Hoy han publicado en El País una carta mía. Aquí la subo por su interés y su actualidad.
jueves, 13 de julio de 2023
viernes, 9 de junio de 2023
Camuñas: Fiesta del Corpus
Hace ahora catorce años fuimos a ver el Corpus de Camuñas. Unos días después escribí un artículo, que aquí lo reproduzco tal cual.
17 Jun 2009
En Camuñas, un pueblo de La Mancha toledana,
se celebra todos los años la representación de los Pecados y Danzantes dentro
de las ceremonias del Corpus Christi. Hoy jueves, once de junio de 2009, hemos
ido a conocer de primera mano cómo es esta fiesta y hemos quedado sorprendidos
por la singularidad y el interés de la misma, y especialmente por la vistosidad
y el magnetismo de la danza de tejer el cordón.
Aunque dicen que estas danzas son muy antiguas, no hay
documentación al respecto que lo confirme. Parece ser que en el
siglo XVI adoptaron la forma de auto sacramental, y así se
interpretan hoy, como la confrontación entre el bien y el mal. Los Pecados
llevan ricos atuendos, larga vara, y una careta roja con cuernos; representan
todo lo mundano y maligno, los pecados y defectos del hombre, emiten gritos y
alaridos y arrastran sus varas por el suelo. Los Danzantes son las virtudes y
representan al bien, llevan una careta roja nariguda y utilizan la música y la
danza en su representación.
Terminada la misa, la celebración sigue en la plaza
del Reloj del pueblo. Los Pecados lanzan una ofensiva contra el bien, y un
disparo anuncia la llegada de la Pecaílla. Después viene el Pecado
Mayor, quien, con una careta de cerdo que simboliza al demonio, acompaña su ataque
con un sonoro aullido. Luego entra en la plaza el resto del grupo y cierra El
Correa, que acaba la batalla. Después todos los Pecados caen humillados ante la
custodia.
A continuación los Danzantes comienzan a tejer
el cordón, una danza bailada al ritmo envolvente y constante del tamboril,
la porra y las sonajas, una especie de panderetas grandes con muchos aros. Las
filas están encabezadas por la Prudencia y la Justicia y
cierran el Capitán, que representa la Caridad y el Alcalde, que
representa la Esperanza. En el centro de la formación
está la Madama, un personaje femenino, representado no obstante por
un hombre, que va recorriendo las dos filas de danzantes, invitando a bailar a
éstos, uno a uno, y tomándolos tras ella para formar una larga columna cerrada
por la Caridad, operación que se repite en un tejer y destejer de bastante
complejidad.
La música persistente y monótona de las sonajas, de la
porra y del tamboril va envolviendo cada vez con más intensidad a los
danzantes, quienes como los giróvagos de Turquía, los músicos sufís o los
tambores de Calanda casi van entrando en trance al cabo de dos horas de danza y
percusión, que se rompe al final del tejer el cordón, cuando toman el relevo
los Pecados, que uno tras otro vuelven a correr, a arrastrar la vara y a
ulular, hasta que llegan al estandarte, se quitanr la careta y caen de
rodillas.
Después la procesión sigue por el pueblo, en un
sincretismo de ritos que desde el barroco están insertos en la celebración del
Corpus Christi, con las alfombras, los altares, la custodia y los cánticos
comunes a otras procesiones de este mismo día en otros lugares de España.
Mientras contemplábamos la danza de tejer el cordón,
dejamos a un lado las interpretaciones religiosas del auto sacramental, y
también las versiones antorpológicas de la lucha de la naturaleza y la
sociedad, representadas por los Pecados y los Danzantes. Sólo nos fijábamos en
dos elementos vitales de la danza: los sonidos y los pasos de baile. Ya nos
había llamado la atención el ulular de los Pecados, un ulular idéntico al de
las mujeres bereberes. Los ritmos sincopados del tambor, la percusión de la
porra y el acompañamiento de las sonajas también nos parecían ritmos
emparentados con las danzas bereberes, los músicos sufís y los danzantes giróvagos
turcos.
