viernes, 24 de febrero de 2012

Alobarse



En estos días de invierno estoy releyendo el libro Judíos, moros y cristianos, de Camilo José Cela. Me ha impresionado, de nuevo, el episodio en el que se nos cuenta el caso de un mozo que, caminando por la noche, se alobó.
Un día después de leer ese texto fui a ver a mi padre. Le pregunté, mientras tomábamos un café junto a su mesa camilla, si conocía la palabra alobarse. No la conocía pero me contó una historia. Traigo aquí el texto de Cela y la historia de mi padre.
Y los traigo hoy, en vísperas de mi cumpleaños, ya sesenta.
(Parece mentira.)

                              
                 
                                                    El texto de Cela
                                                   
“El caminante, ni ve ni escucha al lobo. El caminante va silbando, va tranquilo, por el senderillo. A lo mejor, el caminante piensa en el fuego de su cocina, que arde entre dos piedras y no se apaga en toda la noche. Se está a gusto sentado en el escabel, al lado del fuego de la cocina, ya mortecino pero aún calentador, descabezando el último sueñecico de la madrugada, con el gato al lado y un cuenco de leche tibia esperando. La noche está algo dura, pero el caminante, la boina calada, las manos en los bolsillos, la bufanda de tres vueltas guardándole el aliento, se defiende pisando, bien pisado, el suelo. El caminante, ¿qué le ha sucedido?, de repente tiene miedo. El caminante ni ve ni escucha al lobo. El caminante nota que un tiritón le corre por el espaldar. El caminante alerta la vista y aguza el oído. No; el caminante ni ve ni escucha al lobo. Al caminante la frente le suda frío, las carnes le tiemblan, el cabello se le eriza, el corazón parece como desbocársele. Al caminante le golpea la sangre en las sienes. El caminante se vuelve y allí está el lobo, con los ojos como carbunclos, la boca abierta enseñando el colmillo poderoso, la lengua fuera, el pecho fuerte, el espinazo hirsuto. El caminante se alobó.
 -Un servidor piensa que es como para desorientarse, ¿verdad usted?, y el que se desorienta…, ¡malo!
Para el vagabundo, y para las gentes de Ávila de quienes lo aprendió, esto de alobarse es como una inmediata adivinación del lobo, algo así como saber al lobo con el alma antes de que con los sentidos. Al alobado, le suele avisar el canguelo; en este entendimiento lo decía el pastor muchacho del camino de Bohoyo.
 -Pero con un buen mastín! Por aquí no hay buenos mastines, criar un mastín vale un riñón… Eso es para ricos…
El lobo ataca sin avisar a las mujeres y a los niños, se conoce que prefiere ir más sobre seguro. A los hombres los aloba, antes. Alobarse también puede ser encogérsele a uno el ombligo ante el lobo, como al pajarito ante la serpiente. El caminante ve al lobo, que está sentado sobre los cuartos de atrás, tan flamenco. El caminante que tiene ya muchas noches de lobos en la memoria, sabe que su papel es no dar la espalda.
-¡To, lobo! ¡To, lobito, lobo! ¡To lobo!
El lobo lo deja pasar sin tocarle. El caminante confía en que la palabra lo escude. A nadie se le ocurre pegarle un palo al lobo, de buenas a primeras.
-¡To, lobo! ¡To, lobito, lobo!
El lobo comienza a seguir al caminante por veredas y prados, por desgalgaderos y relejes y trochas. No caen cerca ni el poblado ni el pinar, y el lobo, que es un buen táctico del monte y de la nava, jamás ataca a destiempo. El caminante no vuelve la cabeza. El caminante habla procurando templar la voz.
-¡To, lobo! ¡To, lobito!
El lobo da una corta carrera - ¡ay, el trote lobero estremecedor! – y pasa pegado al caminante; tan pegado que, al pasar, le pega con el rabo, suave, suave, en las piernas. El caminante fuerza por mantener la voluntad.
-¡To, lobo, to…!
El lobo lo espera, veinte pasos más adelante, para repetir la maniobra, dos, tres, cinco veces, las que haga falta; todo es cuestión de paciencia. El caminante sabe que si aguanta hasta las primeras luces del alba, está salvado; el lobo huye con el día.
-¡To, lobo…!
El caminante, a la segunda, a la tercera, a la quinta vez, ¿qué más da, si todo es cuestión de paciencia?, siente flaquear las piernas, ve turbia la estrella que veía clara, nota un tembleque en la voz. El caminante quema su último fervor, ya desesperado.
-¡To…!
El lobo vuelve a la carga, gruñendo raramente, extrañamente, regocijadamente.
-¡Ah!
El caminante, con su postrer aliento, se derrumba. El caminante se alobó. El lobo se echa sobre el caminante y lo mata de un bocado en el cuello. Es muy rápido el lobo, muy limpio para matar. El caminante, que sufrió con el alma mientras aún de pie y caminando, agonizaba, casi ni nota dolor en el cuerpo, en el instante de morir.
-¿Y si se sube a un árbol?
- No le da tiempo; si prueba a subirse a un árbol, como si intenta guarecerse en las casas o en el pinar, el lobo le presenta batalla.
El chucho Morito, con las orejas enhiestas, no perdía detalle.
Si viene de hambre o en compañía, el lobo también va a la guerra con derechura y sin mayor cuidado ni preparación. A Morito, como de San Roque, se le fue el hilo por distraerse persiguiendo a la pintada mariposa.
Los animales no se aloban, sólo se aloba el hombre. La oveja se entrega; se le vidrian los ojos, se le engrasa el hocico y se entrega. La cabra huye monte arriba, a las peñas a las que no llega el lobo. Las vacas forman un redondel, culo con culo y reciben al lobo a cornadas. Las yeguas también pintan la rueda, cara con cara, y saludan la lobo a coces. Las vacas y las yeguas guardan, con sus cuerpos y en medio del aro, al ternero y al potrillo. El lobo brinca para morder a las vacas en la ubre y a las yeguas detrás de la oreja, donde nace la crin. El perro, pelea.”


                                          
                                          La historia de mi padre

Como decía antes, le pregunté a mi padre, recién releído el texto de Cela, si se usaba en el pueblo la palabra alobarse y me dijo que él no la había oído. Y luego me contó una historia.

