viernes, 23 de agosto de 2019
martes, 20 de agosto de 2019
lunes, 19 de agosto de 2019
Feria de Arte y Artesanía de Los Navalmorales 2019
Además, se presentó el CD de la Orquesta Piraña ¡Qué tiempos!, de los que informamos en este artículo:
miércoles, 14 de agosto de 2019
La Orquesta Piraña de Los Navalmorales: ¡Qué tiempos!, un cedé recopilatorio
En los años cincuenta y sesenta del siglo pasado, en muchos pueblos había una sala de baile y a veces dos o incluso tres. En Los Navalmorales era muy famoso El baile del tío Pepe, en el que tocó muchas veces la Orquesta Aragón y, ya en los primeros setenta, la orquesta Los Amalayas.
El baile del tío Pepe se llenaba hasta la bandera de mozos y de mozas que hacían sus primeros escarceos amorosos al ritmo de la música, y todos sabían que, tras un inicio de baile con mucho ritmo, venía la hora de las canciones lentas, el momento de buscar pareja si no querías quedarte al verlas venir.
Antonio Martín en el artículo Con la música en las venas publicado en la revista Forja, comentaba que el nombre de Los Amalayas, grupo al que pertenecía, no les gustaba porque sonaba a imitación de la orquesta Los Atalayas de Talavera de la Reina. “Al final conseguimos cambiar el nombre por el de Nuevo Tráfico, mucho más acorde con los tiempos y las canciones de moda del momento. Sería por el año 1974 cuando los más jóvenes de la banda ya empezábamos a sentir “la llamada del rock” y, poco a poco, empezamos a rebelarnos contra lo que llamábamos “horteradas”, canciones fáciles de verano que considerábamos de poco nivel.”
Nuevo Tráfico realizó sus primeros cambios en la plantilla, y se incorporaron Paco Torres como cantante, Ernesto al saxofón y Luis Miguel a la batería. Y empezó la revolución: Temas de Rolling Stones, Beatles, Creedence Clearwater Revival, Simon & Garfunkel… canciones en inglés, que era lo que se llevaba, aunque no se entendieran las letras. Entonces decidieron poner el nombre en inglés porque “sonaba” mejor y además era más “moderno”. Así es que lo tradujeron directamente y de esta manera nació New Traffic Band.
Carretera y manta, llevaban su música allá donde les contrataban, que por entonces había muchas salas privadas de baile y todo era con grupos en directo. En Los Navalmorales, además de El baile del tío Pepe Murga (donde está hoy la panadería de la calle Hernán Cortés), tocaban en la terraza de Enrique Izquierdo (Kikes), en la terraza de Félix del Puerto (más conocida como El Corral de la Pacheca) y a veces en el Casino de la Unión, que por entonces gozaba de mucha actividad. En ocasiones funcionaban las cuatro salas al mismo tiempo y todas se llenaban…
Pasado un tiempo, los componentes de New Traffic Band se dieron cuenta de que no hacía falta tener un nombre en inglés para tocar bien, y empezaron a buscar uno en español que los identificase. Un amigo y fan incondicional, a la vez que gran percusionista, Jorge de la Iglesia, siempre que los veía los llamaba “Piraña”… Y sin más, decidieron llamarse así, Piraña.
Decidieron dar el salto Madrid para, sin olvidar sus raíces, avanzar y actuar para otros públicos. Fueron contratados, año tras año, por el Ayuntamiento de Madrid para San Isidro y para las fiestas de las Juntas de Distrito. Del Pozo a Chamberí, pasando por Las Vistillas, recorrieron Madrid barrio a barrio llevando su música a todas las verbenas, festivales y mítines.