En el folleto que nos dieron se nos decía que se podía
llegar al éxtasis mediante el silencio, el caso de los místicos, o mediante el
ritmo repetitivo de la percusión y la danza. Y realmente algo así parecía la
danza de tejer el cordón. En otro folleto nos informaban acerca del origen
árabe del nombre Camuñas, topónimo procedente de camún, que
viene a significar toda especie de semilla que no es cereal o
legumbre; tiene el mismo origen que alcamuniya, esto es:
"el comino de comer". Y así, sin pretender crear controversia,
nos parecía que no era descabellado pensar que el origen da esta danza bien
podría estar en el folklore bereber, aquellos invasores de estas tierras en los
siglos de dominación musulmana.
La toponimia, las comidas, la agricultura, las casas,
las tejas, la cultura del agua muestran que lo árabe está muy presente aún en
la cultura española, si bien un exceso de celo hizo desaparecer todo vestigio
de ello desde que, acabada la Reconquista, la monarquía absoluta decidió
eliminar lo que no concordase con la unidad religiosa, social y política de
España. Quizá sea ésa una de las causas de que no aparezca nada relacionado con
el folklore árabe en los orígenes de estas danzas de Camuñas, quién sabe…
En fin, pensemos en la más famosa novela, El Quijote, que se desarrolla en La Mancha, topónimo árabe que significa “la altiplanicie”. Releamos el relato del morisco Ricote, en el Quijote. Analicemos por qué don Alonso Quijano comía duelos y quebrantos (huevos revueltos con torreznos) los sábados, por aquello de no parecer judío converso sino cristiano viejo. Veamos cuántas veces aparece lo árabe, lo moro, en El Quijote, cuán fresco estaba aún y qué reciente todo el pasado musulmán, cómo nos lo acerca Cervantes y con qué finura, no para ensalzarlo sino para traerlo al presente, para mostrar la realidad, lo que la gente veía y conocía.
En fin, sin querer sentar cátedra, ni mucho menos,
sólo queremos aportar esta breve reflexión acerca de lo que sentimos al ver y
oír la danza de tejer el cordón: la posibilidad de que esté emparentada con el
mundo bereber, tan lejano en el tiempo pero tan cercano en la historia de este
pueblo cuyo nombre es de origen árabe. Nuestra enhorabuena a los vecinos de
Camuñas, pues ellos (y ellas) y las generaciones anteriores han sabido
conservar estas danzas con esmero, dedicación y amor a la tradición. Quizá el
rigor y la fuerte jerarquización de las Hermandades han permitido que hayan
llegado hasta nosotros con la frescura del pasado. Por eso les damos las
gracias, por su tesón años tras año, por su dedicación una generación tras
otra.
martes, 6 de junio de 2023
Camino del Cid. Un viaje por la Edad Media
Un viaje por la Edad Media
Romance de los pueblos del destierro, de Jesús Bermejo
"Vivar del Cid, Los Ausines,
Covarrubias, Torrelara,
Monasterio de Cardeña,
Caleruega, Peñaranda,
Quintanilla de las Viñas,
Monasterio del Arlanza,
Santo Domingo de Silos,
Gormaz, Ucero, Berlanga,
Coruña del Conde, Clunia,
Tordelrábanos, Quintanas,
Castillejo de Robledo,
Romanillos, Rello, Langa,
San Esteban, Burgo de Osma,
Retortillo, Villasayas,
Recuerda, Rienda, Nograles,
San Baudelio de Berlanga,
Marazobel, Imón, Rienda,
Ríofrío, Torremediana,
Ures, Atienza, Sigüenza,
Campisábalos, La Rasa".
Vivar del Cid
Cantar de Mío Cid
El Cid sale de Vivar para el destierro
"De los sus ojos tan
fuertemente llorando,
Tornaba la cabeza y
estábalos catando.
Vio puertas abiertas y
postigos sin candados,
Alcándaras vacías sin
pieles y sin mantos,
Y sin halcones y sin azores mudados".
Monasterio de san Pedro de Cardeña
Los Ausines
Castilla, de Manuel Machado
El ciego sol se
estrella
en las duras aristas de las armas,
llaga de luz los petos y espaldares
y flamea en las puntas de las lanzas.
El ciego sol, la sed y la fatiga.
Por la terrible estepa castellana,
al destierro, con doce de los suyos,
-polvo, sudor y hierro- el Cid cabalga.
Cerrado está el mesón a piedra y lodo...
Nadie responde. Al pomo de la espada
y al cuento de las picas, el postigo
va a ceder... ¡Quema el sol, el aire abrasa!