"En mis tiempos sí había bastantes lobos cerca del pueblo. Había muchas vacas y ovejas y cabras, entonces abundaban, no como ahora.
Un día de junio las vacas nuestras, con los chotos y los terneros, se presentaron en el pueblo. Se habían escapado del Llano Mayor, junto a la sierra. Al ojear el camino, vimos que a uno de los chotos lo habían matado los lobos en la cerca Marigonzal, cuando venían al pueblo por la mañana. Se conoce que los lobos estuvieron rondándolas y por eso se escaparon.

Esa noche las vacas durmieron en el pueblo, pero a la mañana siguiente las llevamos de nuevo al Llano Mayor. Cuando fuimos a asomarnos al otro día, las vacas no estaban en el prado. Se habían escapado pero ya no volvieron al pueblo; se fueron por el cordel a Extremadura, a la dehesa donde habían estado el invierno anterior. Las pudimos pillar con los caballos ya cerca de Plasencia..."

sábado, 11 de febrero de 2012

A propósito de la sentencia que condena al juez Garzón

 
 

Hace medio mes traíamos aquí un artículo cuyo final decía así:

"Parecería desde la lógica jurídica, y desde la presunción de rectitud que cabe atribuir al juez en el ejercicio de su función, que Garzón actuó para prevenir un posible delito, como era su deber. Lo hizo a petición de la Policía Judicial y de la Fiscalía Anticorrupción, de manera motivada y amparándose en la ley. Puede admitirse que el defensor de uno de los imputados y los cabecillas de la trama atribuyan a Garzón la intención de desbaratar "sus estrategias de defensa". Pero el Tribunal Supremo no puede optar, entre las hipótesis posibles para explicar la conducta del juez, por la menos fundada y más arbitraria, ilógica o absurda, dándoles además alas en su pretensión de plantear, llegado el momento, la nulidad del proceso y dejar impunes sus actos.
Si Garzón aplicó incorrectamente la ley -no más que el juez Pedreira, su sucesor en la instrucción del caso Gürtel, que prorrogó las escuchas, o el juez del Tribunal Superior de Madrid que las consideró ajustadas a derecho-, ese error ha sido subsanado. El derecho de los afectados a un proceso justo está garantizado. ¿Tendría el Supremo que ampararles también en su empeño de inhabilitar a Garzón como juez?"

http://roblesamarillos.blogspot.com/2012/01/justicia-al-reves_18.html#more
Bueno, pues sí, el juez Garzón ha sido condenado.
La sentencia mediante la que el Tribunal Supremo ha condenado al juez Garzón hace referencia al artículo 51.2 de la ley General Penitenciaria, aprobada el 26 de septiembre de 1979. Dicho artículo y apartado reza así:
Artículo 51.
2. Las comunicaciones de los internos con el abogado defensor o con el abogado expresamente llamado en relación con asuntos penales y con los procuradores que lo representen, se celebrarán en departamentos apropiados y no podrán ser suspendidas o intervenidas salvo por orden de la autoridad judicial y en los supuestos de terrorismo.

El apartado 5 dice:
5. Las comunicaciones orales y escritas previstas en este artículo podrán ser suspendidas o intervenidas motivadamente por el director del establecimiento, dando cuenta a la autoridad judicial competente.

Varias reflexiones y un posicionamiento de Aranzadi.es



Lo que debe dilucidarse es si, a tenor de lo preceptuado en el art. 51.2 LOGP, las comunicaciones de los internos con sus abogados pueden intervenirse, en todo caso, por orden de la autoridad judicial o si, por el contrario, esta autoridad sólo puede acordar la intervención en casos de terrorismo. Sobre la cuestión debemos tener en cuenta las siguientes consideraciones:

a) Es evidente que el secreto profesional debe amparar las relaciones del abogado con su cliente y debe ser entendido en sentido amplio, puesto que subyacen en él y le sirven de fundamento el derecho de defensa y el derecho a la intimidad, consagrados, respectivamente en los arts. 24.2 y 18 CE (RCL 1978, 2836). Ahora bien, también hay otros bienes jurídicos e intereses dignos de protección con los que el secreto profesional y, por ende, el derecho a la defensa y a la intimidad personal pueden entrar en conflicto, como, por ejemplo, el interés colectivo de la justicia o, si se quiere, la Administración de Justicia.

b) Ante determinados conflictos de derechos o bienes jurídicos, el ordenamiento jurídico, en ocasiones, se decanta por unos u otros. Así, el art. 51.2 LOGP, por así decirlo, sacrifica el secreto profesional a favor del interés social que existe en la investigación de hechos delictivos. Pero, una vez salvadas las primeras interpretaciones del precepto, para las que la autoridad administrativa penitenciaria, en casos de terrorismo, podía proceder a la suspensión o intervención de las comunicaciones interno-abogado defensor( 51.5), se quiere que la ponderación de los intereses en conflicto y la decisión sobre el que debe ser preponderante en el caso concreto, la haga quien puede hacerlo en un Estado de Derecho, es decir, la autoridad judicial.

d) De mantener la interpretación consistente en entender que el art. 51.2 LOGP sólo admite la intervención de comunicaciones de los internos con sus abogados en supuestos de terrorismo y por orden de la autoridad judicial, ésta se vería impedida de adoptar esa medida en supuestos muy graves de criminalidad violenta y organizada que no tengan que ver con el fenómeno terrorista.

e) El análisis del tránsito parlamentario del art. 51.2 LOGP demuestra que el legislador de 1979 lo que quería es que la suspensión e intervención de las comunicaciones de los internos con sus abogados defensores fuese ordenada por la autoridad judicial, y también que en los supuestos de terrorismo pudiese hacerlo la autoridad administrativa penitenciaria.

Si tenemos en cuenta el año de aprobación de la LOGP –fue la primera ley orgánica aprobada en desarrollo de la Constitución–, cuando aún no había transcurrido un año de la entrada en vigor de ésta, no debe extrañarnos que después, años más tarde, por vía exegética y cuando ya se había matizado suficiente y convenientemente, en especial a través de la doctrina emanada del TC, el alcance que debía darse a los derechos fundamentales por aquélla consagrados, se concluyese que sólo mediante orden de la autoridad judicial las comunicaciones de los internos con sus abogados podrían ser suspendidas o intervenidas.