Iba gustando su estilo festivocríticobailable. Piraña llegó a actuar en Fussen, Alemania, representando a la música española, en unas semanas culturales y gastronómicas que allí se organizaron. Para entonces, la orquesta Piraña la formaban Antonio Alonso (Guitarra); Antonio Martín (Teclados y Bajo); Luis Miguel Vidal (Batería); Paco Torres (Cantante); Miguel Ángel Poza (Bajo); Miguel Ángel Pacheco (Saxofón); Raúl Horcajuelo (Guitarra) y Annie Gayral (Piano).
En una de las ediciones del programa Gente joven, de TVE (que duró 12 años, entre 1975 y 1987), el tercer puesto fue para la orquesta Piraña. Siempre en directo, la orquesta alternaba versiones de Triana o Gato Pérez con temas propios. Algunos de ellos, como «Charlestón del sofocón», «Sierralsanto» o «Pedalea rock», sonaron mucho en las emisoras de radio y en la televisión. Tanto que «Pedalea rock» fue la banda sonora del Día de la Bicicleta de Madrid durante varios años, mientras que también pegaba fuerte « ¡Agua va!», un tema dedicado al trasvase Tajo-Segura y con el que reclamaban un mejor trato para Castilla-La Mancha.
Con cuatro perras ahorradas, los componentes de Piraña decidieron grabar en 1979 una casete en uno de los estudios punteros de Madrid, Double Tronics, cuyo propietario y técnico, Jesús Gómez, también ejercía de técnico del grupo Gabinete Caligari. Se quedó alucinado de que, en tan solo tres días, con mezclas incluidas, terminaran de grabar una cinta de 12 temas entre propios y versiones de uno de sus grupos favoritos, Triana. Temas como Rock Piraña 1, Rock Piraña 2, La cadena, Baila fuerte, Perro mundo, Agua va… y hasta la Sierralsanto, como homenaje a Los Navalmorales, su pueblo, al que siempre llevaron por bandera a todas partes. Hicieron algunas copias, vendidas a precio de coste a familiares y amigos, tan solo para recuperar lo invertido.
En 1.983 grabaron el único disco single de vinilo con dos temas: Pedalea Rock y Charlestón del sofocón, disco que sonó en todas las emisoras de radio de aquellos tiempos.
El crítico musical Carlos Tena afirmó que Piraña era «un grupo desconcertante, carnavalesco y festivo. “Una auténtica banda de animación de romería de pueblo”. Ricardo Solfa, pseudónimo del cantautor Jaume Sisa, dijo de Torres y sus colegas que con ellos “puede uno llegar a disfrutar como un tonto con sus grandes canciones melódico-armónico-rítmicas.”
Se les seguía viendo en el programa Gente joven de TVE, en las 24 horas del estudiante y la radio, y se les escuchaba en programas de RNE como La Barraca. Compartían escenarios con figuras o grupos de la movida y participaron en los festivales de rock Villa de Madrid. En 1985 actuaron en el programa de TVE La Tarde, presentado por Mª Teresa Campos, y poco después el gran Paquito Clavel eligió a Piraña como su “orquesta de cabecera” para acompañarlo en muchas de sus galas, entre las que destacaría la grabación en directo del programa Fin de Siglo de TVE, que fue recordado hace pocos meses en Ochéntame otra vez, programa de la 1 de TVE.
Piraña dejó de funcionar como tal en el año 1987, pero se volvió a reunir en un par de ocasiones: una para la boda de un amigo en Aldeanueva de Barbarroya y otra, como brillante colofón, en el Cuartel del Conde Duque, en Madrid, con motivo de los carnavales de 1992, formando parte de un selecto cartel de grupos salseros internacionales.