A los terribles golpes,
de eco ronco, una voz pura, de plata
y de cristal, responde... Hay una niña
muy débil y muy blanca,
en el umbral. Es toda
ojos azules; y en los ojos, lágrimas.
Oro pálido nimba
su carita curiosa y asustada.
«¡Buen Cid! Pasad... El rey nos dará muerte,
arruinará la casa
y sembrará de sal el pobre campo
que mi padre trabaja...
Idos. El Cielo os colme de venturas...
En nuestro mal, ¡oh Cid!, no ganáis nada».
Calla la niña y llora sin gemido...
Un sollozo infantil cruza la escuadra
de feroces guerreros,
y una voz inflexible grita: «¡En marcha!»
El ciego sol, la sed y la fatiga.
Por la terrible estepa castellana,
al destierro, con doce de los suyos
-polvo, sudor y hierro-, el Cid cabalga.
El
ciprés de Silos, de Gerardo
Diego
Enhiesto surtidor de sombra y sueño
que acongojas el cielo con tu lanza.
Chorro que a las estrellas casi alcanza
devanado a sí mismo en loco empeño.
Mástil de soledad, prodigio isleño,
flecha de fe, saeta de esperanza.
Hoy llegó a ti, riberas del Arlanza,
peregrina al azar, mi alma sin dueño.
Cuando te vi señero, dulce, firme,
qué ansiedades sentí de diluirme
y ascender como tú, vuelto en cristales,
como tú, negra torre de arduos filos,
ejemplo de delirios verticales,
mudo ciprés en el fervor de Silos.
Romance del Duero, de Gerardo Diego
Río Duero, río Duero,
nadie a acompañarte baja,
nadie se detiene a oír
tu eterna estrofa de agua.
Indiferente o cobarde
la ciudad vuelve la espalda.
No quiere ver en tu espejo
su muralla desdentada.
Tú, viejo Duero, sonríes
entre tus barbas de plata,
moliendo con tus romances
las cosechas mal logradas.
Y entre los santos de piedra
y los álamos de magia
pasas llevando en tus ondas
palabras de amor, palabras.
Quién pudiera como tú,
a la vez quieto y en marcha,
cantar siempre el mismo verso
pero con distinta agua.
Río Duero, río Duero,
nadie a estar contigo baja,
ya nadie quiere atender
tu eterna estrofa olvidada,
sino los enamorados
que preguntan por sus almas
y siembran en tus espumas
palabras de amor, palabras.
Peñaranda de Duero, de Rafael Alberti
Por qué me miras tan serio,
carretero?
Tienes cuatro mulas tordas,
un caballo delantero,
un carro de ruedas verdes,
y la carretera toda
para ti,
carretero.
¿Qué más quieres?
"Dispónense a andar de día y de
noche.
A siniestro dejan a Atienza, una peña
muy fuerte;
La sierra de Miedes pasáronla entonces".
Sigüenza
jueves, 25 de mayo de 2023
miércoles, 24 de mayo de 2023
Tina Turner siempre
El País. 24.05.2023
Diego A. Manrique
Tina Turner era esencialmente una superviviente.
Nacida Anna Mae Bullock en 1939, la vocalista, fallecida este miércoles, abandonó su vida
en el sur rural de Tennessee cuando se instaló con su madre en San Luis, en
Misuri. De cantar en la iglesia pasó a frecuentar los locales nocturnos de la
ciudad. Allí conoció en 1957 a Ike Turner, el líder de los Kings of Rhythm, con los que
comenzó a cantar. Ike era un veterano que subsistía en un negocio duro, siempre
en la frontera con la ilegalidad; entendió que había un filón en la fiereza
interpretativa de Tina y la convirtió en su esposa en 1962.
Como Ike & Tina Turner, acumularon éxitos en las
listas de rhythm and blues, es decir, en el mercado afroamericano.
Las jugadas de Ike, que prefería ir saltando entre discográficas, no ayudaron a
establecerlos como primeras figuras. Sin embargo, en 1966 aceptaron una
propuesta para grabar con el productor Phil Spector, que en realidad solo quería trabajar con Tina.
El resultado fue un tema orgásmico, River Deep, Mountain High, que
fracasó en Estados Unidos, pero impactó en Europa. En el Reino Unido, Tina se
convirtió en artista de culto. La fascinación de Mick Jagger, Rod Stewart o
David Bowie desembocaría en su llegada al mainstream.