Esa evidente discordancia entre la prístina voluntad del legislador y lo que después se entendió como más respetuoso con los derechos fundamentales trajo como consecuencia que, forzando la interpretación de la norma, lo que originariamente se construyó como dos supuestos alternativos se tomase después como dos requisitos acumulativos. Estamos convencidos de que si la LOGP se hubiese aprobado años más tarde, cuando ya se hubiese producido cierta maduración en la interpretación y alcance de los derechos fundamentales proclamados en la Constitución, sólo se habría hecho referencia a que las comunicaciones de los internos con sus abogados podrían ser suspendidas o intervenidas por orden de la autoridad judicial, sin mención alguna a los casos de terrorismo.

Teniendo en cuenta todo lo expuesto, nuestra opinión es favorable a entender que la autoridad judicial pueda acordar, no sólo en los supuestos de terrorismo, la suspensión e intervención de las comunicaciones entre el interno y su abogado. Sin perjuicio de lo indicado, dada la evidente gravedad de la medida, el órgano jurisdiccional competente debe ponderar adecuadamente los bienes jurídicos e intereses en conflicto, debiendo limitarse a aquellos supuestos en los que existan evidencias, suficientemente contrastadas, de que el contenido de las conversaciones va a tener una relevancia tal en interés de la justicia que justifica la limitación del secreto profesional y, por ende, de los derechos que le sirven de soporte.





viernes, 3 de febrero de 2012

"Tres años", en el teatro Guindalera




Ayer estuve en el teatro Guindalera, viendo Tres años, una versión libre sobre el texto de Chejov. Fue un placer, como siempre que voy a estos pequeños teatros, donde treinta personas tenemos el privilegio de ver un teatro de cámara, con los actores ahí al lado, notando su respiración. Salí contento, y al regresar a casa, con un frío del demonio, iba andando y la obra la llevaba prendida en la cabeza. Me gustó mucho y me pareció extraordinaria la entrega de quienes llevan el teatro Guindalera adelante. Se lo merecen todo.






domingo, 22 de enero de 2012

Toda la vida nacional en sordina, por Javier Marías



Me ha gustado el artículo de Javier Marías de hoy, domingo en El País. Sobre todo me ha parecido acertado su comienzo. Creo que describe muy bien la situación en la que nos encontramos. traigo aquí ese principio, y el enlace, para los que quieran seguir leyendo.


"Cuando escribo esto, hace casi dos meses que se celebraron las elecciones generales con el aplastante triunfo del PP, y desde entonces tengo la extraña sensación de que toda la vida nacional estuviera en sordina, como si sobre ella se hubiera extendido uno de esos mantos de nieve que llevan a la gente a mirar caer embobada los sigilosos copos, resguardada tras las ventanas y miradores, con un respetuoso o pasmado silencio. El griterío permanente de los últimos años ha cesado como por ensalmo, lo cual es prueba irrefutable de que la vociferación viene casi siempre de la derecha, cuando no está en el poder. Así fue en la época de la crispación, entre 1993 y 1996: en la primera de esas fechas el PP creyó que se alzaría con la victoria, y, como no fue así, sus portavoces y conspiradores se pasaron tres años maldiciendo y calumniando a diario. Así fue también tras la victoria del PSOE en 2004: toda la legislatura fue un incesante escándalo, se puso en cuestión la legitimidad del Gobierno un día tras otro y se lo acusó de las más rocambolescas maniobras imaginables en relación con los atentados del 11-M. Supongo que será prioridad del nuevo director de la Policía, Cosidó, reabrir aquella investigación, ya que se contó entre los que no creían que la matanza hubiera sido obra exclusiva de terroristas islamistas. Espero con impaciencia el resultado de sus pesquisas, desde el cargo de máxima responsabilidad que ahora ocupa.
Sí, todo se amortigua cuando gana el PP. Los que pierden frente a ellos tienen mejor perder, es innegable. Pero también ha contribuido al silencio -al manto de nieve- la magnitud de la derrota socialista y el consiguiente aturdimiento de ese partido. Que se encuentra como un púgil noqueado, lo demuestra que muchos de sus responsables estén considerando ponerlo en manos de alguien tan engreído y vacuo como Chacón -cuya mayor capacidad de expresión son sus pucheros-, para así convertirlo en una fuerza residual, sin la menor posibilidad de volver a gobernar. Y la mayoría absolutísima del PP -también en las autonomías y ayuntamientos- ha dado lugar a una especie de fatalismo entre la población, y de parálisis en consecuencia: harán lo que quieran, nadie les podrá coartar ni discutir ni poner condiciones a cambio de apoyo, porque esta vez no precisan de ningún apoyo, se bastan y se sobran con sus escaños, no han de tener en cuenta a nadie. Quizá por eso no se rechista ni se les reprocha apenas que hayan subido los impuestos a toda velocidad -más a las clases medias que a las grandes fortunas- tras jurar que eso nunca lo harían, sino si acaso bajarlos; ni que hayan congelado el salario mínimo, y el de los funcionarios, y hayan reducido las pensiones (incrementarlas un 1% es reducirlas, dado el aumento superior del coste de la vida o IPC); ni que ya no prometan la creación masiva de empleo, ni que no digan palabra sobre la situación de una de sus Comunidades emblemáticas, la Valenciana, que amenaza precipitada ruina tras lustros de control del PP y fastos ridículos y corrupción endémica y destrucción del litoral..."