La orquesta Piraña vuelve ahora a estar en el candelero gracias a la edición del cedé ¡Qué Tiempos! , una recopilación que recupera 12 canciones grabadas en casete (1979) y en disco (1983). Dicho cedé ha sido editado por la Asociación Mesa de Trabajo por Los Navalmorales, para su colección «Músicas del Pueblo», y presentado por Mariví Navas y Jesús Bermejo en un acto desarrollado el 17 de agosto de 2019 dentro del programa de la Feria de Arte y Artesanía Jara y Montes de Toledo, de Los Navalmorales, y en el que se contó con la presencia de casi todos los componentes de la citada orquesta. El cedé puede comprarse en la tienda de la Asociación de la Mesa que hay en la Feria. También por internet dirigiéndose al correo:
“Esperamos que estas canciones sigan gustando a nuestros paisanos”, dice Paco Torres en la presentación del CD. “Que sigan gustando a los de antes y a los de ahora”. Y añade: “Les ruego que sean benevolentes con nosotros (¡éramos tan jóvenes!), y que, ni siquiera con el pensamiento, tengan la mala idea de echarnos al pilón… ahora que somos mayores. Todas las personas que grabamos estas canciones seguimos vivos y bien avenidos.”
Canciones del CD
Rock Piraña 1; Perro mundo; La cadena; Baila fuerte; Blues comprensión; Rock Piraña 2; ¡Agua va!; Diálogo (Triana); Cuanto más lejos (los Sirex); Sierralsanto (Popular).
(Temas de la Orquesta. Letras: Paco Torres)
Pedalea Rock; Charlestón del sofocón.
Pedalea Rock; Charlestón del sofocón.
(Martín del Río- Paco Piraña).
Colección Músicas del pueblo, nº 1. Orquesta Piraña. Grabado en Doubletronics y KMC. Madrid. Diseño de portada: Álvaro Alonso.
Colección Músicas del pueblo, nº 1. Orquesta Piraña. Grabado en Doubletronics y KMC. Madrid. Diseño de portada: Álvaro Alonso.
Este artículo
Ha sido
elaborado por Jesús Bermejo
basándose diversos textos, a cuyos autores doy las gracias.
Paco Torres: Texto de presentación del CD.
Antonio Martín: Revista Forja, números 33 y 34.
Mariví Navas: Texto de presentación del Cedé.
Manuel Moreno: Diario Abc de Toledo, 1 de agosto de 2019.
Paco Torres: Texto de presentación del CD.
Antonio Martín: Revista Forja, números 33 y 34.
Mariví Navas: Texto de presentación del Cedé.
Manuel Moreno: Diario Abc de Toledo, 1 de agosto de 2019.
martes, 16 de julio de 2019
Ganadería diplomada, un libro de Javier Bermejo
Javier
Bermejo acaba de publicar un libro
titulado Ganadería diplomada. Los lectores de este blog ya
conocéis a Javi, pues las crónicas de sus maratones suelen aparecer por estas
páginas al menos dos veces cada año.
Ganadería
diplomada, novela publicada en 2019 por la
editorial Oportet, puedes encontrarla en la Casa del Libro, en El Corte Inglés, en
FNAC y en bastantes librerías españolas. También puedes
adquirirla en diversos sitios de Internet a los que puedes acceder fácilmente
buscando en Google.
Dice
Javi que llevaba ya muchos años con el libro en la cabeza y que solo le faltaba
tiempo para escribirlo con método, luchando para que fuese
exactamente lo que él quería. Ahora, ese tiempo ha llegado con su jubilación, y como Javi es una persona de palabra, el libro ya no es un proyecto, es una realidad: Ganadería diplomada.
Todo libro tiene una razón última y este la tiene también: se asienta en una experiencia personal y familiar del autor ubicada a finales de los sesenta y primeros años setenta, pero no es un libro de recuerdos ni tampoco autoficción, como se dice ahora, no. Es una novela de suspense, de intriga, un relato que desvela un episodio de corrupción en las postrimerías del franquismo. Con una eficiente dosificación, el autor nos ofrece dos narraciones complementarias, que discurren paralelas hasta confluir en el tramo final de la novela.