Los Rolling Stones contratarían a Ike & Tina Turner para su gira
estadounidense de 1969: el público blanco se quedó boquiabierto ante la
sexualidad turbo de Tina y sus bailarinas, las Ikettes. Ike, que rara vez
pensaba más allá del corto plazo, comprendió que era el momento para
establecerse en el mercado del rock. Lo hicieron con versiones tórridas de
éxitos como Proud Mary (Creedence Clearwater Revival) y Come
together (The Beatles), aparte de rotundos temas originales como Nutbush
City Limits, una creación de Tina que celebraba sus orígenes.
Lo que Tina se callaba era que la vida con Ike,
cocainómano, era infernal. Hasta que en 1976 lo abandonó en Dallas (Texas) y
pidió el divorcio. Ese sería el punto central de su maquillada autobiografía,
luego reflejada en el correspondiente biopic —donde fue
encarnada por Angela Bassett— y en el musical Tina.
Tuvo que empezar de nuevo y debió aceptar todo tipo de
bolos alimenticios, flirtear con la disco music y aparecer en
el circuito de nightclubs o, para su eterna vergüenza, en la
Sudáfrica del apartheid. No fue fácil: precisamente, tal día
como hoy, en 1979, debutó en España con un concierto en el Palacio de los
Deportes barcelonés… que no llenó (volvería más veces, ya con éxito de
público).
Ese mismo año, conectó con Roger Davies, un manager australiano
que desarrolló un inteligente plan para potenciar su carrera. Firmó con la
multinacional Capital Records y se dedicó a hacer discos con canciones
seleccionadas para resaltar su imagen de mujer sensual y empoderada; a fin de
garantizar la potencia de su oferta, contaba con diferentes productores que
cubrían desde el techno pop al rock. Su álbum Private
dancer (1984) vendería millones y sería el prototipo de una nueva
manera de entender el pop de amplio espectro, imitada luego en el lanzamiento
de Whitney Houston y otras divas.
Dominó las ondas y los escenarios durante los ochenta y los noventa. Lo cierto es que no paró: se apuntaba a duetos con sus admiradores británicos y apareció poderosa en una película de la saga Mad Max. Y rehizo su vida con un ejecutivo discográfico, el alemán Erwin Bach, con el que compartía creencias budistas. Se retiró en 2000, aunque todavía protagonizaría una gira de despedida en 2008. Para entonces, ya residía en Suiza, país que se portó bien con ella. En agradecimiento, en 2013 se naturalizó suiza y renunció a la nacionalidad estadounidense.
miércoles, 17 de mayo de 2023
Rebaño
Inteligencia de
rebaño
Alex Grijelmo. El
País, 15 de enero de 2021
La palabra “rebaño” se ha convertido en
positiva. Ahora asumimos ser parte de un rebaño si eso nos da inmunidad, sin
importarnos que la metáfora implique una asociación de ideas con los borregos.
“Rebaño” no sólo designa a un grupo de
ovejas, sino también a un “conjunto de personas que se mueven gregariamente o
se dejan dirigir en sus opiniones, gustos, etcétera”. Por su parte, un
“borrego” es también quien “se somete gregaria o dócilmente a la voluntad
ajena”.
Usamos el nombre común de algunos animales
para insultarnos o despreciarnos: burro, acémila, perra, gorila, cernícalo,
buitre, cerdo… Pero en el caso de “rebaño” hemos ido transformando su
descalificador significado metafórico (grupo de individuos acríticos) para
apropiarnos de sus ventajas: algo bueno habrán visto las ovejas en ir todas
juntas.
Hace ocho años, unos investigadores de la
Universidad de Londres colocaron microprocesadores en estos animales para
observar desde un satélite sus movimientos y la manera en que el rebaño se
reconfigura cuando aparece un peligro (por ejemplo, un lobo). Y las ovejas en
esos casos, lejos de salir despavoridas en todas las direcciones, huyen hacia
el centro del grupo. Su instinto de supervivencia las conduce a apretarse para
reducir las probabilidades de ser elegidas por el depredador. Se trata del
mismo sentido de protección y cuidado mutuo que las lleva a evitar las
aglomeraciones en la salida de un cercado y desalojarlo más ordenadamente que
como lo haríamos los seres humanos.
Ya se ve que tenemos cosas que aprender de
los rebaños.