sábado, 21 de enero de 2012

Brillan monedas oxidadas, de J. Eduaro Zúñiga



Brillan monedas oxidadas…. Así avanza la lectura de  esta antología de relatos se revela lo acertado del título. En las entrevistas de presentación, Juan Eduardo Zúñiga (Madrid, 1929) advertía que esas monedas oxidadas son los recuerdos arrumbados a los que una determinada luz devuelve su brillo, pero también son el tono lírico, la particular cadencia de las frases del autor y el estilo de pensamiento que se nutre en el romanticismo y en la gran literatura rusa. Ingredientes al margen de las últimas modas literarias pero de ninguna manera trasnochados. Monedas fuera de la circulación, como el Romanticismo, predilección de Zúñiga, que documenta en Desde los bosques nevados, una colección de ensayos literarios, líricos y perspicaces, centrados en los grandes autores rusos. También parecen démodées estas tramas ambientadas en la guerra civil española, o en la España perseguidora de moriscos, en Interminable noche de los miedos, en el París de los años veinte –París, última decisión–, en el Madrid de los años 30, –No llegará el sobrino de Praga–, donde se evoca la figura de Kafka,  o en un tiempo de capas, canónigos, puñales y rondas de noche –Conjuro de marzo–, etc. Pero el romanticismo y el análisis de las psicologías de los personajes, nobles o del pueblo llano, ilustres o analfabetos, en sus obsesiones, en lo irracional de sus actitudes, le sirven a Zúñiga para mostrar la densidad de los sentimientos y transmitirnos el apetito de grandeza y de rebeldía que encierra el corazón del hombre. Su universo literario es simbólico, no realista, siquiera cuando el episodio transcurre en el Madrid moderno, como en las estupendas Jazz sesión y Has de cruzar la ciudad.
Lo fantástico, lo irracional, la sensualidad exaltada, como manifestaciones de una percepción más honda y rica que la que revelaría la expresión racional, son constantes en el dibujo de sus personajes y en la creación de atmósferas, y por eso al lector le llegan los ecos de los cuentos de Guy de Maupassant o de Flaubert en El campanero de San Sebastián, previsibles por su relación con la obra del ruso Turgueniev. Pero también de los Siete cuentos góticos de Isak Dinesen en El ramo de lilas, con sus forasteros misteriosos que liberan el alma cautiva de un hombre ahogado en su matrimonio, en Agonía bajo el manto de oro y, más revelador, en el primer relato, El festín y la lluvia. Aquí, un grupo de elegantes desconocidos esperan a cubierto que amaine el aguacero que amenaza con inundar la ciudad, distraen su inquietud interesándose por el relato de una boda de alto copete hasta que una joven manifiesta el deseo de ser abrazada por un hombre joven “y reírme y no sentir miedo”, frases que todos censuran menos una mujer que “sonríe como una ciega que intuyese el mundo de la luz”. Un desafiante afán de plenitud sensual como correlato de libertad, de trascendencia individual, vertebra la obra de Zúñiga que sabe detectar en nuestro presente de bares musicales y veladas al abrigo de la televisión “un vacío de ilusiones”. Urbanitas como nosotros “presienten la seducción de la aventura”, pero confunden su apetencia de audacia e “impunidad nocturna” con hambre y entonces “piden por teléfono una pizza” (…) con “voces apremiantes, porque no pueden soportar el apetito incontenible de darse a la noche”. Para contentar estas ansias, jóvenes mensajeros recorren la ciudad en moto portando pizzas, como Carmela, la protagonista de Has de cruzar la ciudad, una emblemática figura de nuestro autor. La muchacha inexperta, deseable, se adentra en el Madrid nocturno cuyas calles se ofrecen como un laberinto listo quizá para devorarla. Como en su novela de 1999, la extraordinaria Flores de plomo, donde narra las repercusiones del suicidio de Larra en la vida de varios personajes, como en Ruinas, el trayecto. Guerda Taro, uno de los mejores relatos de Capital de la gloria (2003), ambientados en la guerra civil española,  Carmela circula ateniéndose al itinerario prefijado y las calles son un teatro barroco donde pululan chaperos, putas, gente de fiesta, drogadictos, viejos colegas o alegres estudiantes, todos incitaciones descarnadas del deseo. En Flores de plomo, la caprichosa amante de Larra recorre las calles de Madrid en noche de carnaval, para recuperar sus cartas de amor y su recorrido simboliza desandar el camino de la pasión. Un Madrid de disfraces y desmesura aquí y un Madrid en ruinas con sus calles levantadas por las bombas en Capital de la gloria, es siempre el escenario delirante de una fuga. Por una vez, Zúñiga deja a un personaje suyo descubrir un bocado de auténtica libertad cuando convierte a Carmela a la vez en una lady Godiva y en una Victoria de Samotracia que a lomos de su moto se adueña de la ciudad “rebosante de todo lo que alienta alegría, placer y juventud”.
©María José Furió
Publicado en Culturas-La Vanguardia, marzo 2011
Brillan monedas oxidadas, Galaxia Gutenberg 2010

lunes, 9 de enero de 2012

Mirando al sur, de Antonio Muñoz Molina

Hace un año animaba a entrar en la página de Antonio Muñoz Molina, por el interés de los textos y las participaciones que en ella se pueden encontrar. Hoy confirmo la calidad de los escritos que aloja. Y para muestra, la entrada de hoy mismo. Un lujo y una suerte tener la posibilidad de leer a Antonio a diario.

Mirando al sur

Fin de semana en el Puerto de Santa María, visitando a la familia. Siempre, desde el primer viaje que hice a Sanlúcar cuando tenía poco más de veinte años, me tiró mucho esta Andalucía Baja, tan horizontal y luminosa, tan distinta de la mía nativa, la interior y adusta, la de Jaén y Granada. Días breves sin conexión a internet, comidas caseras, tapas en barras memorables, caminatas al sol y con un viento marítimo, noches de sueño de una profundidad espeleológica, favorecida por ese sosiego de encontrarse al nivel del mar y sin nada que hacer. A mediodía, en la barra del bar Vicente-Los Pepes, junto al mercado de abastos, una caña y una tapa de albóndigas de choco son la felicidad del paladar. A este bar le tenemos todavía más cariño porque era el favorito de mi padre, y porque el dueño, Vicente, se acuerda con emoción de él cada vez que nos ve.
En el Puerto hay una arquitectura magnífica, entre señorial y popular, de palacios de comerciantes del siglo XVIII, con las fachadas desconchadas por la humedad, con dinteles neoclásicos, con patios de columnas, con esos torreones sobre los tejados que se llaman vigías de naviero, que permitían ver de lejos los barcos que se acercaban por la Bahía. Donde hay comercio hay bulla y hay pluralismo. Quizás la bahía de Cádiz es uno de los pocos lugares de España donde se puede ver la gran perspectiva ultramarina que tuvo el país. Yo no he estado nunca en la Habana, pero hay soportales umbríos del Puerto o de Cádiz que me dan una intuición caribeña, tan fuerte como la sensación de reconocimiento que tuve al encontrarme en Cartagena de Indias. Tuvo que ser por aquí por donde entraban las ideas liberales y donde se fraguaban los cantes de ida y vuelta en los que fue maestro Pepe de la Matrona: Cádiz, Cartagena de Indias, la Habana, Nueva Orleans. De Cádiz es la insigne cantaora Mariana Cornejo, a la que le he escuchado una de las estrofas más sintéticas que conozco:
La Mejorana,
en el barrio la Viña
cómo cantaba.
Las palmeras enfermas y desmochadas que antes daban un horizonte de trópico a los paseos por la orilla del Guadalete ahora parecen esas rudas columnas que siguen manteniéndose en pie entre la ruinas milenarias de un templo.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Cesaria Évora para siempre