No voy a desvelar aquí el argumento de Ganadería diplomada porque creo que el posible lector debe abordar el libro sin más información, aunque sí quiero señalar que este se va a encontrar con unos sólidos personajes, un espacio y unas situaciones que quizá, en determinados casos, parezcan inverosímiles. Podrían parecerlo pero no lo son: ese espacio, esas relaciones y esos personajes tienen su base en una experiencia vivida por el autor, si bien algunos asuntos no hayan nacido de la propia realidad sino que sean consecuencia de su fructífera imaginación.
Todo libro tiene una razón última y este la tiene también: se asienta en una experiencia personal y familiar del autor ubicada a finales de los sesenta y primeros años setenta, pero no es un libro de recuerdos ni tampoco autoficción, como se dice ahora, no. Es una novela de suspense, de intriga, un relato que desvela un episodio de corrupción en las postrimerías del franquismo. Con una eficiente dosificación, el autor nos ofrece dos narraciones complementarias, que discurren paralelas hasta confluir en el tramo final de la novela.
No voy a desvelar aquí el argumento de Ganadería diplomada porque creo que el posible lector debe abordar el libro sin más información, aunque sí quiero señalar que este se va a encontrar con unos sólidos personajes, un espacio y unas situaciones que quizá, en determinados casos, parezcan inverosímiles. Podrían parecerlo pero no lo son: ese espacio, esas relaciones y esos personajes tienen su base en una experiencia vivida por el autor, si bien algunos asuntos no hayan nacido de la propia realidad sino que sean consecuencia de su fructífera imaginación.
Con
unos diálogos muy trabajados, los personajes van creciendo en un relato en el
que las acertadas descripciones potencian la credibilidad de la historia
contada. Y, en ocasiones, como decíamos más arriba, parecerá fruto de la
imaginación lo que no fue sino la más pura realidad: una pretendida granja
último modelo de la modernidad y de la tecnología que albergaba en su interior
un sistema de relaciones sociales muy cercano a la esclavitud, cuya expresión
alegórica sería sin duda el palacete del amo rodeado de las infraviviendas de
sus obligados súbditos.
Puede
que algunos lectores supongan que Ganadería diplomada no sea
sino un ajuste de cuentas que el autor ha tardado casi cincuenta años en pasar
a limpio. Más bien me parece a mí que lo que ofrece esta novela es la
melancolía de que todo podría haber sucedido de una forma mucho más humana,
pues aquella granja podría haber albergado familias que en ella hubieran
encontrado unas aceptables condiciones de vida y trabajo, y en la que el
negocio de sus dueños podría haber dado unos sanos beneficios económicos y
sociales. En pocas palabras: lo que el autor nos está presentando, a mi
entender, es la línea que separa el espacio de irracionalidad y primitivismo vivido de
una realidad imposible ya, pero más aceptable y más humana.
Quizá
Javier Bermejo no nos esté mostrando un ajuste de cuentas con el pasado, un
pasado que recuerda como incomprensible por su evidente irracionalidad, sino
describiendo un ya improbable proyecto de bienestar. Y, por lo tanto, Ganadería
diplomada no sería solo la disección de un episodio de corrupción en
el franquismo sino, sobre todo, una llamada de atención acerca de aquello a lo
que nunca se debería llegar, ni entonces ni ahora: la esclavitud, la usura, la soberbia y la irracionalidad.
Javier Bermejo
Bermejo ha sido profesor de Lengua y Literatura Españolas en el Instituto Isaac
Albéniz de Leganés (Madrid), y en ese centro ha desempeñado casi toda su labor docente
hasta su jubilación, que tuvo lugar en septiembre de 2016.
Además de dar clases
de Lengua, que es lo que mejor sabe hacer, Javi fue, durante muchos años, jefe
del Departamento de Lengua en su instituto. De su buen hacer solo diré una cosa: cada
principio de curso, Javi siempre era el último de los profesores de su
departamento en elegir horario; una razón de peso para darse cuenta uno de que
los horarios eran justos y equilibrados.
