndose por las calles. Su tozudez va unida a la  seguridad de encontrar la casa abierta a su regreso. Pero su mirada siempre es la mejor prenda  de su fidelidad y de sus atenciones.


Dedicado a Ana

lunes, 21 de marzo de 2011

El barranqueño: un modelo de lenguas en contacto

 
María Victoria Navas Sánchez-Élez

María Victoria es Profesora Titular de la Universidad Complutense de Madrid. Imparte clases en la Facultad de Filología y es considerada una autoridad en El dialecto barranqueño. A este tema le ha dedicado muchos artículos, que ahora ha reunido en un libro que será editado próximamente por la Editorial Complutense.

También ha investigado y editado textos de Gil Vicente, ha estudiado y editado el Libro del infante don Pedro y es especialista en Bibliografía lingüística de la Raya entre España y Portugal. Ha escrito también el libro Romancero y Cancionero de Los Navalmorales (Toledo), su pueblo, y actualmente sigue publicando, en revistas de Filología y Literatura, artículos sobre autores gallegos del exilio, autores contemporáneos portugueses y diversos temas de dialectología. Además participa en diversos proyectos de investigación de su Universidad.



Su forma de trabajar es discreta, continuada y firme. De sus maestros aprendió el oficio y a él dedica muchas horas de su vida. La humildad de Mª Victoria oculta un rigor poco usual, por eso creo que la universidad española no es suficientemente considerada con ella, cosa que sucede con otros muchos profesores. 

Yo aprecio mucho sus trabajos, como antiguo compañero de estudios, como licenciado en románicas, aunque me dedique a enseñar en otros ámbitos, y como amigo. Además tengo la suerte de ser su marido y de compartir mi vida con ella. Por todo ello traigo aquí, a este blog,  el artículo con el que comenzó a publicar sus investigaciones sobre el barranqueño, un dialecto de base castellana y portuguesa. 

Comienzo del artículo


1. INTRODUCCIÓN

Esta comunicación intenta ser una sucinta presentación de un trabajo en curso sobre el barranqueño, desarrollado a partir de datos recogidos después de estancias prolongadas, entre 1987 y 1990, en la comunidad de Barrancos.

Tiene como fuentes un total de 60 entrevistas, realizadas a partir de un cuestionario que recoge diversos estilos, desde el más formal —lectura de pares de palabras— al más informal —conversación dirigida—y, también, la observación directa, llevada a cabo en los varios meses de permanencia en la localidad.

La investigación aborda el estudio del barranqueño desde el punto de vista de la variación; es decir, trata de explicar la variabilidad que existe en el dialecto inherente a todo sistema lingüístico. Partiendo del principio de que el barranqueño no es un dialecto homogéneo, sino que presenta fenómenos de variación —que a su vez están sometidos a reglas no arbitrarias: categóricas y variables— el trabajo se propone dar una información precisa, basada en la estadística, sobre la influencia que los factores lingüísticos  o extralingüísticos tienen sobre la posible realización de una variante de un determinado locutor perteneciente a un determinado grupo.

En esta ocasión, sin embargo, cuando se describe el dialecto referido, apenas se muestra una panorámica general de sus rasgos característicos, sin establecer relaciones de covariación entre hechos lingüísticos y cxtralingüísticos e individuos.








2. LA FORMACIÓN DEL DIALECTO BARRANQUEÑO

La situación geográfica, la historia y el aislamiento de Barrancos han hecho posible la creación de un dialecto fronterizo, hablado en contexto plurilingüe, producto del contacto lingüístico prolongado entre habitantes de dos lenguas románicas diferentes: el portugués —variedad alentejana— y el castellano —variedades andaluza y extremeña.










3. LA SITUACIÓN GEOGRÁFICA


Barrancos es una población portuguesa de unos 3.000 habitantes situada en el Bajo Alentejo, al Este del distrito de Beja, en la margen izquierda del Guadiana. Su superficie de 188 km2, se introduce en España como una cuña, limitada en parte por el río Ardila, que forma frontera con tierras andaluzas -Encinasola en el N.O. de la provincia de Huelva- y extremeñas -Oliva de la Frontera al S.E. de la provincia de Badajoz-.