Acabo  de enterarme de que Cesaria Évora ha muerto. Y he sentido como una punzada de sorpresa y de tristeza. Enseguida me he acordado de cuando en noviembre de 1994 supe de ella por primera vez al oírla cantar en el coche de Mariví, yendo de Covarrubias a Silos. Me gustó tanto que he seguido todos sus discos y he ido a algunos de sus conciertos en Madrid. Me gusta su forma de cantar, su voz, su presencia en el escenario y su manera de estar en la vida. 

Hace dos años fui a verla en el programa de los veranos de la Villa de Madrid, en la Casa de Campo, y escribí una pequeña crónica, que traigo aquí como recuerdo de esta gran cantante. 

"Ayer, en la Casa de Campo, estuvimos viendo y oyendo a Cesaria Évora y su grupo, en un recital limpio, profesional, muy conjuntado y en el que todos los músicos mimaban siempre la voz de la cantante caboverdiana.

Desde 1994 vengo siguiéndola, y tengo que decir que cada día me parece mejor cantante. Y además quiere a su público, sabe darle sus canciones y sigue cantando descalza, como cuando cantaba en el puerto de San Vicente en su Cabo Verde. Hace una paradita para fumar, mientras sus músicos rozan la perfección.

En los bises nos levantó y nos hizo bailar a todos. Me gustó verla, saber que sigue cantando, lo de antes, mornas, y lo nuevo, donde va dando cabida al saxo, al violín y al clarinete.

¡Qué versión de "Angola, Angola"! Era la perfección: voces, cavaquiño, guitarra, piano, batería, percusión, clarinete, violín, bajo...Todo era un ensamblaje que rozaba lo sublime.

¡Viva África!

¡Viva Cabo Verde!

¡Viva Cesaria Évora!








sábado, 3 de diciembre de 2011

Maratón en Donosti





Como siempre por estas fechas Javier, mi hermano, me acaba de enviar su crónica sobre el maratón donostiarra. Enhorabuena una vez más, Javi.

El paso de la oca

No fue mala la idea de Pipilutxi de hacernos la foto de familia fuera de la pizzería, justo ante el escaparate de Euronovias, porque, visto el panorama general, el riesgo de este maratón estribaba en quedarse compuesto y sin euro, quiero decir, sin medalla ni camiseta, a tal punto hemos llegado. De este modo, la cita histórica quedó registrada ante la maniquí de blanco y ante la de negro (cada quien con su prima, sin demasiado riesgo), para celebrar (im)previsibles triunfos y fracasos seguros en carrera.
 Lo cierto es que esta vez la preparación se me había quedado algo corta de kilómetros; entre los problemas laborales y el frustrado paso por quirófano a finales de agosto, me presentaba sin haber hecho los deberes como a uno le gusta hacerlos, de manera que decidí salir reservón y esperar a ver lo que la mañana iba dando de sí. Al primer paso por Anoeta, me encuentro con Luis y David, que van con la euforia de la primera vez y por lo tanto con ganas de verlo todo y compartir impresiones. Como a uno no le molesta hacer de guía y cicerone durante esta fase relajada de la carrera, acompaso mi ritmo al de ellos y viajamos juntos hasta el 27, clavando kilómetros a 4.50, que es lo previsto.
 El doble paso por Gros, una novedad en el recorrido, me descubre una nueva cara de la ciudad, otro aliciente en esta mañana fresquita y con viento en calma, ideal para correr, así que casi sin advertirlo pasamos la Concha y enfilamos la bajada por Tolosa hasta la universidad. De vuelta, Gloria y Daniel esperan con algo de alimento para ir cerrando la primera vuelta, ese punto de carrera que siempre se me ha atascado en Donosti. Pasamos la media según lo previsto, y ya de paso decido romper el maleficio: avivo un poco el ritmo en cuanto cruzamos el estadio.
 Al contrario que otras veces, apenas tengo molestias bajando por Urbieta, lo que interpreto como un síntoma de que las cosas no van a salir del todo mal. En el cruce con Libertad, espera de nuevo la familia. Hay mucha gente en esa esquina, así que levanto la vista y les busco sin reparar en que uno debe ir mirando el suelo por donde pisa. Total, le pego una patada a un cono, que sale disparado hacia la acera. Lo primero que pienso es que se me ha chafado el pie y que voy a darme de bruces con el asfalto, pero esta vez la prima de riesgo está de mi parte, y todo queda en susto. En ese momento, ya sé que la carrera es mía, aunque falte casi un tercio del recorrido para llegar a meta.
 El nuevo paso por la playa me trae a la memoria el maratón del año pasado, apenas con un grado de temperatura, las manos heladas y el cielo plomizo. Hoy, sin embargo, el sol templa la isla de Santa Cristina, última morada de suicidas y otros pecadores de antaño. A ellos me encomiendo para sobrellevar los males que siempre acechan una vez traspasada la maléfica frontera del km30, una lotería que hasta ahora nunca me ha tocado, aunque todo el mundo sabe que antes o después te premiará con el gordo. ¿Y si fuera hoy?



 



Entramos en la zona definitiva de carrera: son siete kilómetros de soledad en los que el corredor se enfrenta a todos sus fantasmas en forma de calambres, náuseas, contracturas, mareos varios, inseguridades y zozobra general. Como además no hay apenas público, no queda más remedio que ir lamiéndose cada quien sus propias heridas en silencio, apenas con la ayuda de la euforia musical de AC-DC, un clásico de esta carrera en los dos kilómetros  más desoladores.