Los lexicógrafos no conocen con certeza el
origen remoto de esta palabra peculiar del castellano y del portugués
(rebanho). Hace seis siglos se decía en castellano “rabaño” (variante que
todavía pervive en zonas rurales de España). Los eminentes lexicógrafos Joan
Corominas y José Antonio Pascual (Diccionario crítico etimológico castellano e
hispánico) se inclinan por relacionarla con un hipotético “ramaño” intermedio,
derivado de “rama” y relacionado a su vez con el catalán ramada (que significa
precisamente “rebaño”). De ese modo, se supone que este grupo de animales fue
vinculado en catalán y en castellano con la imagen de un haz de ramas o de
varas, agrupadas y juntas como las ovejas; o bien con la rama o vara que maneja
el pastor (de ahí que aún se diga “vara de cerdos” en referencia a un grupo de
medio centenar de cochinos).
Las interpretaciones actuales de “rebaño” nos
presentan un grupo homogéneo de animales o, en sentido metafórico, de personas;
que en ambos casos se amparan unas a otras y actúan coordinadamente, por lo
general bajo el mando de un pastor, ya sea religioso (el mismo Jesucristo es
representado así), político o, ahora, científico.
Con todo eso, resulta fácil asumir la
locución “inmunidad de rebaño”, que el banco de datos de la Academia documenta
en 2003: la consiguen quienes aceptan la vacuna para que todos queden a salvo.
En este caso, se trata de que el coronavirus no disponga de domicilios corporales
que asaltar al haberse instalado en ellos las pertinentes alarmas, y le sea difícil
hallar, estadísticamente hablando, a personas desamparadas pero distantes entre
sí y camufladas en el grupo. Con un 70% de gente segura, se considera que vamos
bien. El rebaño funciona.
Y con el rebaño, funciona la palabra. Antes sonaba mal. Pero ahora el gregarismo inteligente de los corderos puede inspirarnos. Si hay que balar, se bala.
La Bajada de El
Hierro
Jesús Bermejo
Emilio, el guía de El Julan, nos dijo que la romería de la Bajada sigue los mismos pasos que un rebaño: En éste hay dos ovejas guías, quienes por indicación del pastor dirigen el rebaño yendo a izquierda o derecha según aquél indique. Y las ovejas y demás miembros del rebaño que se descaminen son de inmediato obligadas por el perro a seguir la orden del pastor. En la Bajada, los guíos dirigen a los pitos y los danzantes, y el papel del perro lo representan los tambores y los bombos, que marcan el ritmo incansablemente a lo largo de toda la romería. Es ésta por tanto una fiesta antigua, una fiesta de pastores.
De vacas y lobos
Jesús Bermejo
Recién
releído un texto de Cela sobre los lobos y la palabra alobarse, le
pregunté un día a mi padre, si se usaba en el pueblo dicha palabra, y me
dijo que él no la había oído. Y luego me contó una historia.
"En mis tiempos sí había bastantes lobos cerca del pueblo. Había muchas vacas y ovejas y cabras, entonces abundaban, no como ahora. Un día de junio las vacas nuestras, con los chotos y los terneros, se presentaron en el pueblo. Se habían escapado del Llano Mayor, junto a la sierra. Al ojear el camino, vimos que a uno de los chotos lo habían matado los lobos en la cerca Marigonzal, cuando venían al pueblo por la mañana. Se conoce que los lobos estuvieron rondándolas y por eso se escaparon. Esa noche las vacas durmieron en el pueblo, pero a la mañana siguiente las llevamos de nuevo al Llano Mayor. Cuando fuimos a asomarnos al otro día, las vacas no estaban en el prado. Se habían escapado, pero ya no volvieron al pueblo; se fueron por el cordel a Extremadura, a la dehesa donde habían estado el invierno anterior. Las pudimos pillar con los caballos ya cerca de Plasencia..."
sábado, 13 de mayo de 2023
Pregón de las Fiestas del Cristo de la Fuente 2023
A finales de marzo recibí la petición de dar el pregón de las Fiestas del Cristo de la Fuente, que se celebran en Los Navalmorales en torno al segundo fin de semana de mayo. Acepté el encargo y a ello me puse. Y fue ayer, viernes, doce de mayo de 2023 cuando leí el pregón en la Plaza de los Seis Caños, un pregón que traigo aquí como santo y seña y como recuerdo.