Si siempre disfrutó dando clases de
Lengua y Literatura, más disfrutaron los que tuvieron la suerte de ser sus
alumnos, ya fuesen de bachillerato o de la ESO, incluidos los de primero, ya
resultaran alumnos eficientes y aplicados o carecieran de habilidades sociales
positivas.
Si Javi se lo pasó bien año tras año, hasta 33, dando clases de
lengua y literatura, me consta que tanto o más disfrutó cuando durante 9 años
fue profesor de MAE (Medidas de Atención Educativa), la asignatura alternativa
a Religión. Y fue así porque, siguiendo un Plan de lectura riguroso, del que él
era coordinador y uno más de los profesores que la impartían, vio participar a
más de 2500 estudiantes en este plan de lectura. Las condiciones solo eran dos:
una, que los alumnos previamente propusieran libros para leer; y dos, que una
vez por semana, acompañados de su profesor, leyesen en la Biblioteca, y en
silencio, los libros que esos alumnos de 13 y 14 años habían propuesto. Un éxito.
Muchos profesores llegados de otros centros otros centros no acababan de
creérselo: pero así era y así fue, durante nueve años, en sus clases de MAE y en
las de los demás profesores de esta materia. Javi suele decir que ha sido su
máxima satisfacción como profesional y como amante de la lectura.
Desde hace
muchos años, al llegar el uno de noviembre, la fiesta de los Santos, Javi
dirigió, con alumnos de su instituto Isaac Albéniz, la puesta en escena de la
obra de teatro Don Juan Tenorio, de la cual es ya todo un
especialista, pues la ha montado muchas veces.
Quizá por eso, y por
su interés por las buenas lecturas de los clásicos, Javi preparó en 1993, para la
editorial Edelvives, una edición comentada del Tenorio, con su guía
de lectura correspondiente. Y lo mismo hizo en 2004, y para la misma editorial,
con El alcalde de Zalamea, de Calderón.
Por otro lado, en 1986,
obtuvo el primer galardón de la primera edición de los Premios Prensa-Escuela,
por una serie de trabajos escolares sobre el SIDA.
Además ha escrito
unas 40 crónicas de carreras en edición colectiva. Y es que así
llegamos a otra de las facetas de Javi, pues además de un profesor excelente es
un deportista nato. Si ya de pequeño era un buen jugador de fútbol, de mayor,
con 48 años, se hizo corredor: 27 maratones en 15 años
y su mejor marca, 2 horas y 59 minutos, con 51 años y 42,195 km. En
menos de tres horas. Bajar de 3 horas es la aspiración de los buenos corredores
populares, que suelen conseguir a los 36, 38 años como muy tarde. Javi suele
preguntarse ¿qué habría hecho con 35? De lo que está seguro es de que si
hubiera empezado a correr con 20 años ahora estaría con las caderas
destrozadas, eso que ha ganado por empezar tarde. Ahora está en 3 horas y 40
minutos, los años no perdonan. Pero fue el primero en su categoría en Badajoz
en 2015. Por cierto, que de esta marca se enteró cuando ya estaba en Madrid,
así que se quedó sin podium y sin premio, pero le supo igual de bien o mejor
aún.
Javi dice, con cierta guasa, que por lo visto llega tarde a todo. Ya tenía
en mente que al jubilarse iba a escribir un libro. Eso dicen muchos, pero él ya
tiene el libro acabado y publicado: Ganadería diplomada.
Y termino
con unas palabras suyas: “Todo eso que de mí se diga no sirve para nada a la
hora de leer mejor o peor, o dicho de otra manera a la hora de disfrutar más o
menos de la lectura de un libro. Cuando más he disfrutado de la lectura fue a
los 14 años, con Marcial Lafuente Estefanía, José Luis Martín Vigil
y cosas así. Sin la pasión con la que leí todo eso, no habría descubierto
después todo lo demás".
https://roblesamarillos.blogspot.com/2014/07/aquella-granja.html
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domingo, 7 de julio de 2019
miércoles, 3 de julio de 2019
Álbum de Puerto Castilla
Aquí traigo una colección de fotos de Puerto Castilla en la que reúno imágenes de varios paseos por el pueblo.