 Como ya me sé el cuento, echo mano de una de las imágenes que he ido guardando a lo largo de estas semanas de preparación. Ocurrió en el parque de Polvoranca el viernes cuatro de noviembre en mitad de una de esas sesiones largas de entrenamiento que tango gustan al maratoniano porque ofrecen la oportunidad de ir desconectando de todas las preocupaciones cotidianas y le dejan a uno con la cabeza despejada. Pues iba yo ese viernes así como a las tres y cuarto de la tarde pensando en las musarañas mientras bordeaba el lago, y mire usted por dónde se me cruza en el camino una procesión de ochenta o cien ocas transitando desde el cristalino lago hasta la fresca pradera verde. Sin inmutarse, ya digo, las ochentaitantas señoriales ocas no me dejan más alternativa que atropellarlas o pararme para verlas  pasar, impávidas ellas y atónito yo  mismo ante el insólito espectáculo a una hora del viernes en la que la gente normal sufre un atasco de tráfico, pega una cabezadita o recoge los trastos para cerrar la semana laboral. Y allí me tienes, clavado delante de todas aquellas elegantes damas de blanco, solicitando educadamente su permiso para continuar la marcha, si bien ninguna de ellas se daba por aludida, y todas proseguían su imperial desfile entre el lago y el césped, sin inmutarse por la estúpida presencia de un tipejo que a esas horas tendría que haber estado en un atasco, en su sillón o en la oficina.




sábado, 26 de noviembre de 2011

Georges Harrison: Volviendo la vista atrás...


Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante, no hay camino
sino estelas en la mar.
Antonio Machado





Hace unos días fuimos a ver la película que Martin Scorsese ha hecho sobre Georges Harrison. Me gustó mucho verla, y más aún constatar lo buen músico que era Harrison. Traigo dos éxitos suyos: uno, Something, de su época de los Beatles, y otro de su carrera en solitario, My sweet Lord.









domingo, 6 de noviembre de 2011

Nuevo volcán en la isla de El Hierro



Mi amigo Juan Manuel, que es geólogo, me ha mandado un correo con información sobre la actividad volcánica en la isla de El Hierro. Lo traigo aquí  por lo interesante que es todo: las fotos, el texto...
Gracias, Juan Manuel.





El espectáculo de la erupción de El Hierro
 

El satélite de observación de la Tierra Deimos-1, lanzado al espacio en julio de 2009 por la empresa española Elecnor, captó esta espectacular imagen de la mancha volcánica generada por la erupción submarina que se registra en la isla canaria de El Hierro desde hace unos días. La gran mancha se proyecta hacia el sur, desde la isla hacia el océano Atlántico.

Tras varias semanas de acumulación de presión y de continuos sismos, el magma encontró a principios de octubre un punto de salida en el fondo del mar, a más de 600 metros de profundidad y a varios kilómetros de la costa sureste de la isla, en el conocido como el Mar de las Calmas.
Según los científicos del Instituto Geográfico Nacional de España, la gigantesca mancha ha cambiado su color en las últimas horas a un marrón oscuro debido a una acumulación de partículas granulares que podrían ser escorias finas tipo lapilli y ceniza.
Mientras la mancha de material magmático se desplaza hacia la zona sur de El Hierro, se siguen registrando movimientos sísmicos de pequeña intensidad asociados con la erupción.



El Hierro es la más occidental y meridional de las Islas Canarias. Cuenta con cerca de 11.000 habitantes y en el año 2000 fue declarada por la Unesco como Reserva de la Biosfera.

Se localizan los focos de la erupción del volcán submarino

Un equipo de científicos del Instituto Español de Oceanografía (IEO), organismo público de investigación dependiente del Ministerio de Ciencia e Innovación, ha localizado y cartografiado los focos de la erupción del volcán submarino en El Hierro durante la misión científica que, desde el pasado 23 de octubre, están desarrollando en la zona a bordo del buque Ramón Margalef.

El equipo científico, dirigido por Juan Acosta y Francisco Sánchez, ha localizado un edificio volcánico de nueva creación de forma cónica, con un diámetro en la base de 700 metros, una altura de 100 metros y un cráter de unos 120 metros de anchura. La base del cráter se encuentra situada a 300 metros de profundidad. Asimismo, y mediante la utilización de ecosondas de mayor frecuencia, ha sido posible localizar las columnas de gases y fluidos que emite el volcán y otros puntos de emisión (fisuras).
Los autores del hallazgo destacan que es el primero que se consigue en estas condiciones en todo el mundo, dado que se ha investigado el volcán y las actividades volcánicas asociadas en el momento óptimo de su actividad eruptiva sobre el fondo. Esta temprana localización y caracterización del fenómeno volcánico permitirá estudiar la evolución temporal de estos fenómenos y facilitará la interpretación y conocimiento del fenómeno volcánico en las islas.

lunes, 10 de octubre de 2011

La Bajada de El Hierro: Una insólita romería por el espinazo de la isla



Ahora, octubre de 2011, cuando la tierra ruge y quiere manifestar algo de su furia en la isla de El Hierro, quiero traer aquí lo que tengo alojado en el blog Antonio Aravalle acerca de La Bajada de 2009.
Un abrazo a todos los herreños, en especial a nuestros amigos Isabel y Juan Pablo y también para sus familiares. Ánimo, y que esa bendita tierra no os traiga sino el bien.


Julio de 2009

domingo, 25 de septiembre de 2011

Incendio en la Sierra de Puerto Castilla



Era media tarde del sábado, 24 de septiembre, sobre las seis y cuarto. Vimos que la sierra de la Peña del Cuervo comenzaba a arder por cuatro puntos cercanos, todos cerca de la garganta Cardiel. Llamadas al 112. A la media hora llegaba ya un helicóptero de la zona central de Gredos. Después contamos hasta cinco helicópteros más. No lograron apagarlo antes del anochecer. A la ocho de la mañana siguieron llevando agua. A media tarde de hoy estaba controlado.