"Señor Presidente
de la Asociación Cultural Santísimo Cristo de la Fuente, señor Alcalde, autoridades,
familiares, navalmoraleñas y navalmoraleños, amigos todos: Muy buenas noches.
Quiero que
mis primeras palabras sean de agradecimiento al Presidente de la Asociación, y
a su Junta Directiva, por haber pensado que yo, un forastero, podría ser el
pregonero de estas fiestas del Cristo de la Fuente de 2023. Espero cumplir el
encargo de la mejor manera posible y confío en no acabar en el pilón. Algo en
mi interior me dice que no será así.
A finales de 1994 vine por primera vez a Los Navalmorales, de la mano de Mariví Navas. Era una tarde fría de invierno, y en esta misma plaza de los Seis Caños se estaba celebrando el Belén viviente. Me gustó mucho el ambiente que se respiraba y la vida que latía en cada caseta, en cada canción y en cada gesto. Allí comenzó mi relación con Los Navalmorales. Allí empecé a conocer vuestras costumbres, vuestra historia, los trabajos que desempeñáis y vuestras fiestas.
Tres imágenes
me vienen siempre a la cabeza cuando hablo de Los Navalmorales, y constituyen para
mí algo así como el emblema del pueblo. La primera imagen es ese continuo manto
de olivas que se extiende por todo el término municipal. Olivas, sí, en
femenino, que es como la gente de esta tierra llamáis a los olivos. Esos rugosos
y delicados árboles, de tronco mineral y retorcido, que dan un aceite de
calidad superior. “El mejor aceite del mundo”, decía Sixta Sánchez-Élez, la
madre de Mariví. El mejor aceite del mundo, ese aceite de oliva virgen extra
que es el símbolo del trabajo de los navalmoraleños, de su tesón y de su
inteligencia. Un aceite obtenido con el conocimiento y la destreza que
generaciones y generaciones han ido acumulando a lo largo de los siglos, empeñadas
en el cultivo cada vez más esmerado de esas olivas de presencia centenaria.
La
segunda imagen que me viene a la mente cuando hablo de Los Navalmorales es la
torre de la iglesia, ese esbelto y espigado monumento, terminado en 1673, que
con su gracia aérea parece cobijar el amable caserío de teja árabe, los
sombreados patios y las tranquilas plazas de la villa. La he visto desde todos
los sitios, desde la sierra del Santo y desde el cerro Gorra; surgiendo de
repente al doblar una esquina o paseando por las calles de Tierra Toledo;
apareciendo por sorpresa al venir desde Santa Ana o destacando majestuosa al llegar
de Los Navalucillos. Muchas veces me he acercado a la torre y he admirado su
verticalidad y su elegancia, la geometría y el dinamismo de su vuelo. Es, como
todo el mundo sabe, La buena moza, el edificio más noble de la villa.
La tercera imagen que me viene a la mente es la Fuente de los Seis Caños, la referencia imprescindible de esta plaza a la que da nombre, el monumento civil más antiguo del pueblo, el sitio en el que, desde hace casi cuatrocientos años, las gentes de Los Navalmorales se han dado cita para abastecerse de agua, dar de beber a los animales, y celebrar mercados y fiestas. Y justo al pie de la Fuente de los Seis Caños, enlazando los dos antiguos pueblos que en 1835 se unieron en uno solo, la capilla del Cristo se ofrece humilde y magnífica ante el caminante, y en su interior todo gira en torno al Cristo de la Fuente, ese Cristo honrado siempre con hermosas flores frescas, que protege, dulce y armoniosamente, la fe y las ganas de vivir de esta comunidad, una comunidad que lo celebra cada año en estas alegres fiestas de primavera.
Mi infancia son recuerdos vividos alrededor de otras fuentes, vivencias que
guardo de mi pueblo pequeño y serrano entre las cumbres de Gredos. Yo no puedo
hablar de mis recuerdos infantiles junto a la Fuente de los Seis Caños, porque
mis recuerdos son otros. Pero, desde que vine a Los
Navalmorales, me he empeñado en conocer con precisión la historia de esta fuente
tan hermosa, de esta fuente que tanto me gustó desde aquella lejana tarde de
1994.