- Una mañana fría de nieve en febrero de 2001, desde el puente del Molino hasta el barrio de abajo.
- Una mañana tranquila y soleada de julio de 2004, haciendo el mismo recorrido que en 2001.
- Un breve paseo por la infancia, con fotos de finales de los años cincuenta.
- Un epílogo con fotos de octubre de 2014, apuntando ya el otoño en la luz y en los árboles.
Álbum de Los Navalmorales

Una colección
de fotos de Los Navalmorales en la que reúno, después de una breve cabecera,
imágenes de diversos paseos de estos últimos años, acompañada de la Rapsodia
húngara de Liszt.
- Una tarde parda y fría de invierno, la nieve, el anochecer y la mañana radiante del día siguiente.
- Un breve paseo a finales de febrero, con los almendros en flor.
- Una mañana de septiembre en blanco y negro, justo después de las fiestas del Cristo.
- Una mañana de verano, desde el alba hasta la salida del sol.
- Un día de otoño, lleno de sol y campo.
El patio de la casa
El seis de
octubre de 2011, me publicaron en la página, cuaderno lo llama él, de Antonio
Muñoz Molina, mi escrito “El patio de la casa”. Y fue bastante leído y
comentado. Nadie sabía quién soy, Antonio Aravalle, un seudónimo mío,
como el de otro cualquiera, un lector más de Muñoz Molina y de su cuaderno.
Dos años después,
aprovechando que era verano, y que el texto nos situaba en otro verano,
me pareció bien subir aquí de nuevo el texto, y también algunos comentarios
publicados al respecto en el cuaderno de Muñoz Molina, eso sí, sin el nombre o
seudónimo del comentarista.
Hoy, seis años
después de publicarlo en este blog, lo traigo de nuevo, por ser verano, por el texto
y por los comentarios. Todo junto forma una miscelánea jugosa y llena de vida.
"Estoy en el patio de la casa del pueblo. Son las siete
de la tarde de un caluroso y seco domingo de agosto. Sentado a una mesa redonda
de patas cortas, alrededor de la cual hay cuatro sillitas bajas de anea, de
esas que se usan para salir a la fresca, en las noches de verano, a darle al
pico con los vecinos, miro pausadamente el patio y, en la placidez de la tarde,
intento darle un apunte al pintor que un día pretenda dibujar este espacio
apacible y añejo.
Enfrente de mí hay una pared blanca y una puerta que une el
patio con la herrén y las cuadras. Al fondo se ve un cobertizo con tejado
árabe, sobre el que resbalan los rayos amarillos, aún intensos, del sol. En un
rincón, más a la derecha, testigo de los años y ajena a las tormentas, hay una
parra vieja y abandonada a su suerte durante mucho tiempo. Está sin podar pero
tiene animosas ramas verdes, que van avanzando como lianas persistentes por las
guías que les hemos marcado para ayuda y sostén, y rugosos troncos, como
sarmientos viejos, de los que penden racimos cumplidos de uvas color miel, que
aquí llaman de cojón de gato. A estas horas todavía nos cobija del calor,
pues está sabiamente plantada y eficazmente orientada hacia la sierra del
Santo, desde donde por la mañana el sol tempranero inunda el pueblo de luz y de
calor.
Al lado de la parra hay dos puertas. La situada a la izquierda
nos abre el paso a una cocina de pastor, con chimenea de tiro rápido y diestro
trazado, que sólo devuelve el humo de la lumbre en los ratos de tormenta
aparatosa y de ventarrones otoñales. Es una habitación de unos dos metros de
altura, cuyo tejado descansa en un entramado de cuartones y cañizo. Un
ventanuco que da a la herrén, dos faroles antiguos que jalonan la repisa de la
chimenea y las tenazas y las trébedes traen recuerdos imposibles de su dueño
antiguo, el tío José Melchor, que, con su familia, pasaría aquí las largas
noches de invierno, contemplando hipnotizado el lento discurrir de las llamas,
el borboteo de algún puchero y el paralelo fluir de silencios y conversaciones.