La sierra de nuestro pueblo ardiendo, por Barreritas Blancas, por el camino hacia la Cuerda, ese que nos lleva a Robles Amarillos y a la Laguna.

El disgusto, grande. La impresión, penosa. El futuro: que han de cambiar bastantes cosas para que esto no vuelva a suceder.




jueves, 22 de septiembre de 2011

Va pensiero

El pasado 12 de marzo, Silvio Berlusconi debió enfrentarse a la realidad.
Italia festejaba el 150 aniversario de su creación y en esta ocasión se representó en Roma la ópera Nabucco, de Giuseppe Verdi, dirigida por el maestro Ricardo Muti. Nabucco evoca el episodio de  la esclavitud de los judíos en Babilonia, y el famoso canto "Va pensiero" es el canto del coro de esclavos oprimidos. En Italia, este canto es un símbolo de la búsqueda de la libertad (en los años en que se escribió la ópera, Italia estaba bajo el imperio de los Habsburgo y las tropas de Garibaldi entraron en Roma cantándola). La misma palabra Verdi era el acróstico de Vitorio Emmanuele Rege D'Italia.

        Antes de la representación, Gianni Alemanno, alcalde Roma, subió al escenario para pronunciar un discurso en el que denunciaba los recortes del presupuesto de cultura que estaba haciendo el Gobierno, a pesar de que Alemanno es miembro del partido gobernante y había sido ministro de Berlusconi. Esta intervención del alcalde, en presencia de Berlusconi que asistía a la representación, produjo un efecto inesperado.

        Ricardo Muti, director de la orquesta, declaró al "Times": "La ópera se desarrolló normalmente hasta que llegamos al famoso canto "Va pensiero".
Inmediatamente sentí que el público se ponía en tensión. Hay cosas que no se pueden describir, pero que uno las siente. Era el silencio del público el que se hacía sentir hasta entonces, pero cuando empezó el "Va Pensiero", el silencio se llenó de verdadero fervor. Se podía sentir la reacción del público ante el lamento de los esclavos que cantan: "Oh patria mía, tan bella y tan perdida." Cuando el coro llegaba a su fin, el público empezó a pedir un bis, mientras gritaba "Viva Italia" y "Viva Verdi".

A Muti no le suele gustar hacer un bis en mitad de una representación. Sólo en una ocasión, en la Scala de Milan, en 1986, había aceptado hacer un bis del "Va pensiero". "Yo no quería sólo hacer un bis. Tenía que haber una intención especial para hacerlo" - dijo Muti -. En un gesto teatral, Muti se dio la vuelta, miró al público y a Berlusconi a la vez, y se oyó que alguien entre el público gritó: "Larga vida a Italia!".
Muti dijo entonces: "Sí, estoy de acuerdo: "Larga vida a Italia", pero yo ya no tengo 30 años, he vivido ya mi vida como italiano y he recorrido mucho mundo. Hoy siento vergüenza de lo que sucede en mi país. Accedo, pues, a vuestra petición de un bis del "Va Pensiero".  No es sólo por la dicha patriótica que siento, sino porque esta noche, cuando dirigía al Coro que cantó "Ay mi país, bello y perdido" , pensé que si seguimos así vamos a matar la cultura sobre la cual se construyó la historia de Italia. En tal caso, nuestra patria, estaría de verdad "bella y perdida". Muchos aplausos, incluidos los de los artistas en escena. Muti prosiguió. "Yo he callado durante muchos años. Ahora deberíamos darle sentido a este canto. Les propongo que se unan al coro y que cantemos todos el "Va pensiero"

Toda la ópera de Roma se levantó. Y el coro también. Fue un momento mágico.
Esa noche no fue solamente una representación de Nabucco, sino también una declaración del teatro de la capital para llamar la atención a los
políticos.

En el enlace siguiente se puede vivir ese momento mágico, lleno de emoción.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Autopsia de la incertidumbre

El otro día me envió mi hermano este artículo, por si me lo había saltado en el periódico. No tiene desperdicio.