En el Diccionario geográfico, estadístico e histórico de España y sus
posesiones de ultramar, publicado por Pascual Madoz hace casi dos siglos, aparece
una entrada dedicada a Los Navalmorales, y en ella se puede leer este texto:
"Se surte el vecindario de aguas potables en una Fuente de 6 caños, construida en 1627, que hay en una de las plazas, con un pilón de 11 pasos de largo y 5 de ancho, para las caballerías: su calidad, un poco gruesa con algo de sulfato de cal”.
Hay una fotografía de la Plaza de los Seis Caños que me gusta especialmente. Es una fotografía fechada en 1902 que hizo un reportero llamado Hermenegildo Fernández. Cuando Mariví Navas, allá por 1999, estaba preparando la edición del libro Recuerdos y memorias de Telesforo Navas, su padre, vio que, entre sus papeles, había una revista de Madrid, cuyo nombre era Por esos mundos, en la que aparecía una foto de la plaza de los Seis Caños. Sorprendida ante semejante hallazgo, Mariví encargó una buena reproducción de la foto, pues la copia estaba muy deteriorada, y me invitó a restaurarla. En dicha foto se puede observar la plaza de los Seis Caños desde el paseo de Perales. A la izquierda se vislumbra un lateral de la capilla del Cristo de la Fuente y de la posada y, a su lado, el herradero. A continuación, una casa en cuya fachada se puede contemplar el primer reloj público de veinticuatro horas fabricado en España, cuyo autor, según contaba el citado periodista, era un chico de dieciocho años, rubio y de expresivas facciones, llamado Gregorio Talavera. Más a la derecha, se acierta a ver la Fuente de los Seis Caños y un animal abrevando en su pilón. Debidamente documentada, se publicó esta foto en la cubierta del libro de Telesforo Navas. Y unos años después, se reprodujo en los números 26 y 33 de la revista Forja, con el fin de darle la máxima difusión.
A lo largo de los tiempos, la Fuente de los Seis Caños ha sido incorporada al folklore de los Navalmorales y en algunas de sus canciones aparece como símbolo y reclamo. Pero hay una composición en la que la fuente brota como agua llena de gracia; es la Rondeña, una de cuyas estrofas, como bien sabéis, reza así:
Corriendo continuamente
Seis caños hay en mi pueblo
Corriendo continuamente.
En el verano agua fresca
y en el invierno caliente
seis caños hay en mi pueblo.
Nunca me cansaré en mi afán por destacar la importancia de la Fuente de los Seis Caños, no solo por su antigüedad sino también por su sencillez. Una equilibrada combinación de materiales y formas que convendría cuidar con mucho esmero y mantener siempre limpia como los chorros del oro, procurando que nada, ni siquiera los árboles o las plantas, destaque más que la propia Fuente. Y así se podría celebrar con orgullo que, en la plaza más emblemática del pueblo, una humilde fuente, que en 2027 va a cumplir los cuatrocientos años, es tratada con respeto y con mucho cariño por todos los navalmoraleños.
Quizá porque
Los Navalmorales es un pueblo acogedor y solidario, un pueblo que ha sabido
recibir al forastero viniera de donde viniera, si consigo traía ganas de
progresar, de trabajar y de convivir, es por lo que se ha decidido que hoy sea yo,
un forastero, el que dé el pregón de estas fiestas del Cristo de la Fuente. Estoy
seguro de que se me ha invitado a dar este pregón porque desde siempre me ha
gustado participar en la vida cultural y asociativa del pueblo, coordinando
lecturas en la Biblioteca, preparando paseos del Taller de lectura por diversos
barrios históricos de Madrid, escribiendo para la revista Forja o colaborando
en las ferias de artesanía y en otras muchas actividades.
Y estoy
seguro también de que se me ha invitado porque se sabe que me gustan mucho las
fiestas y el baile, la jovialidad de la música y el optimismo que genera la
convivencia. Soy una persona convencida de que las fiestas ensanchan y fortalecen
las relaciones de una comunidad, porque son la muestra más palpable de la
alegría de vivir.
Por todo ello, navalmoraleñas y navalmoraleños, amigos todos: Os invito a disfrutar de estas fiestas en honor del Santísimo Cristo de la Fuente, con moderación y con respeto, sí, pero también con energía y con toda vuestra vitalidad.
¡Viva el Santísimo Cristo de la Fuente!
¡Viva el pueblo de Los Navalmorales!"






