A la derecha de la parra hay una puerta antigua de madera,
curtida por el tiempo, con dos campanillos que suenan cuando se abre y se
cierra. Da acceso a una cuadra, con pesebre de mampostería y una cama
persistente de paja en el suelo. Aún se conservan en ella algunas garrafas, que
en su día servirían para el acarreo del aceite de oliva desde el molino hasta
las tinajas ubicadas en la troje, donde el tiempo iría aportando color y
densidad al líquido.
En la pared de mi derecha hay un amplio ventanal, desde el que
se vislumbra una sala de estar y una cocina moderna, que aprovecha la luz del
patio para disfrutarla, a buen cobijo, en las apacibles mañanas de invierno y
en las tardes de primavera y otoño. En esta estancia había una
chimenea, ahora habilitada como lugar que concita miradas
y oídos, pero no para ver las brasas de la lumbre, ni para oír el
chisporroteo de los troncos, sino para ubicar la televisión y las cadena de
sonido, esos medios modernos que cumplen la misma función que el fuego de las
chimeneas después de cenar: la ensoñación de imágenes lejanas y ruidos
diversos, aportados antes con el relato de algún experto en cuentos y chismes,
y hoy con el mecanismo de un interruptor que acciona la entrada en la casa de
mundos ajenos e idiomas de todos los lugares.
A mi espalda está el hastial posterior de la casa, con una
puerta de cristales rectangulares, protegida por una cortina, que da acceso al
portal, umbrío y fresco en verano y luminoso y cálido en invierno. En la parte
inferior de la pared, una ventana desahoga el baño de olores y humedades, y lo
llena de luz filtrada por una persiana de madera. Este hastial, blanco de cal,
contrasta con la fachada delantera, de color beige, como las demás viviendas de
labradores y pastores del pueblo. De dos plantas, la casa conserva su sabor
antiguo, si bien en sus tripas lleva tuberías de calor y de agua, de
electricidad y de gasóleo, para permitir una vida más cómoda sin perder la
estructura antigua. El portal es de baldosín viejo y tiene techos de madera y
ladrillo visto. Este espacio da acceso a dos dormitorios amueblados sobriamente
y en los cuales destaca algún detalle antiguo, como un cabecero de hierro con adornos
dorados o unas ventanas de madera, con sus postiguillos, que atenúan la luz en
la siesta y producen sensaciones placenteras de claridades y de sombras. Al
lado de los dormitorios, un baño espacioso, elegantemente distribuido y
decorado, da a la casa un toque señorial en el lugar más visitado después del
patio.
Desde el portal, subiendo por una escalera de empinados
escalones, llegamos a la troje, cuyo techo es un entramado de madera y cañizo,
como el de la cocina de pastor, pero abierto a dos aguas y con una altura
respetable. Hay tres ventanucos, que permiten contemplar la sierra del Santo,
los tejados del pueblo y un plácido semblante de patios encalados, que se
extienden hacia las llanuras del sur, salpicadas del verdor de las higueras y
de las parras.
Y por fin, a la izquierda de la mesa desde la que esto
escribo, está la puerta falsa, por donde en su día entraban y salían las ovejas
y las cabras. Al contemplarla en este momento de la tarde, se puede oír, en la
melancolía de los tiestos y en el silencio de las piedras, los balidos de las
ovejas y sus campanillos rumorosos y sosegados, y se puede ver el reguero de
cagarrutas que dejaban, e incluso sentir cómo su olor, dulzón y algo desabrido,
penetra por la nariz. Aún hoy, Linda, nuestra perra, descendiente de careas, se
pasea por la herrén y por las cuadras olisqueando rincones, persiguiendo quizá
el rastro de algún perro antiguo y pusilánime, o acaso en celo.