EMILIO TRIGUEROS 15/09/2011
Hoy se cumplen tres años de la quiebra de Lehman Brothers, que marcó el estallido de la crisis que todavía domina nuestras vidas: aunque durante las cíclicas tempestades mediáticas se vuelve imposible asimilar el relampagueo críptico de la jerga financiera, ha transcurrido suficiente tiempo para que la perspectiva haga más sencillo entender el encadenamiento de los hechos.
Los artífices del desastre siguen indemnes. Lo que aún mantiene el sistema es su lógica amoral
La opacidad del sistema bancario-empresarial ha secuestrado nuestra razón colectiva.
La sinopsis resulta cinematográfica. Planteamiento: desde principios del siglo XXI, la masiva industrialización asiática acumula un fuerte exceso de dólares y euros en países exportadores cuyos Gobiernos fomentan esa acumulación. Trama: la banca internacional dispara su volumen de negocio, trasladando ese ahorro excedentario hacia nuevas inversiones, en forma de financiación barata. Nudo: maximizando beneficios a corto, los banqueros mundiales incurren en préstamos erróneos; cuando esto se evidencia (al caer Lehman Brothers), y nadie sabe cuántos "malos préstamos" esconde cada banco en su balance, el ahorro global se retira de la circulación interbancaria corriente. Desenlace: como ese ahorro (fondos de inversión, pensiones, etcétera) no se fía de los bancos privados internacionales, pasa a financiar solo a Gobiernos (el pagador más fiable a largo plazo) y son los Gobiernos quienes asumen el riesgo de prestar a los bancos en dificultades, por miedo a que una quiebra encadenada de estos paralice aún más la economía, cuya caída productiva fue comparable a la de una guerra.
Hubo segunda parte. Continuación (2010): el ahorro global se ha volcado en invertir en deuda pública de los Gobiernos; cierto día, empieza a desconfiar de que algunos Gobiernos puedan devolverla, por lo que estos se ven obligados a recortar gastos para seguir recibiendo préstamos. En estos países deudores (como España) confluyen varios factores de crisis: la dificultad general de financiar la actividad económica en tiempos en que las rentas bajan, la resaca de los años de inversiones excesivas o erróneas, y la reducción de gasto público para garantizar que seguiremos siendo solventes tras los años de excesos. El interminable clímax final de esta segunda película tiene lugar en Europa y parece consistir en que los países deudores aceptan imposiciones presupuestarias de sus socios a cambio de mecanismos de apoyo para seguir consiguiendo financiación.
Pero queda algo incomprensible flotando en la trama: ¿cómo pudo fracasar así el sistema bancario internacional, sobrefinanciando sectores enteros y bordeando la quiebra? La respuesta reside en una sola palabra: derivados.
Los derivados son contratos en que dos partes acuerdan un pago futuro en función de la evolución del precio de alguna cosa. Son "papelitos" que tienen valor según el pago que impliquen y que permiten apostar sobre el precio futuro de las cosas, sin poner el dinero para comprarlas. Su función original era sencilla: tomemos el caso del petróleo, cuyo precio puede doblarse o caer a la mitad en cuestión de meses, por causas imprevisibles como guerras o parones económicos. Para empresas que venden o compran petróleo, resulta indeseable que sus ingresos o costes varíen tanto repentinamente; de modo que, por ejemplo, a un productor tejano le puede interesar cerrar hoy un precio de venta de 110 $/bbl para el próximo año, por si el precio se hunde; en cambio, una refinería coreana puede preferir cerrar su coste de compra a 110 $/bbl, por si el precio se dispara. Como productor tejano y refinería coreana no se conocen, un banco internacional vende a cada uno un "papel" por el que les asegura ese precio de 110 $/bbl, a través de un pago de liquidación al final del año. Se trata de un contrato financiero simple que el banco, siempre que case clientes complementarios, comercializa sin riesgo. Típicamente, el banco también reserva algunos "papelitos" para sí mismo, según piensen sus brokers que el petróleo subirá o bajará; mediante esos derivados, el banco se beneficia si acierta con la evolución del precio, sin necesidad de poseer ni un barril real de crudo.
La banca internacional ofrece derivados sobre el precio de muchos activos, no solo materias primas: lo malo es que, cuando el activo es una acción o un bono, los derivados ("papelitos" sobre el precio de "papelitos") se vuelven inextricables y abstractos; los bancos comercializan derivados sobre cualquier cosa con precio, incluidos derivados sobre derivados, generando una madeja infinita de operaciones que solo conocen, con suerte, los ejecutivos al mando.
Los derivados más famosos de la historia empezamos a conocerlos en 2007, cuando algunos inversores norteamericanos se lanzaron a apostar que la vivienda bajaría. ¿Cómo lo hicieron? Mientras que para apostar sobre petróleo hay mercados organizados muy conocidos, no había formas establecidas de apostar por un crash en chalets de Florida. Pero ciertos bancos encontraron modos sigilosos de hacerlo: contratando seguros contra impago de hipotecas con una aseguradora, que se hacía cargo del riesgo de impago del préstamo a cambio de un pago anual del banco (que la aseguradora ingresaba encantada, considerando el riesgo bajo). Cuando los impagos en Florida se dispararon, los bancos suscriptores del seguro empezaron a obtener enormes ganancias (ellos habían revendido mayoritariamente las hipotecas fallidas -las famosas subprime- a bancos extran-jeros, pero se habían quedado con el seguro, que empezaron a cobrar); y ello llevó a la quiebra a la mayor aseguradora norteamericana. Productos como estos seguros y sus derivados, que apenas existían hace 10 años, provocaron pérdidas astronómi-cas al sistema financiero estadounidense en 2008 -y rescates galácticos-.
Los derivados son, pues, espirales de apuestas que periódicamente se alzan y deshacen y que, para generar beneficios, requieren de fluctuaciones, volatilidad e incertidumbres. Investigaciones de las autoridades de EE UU sugieren que algunos fondos llegaron a promover préstamos a insolventes porque ganarían si la vivienda bajaba luego; y resulta verosímil que quien hace negocio aprovechando las fluctuaciones de los mercados intente provocarlas. De hecho, a pesar de que las teorías convencionales postulen que los mercados financieros tienden al equilibrio, el magnate George Soros lleva años sosteniendo que producen burbujas intrínsecamente (Soros también advierte de que las expectativas de los mercados acaban determinando la realidad: como si antes del próximo Madrid-Barça, las apuestas por un empate fueran tan mayoritarias que los jugadores salieran al campo convencidos de que, dada la improbabilidad de una victoria, les conviniera precisamente jugar al empate).
Los bancos de EE UU manejaban crédito del planeta entero; al parecer, nadie imaginaba que se hubieran enfangado así en derivados torticeros. Cuando, a través de la interconexión económica con ellos, muchas otras entidades internacionales entraron en apuros para obtener financiación, se les prestó dinero público, a costa de que sus Gobiernos sufrieran recabando ese dinero en los circuitos financieros, temblando al leer Financial Times y doblegados ante la opacidad de los riesgos bancarios. La versión española de la fiesta financiera internacional es ya un lugar común: bastó la capacidad nacional de montar tinglados inmobiliarios y obras estelares (bonus para directivos, votos para políticos) para captar ahorro global exterior; cuando este desconfió de la capacidad del país para mantener el ritmo en el nuevo escenario, impuso sus condiciones a una economía cautiva.
En el paisaje después de la batalla, los artífices del desastre están indemnes, porque lo que mantiene el sistema es su lógica amoral, no unos protagonistas concretos; los directivos implicados alegarán que seguían "tendencias del mercado" para "competir"; los políticos más hábiles son reelegidos sin mencionar en sus campañas los recortes que siguen a sus dispendios. Ahora necesitamos ajustar precios y rentas porque el exterior ya no nos presta como antes y porque no siempre invertimos inteligentemente. Quizá lo más triste no sea solo constatar cuánta riqueza hemos malgastado como sociedad a través de estos años, sino cómo la opacidad del conglomerado bancario-empresarial y la pobre comunicación política ha secuestrado nuestra razón colectiva para explicarnos qué sucede. Ahora necesitamos ordenar la lista de nuestros problemas y debatir, hablando claro, soluciones. En un mundo donde el ahorro chino mal invertido en Florida acaba con miles de despidos en España, los ciudadanos estamos aprendiendo a vivir con la incertidumbre, pero no con la sinrazón.
Emilio Trigueros es químico industrial y especialista en mercados energéticos.