Y cerca, muy cerca de la parra, bajo su sombra, en una sillita
baja, Mariví cose una cortina para la puerta de la calle, y lejos de sus
artículos, de su ordenador y de sus clases, evoca la higuera y el patio de su
abuela La Fraila, donde, siendo niña, un día aprendió a
bordar. Sintiendo el rumor profundo de sus raíces, mira a su alrededor y evoca
desde este espacio vivo, y sin embargo antiguo, aquello que se fue, la
infancia, y lo que queda de ella en este patio, que aún conserva el pilón del
agua de la sierra deslizándose entre líquenes verdosos.
Así es el patio de la casa, irregularmente cuadrado y
plácidamente sombrío, a estas horas de la tarde. Aquí pasamos los atardeceres
de agosto, oyendo el reloj de la torre de la iglesia, el canto de algún gallo,
el pregón del último buhonero o el rumor de las conversaciones de los vecinos.
Cuando ya ha anochecido, la temperatura desciende y es el
momento de reponer fuerzas cenando gazpacho, algo de carne guisada y fruta
fresca. Y después, un paseo con los amigos y una animada tertulia con un buen
vaso en la mano. Y en la madrugada, cuando se tercie, volver tranquilos a casa,
tender una manta en el suelo del patio, echarnos en ella para contemplar las
estrellas y después acostarnos sin prisas y sin despertadores."
Antonio Aravalle
Verano de 1995
Dedicado a Mariví
Comentarios
1
Qué apacible vida Antonio. Y qué hermoso cuadro. Lo describes
tan bien que casi llega el olor de las uvas en la parra y los restos del ganado
en la piedra. Espero sigáis disfrutando de esa bonita casa de pueblo en las
noches estrelladas. Gracias por compartirlo.
2
¿Eres Antonio de la Mancha? Muchas gracias por tu escrito. Lo
has pintado como lo haría Antonio López.
3
Tengo que buscar el significado de alguna de las palabras, no
creo haberlas oído antes: “hastial”, “herrén”, “troje”.
4
Nosotros también teníamos cuadras, y una gloria (en el diccionario
de la RAE no aparece ninguna explicación que me guste para la gloria), que era
un cuarto bajo cuyo suelo se quemaba la basura de la casa y tenía las baldosas
ardientes incluso en pleno invierno. A nuestra Linda (se me ha hecho un nudo en
la garganta cuando he leído su nombre) le gustaba parir en el cuartucho de las
ovejas dentro de la cuadra y nos obligaba a mezclar las ovejas con la mula
durante unos días para que estuviese tranquila.
Tenemos aún un par de tumbillas en el palomar, que es como seguimos llamando al desván (es curioso que sí aparezca como conozco la “tumbilla” y no la “gloria”, en el diccionario).
Tenemos aún un par de tumbillas en el palomar, que es como seguimos llamando al desván (es curioso que sí aparezca como conozco la “tumbilla” y no la “gloria”, en el diccionario).
5
Tengo aún recuerdos de subir a coger pichones, desplumarlos
sentadas en una de las sillas que menciona, con un caldero entre las piernas y
echarlos después al arroz.
6
Yo encuentro todavía más palabras que no conozco que Serapio,
“careas”, por ejemplo.
7
He entendido que careas es la anterior perra/o, un progenitor
de La Linda. No sé.
“La puerta grande”. Ramón J. Sender.
8
La tal Teresa hacía muy bien. Es que nunca hay que estar dentro
de la habitación con la tumbilla, porque si se quema mal el rescoldo, te atufas
(es un decir, se genera CO en lugar de CO2 y es tóxico y fácilmente mortal.
Bloquea el lugar de unión del oxígeno -el grupo hemo- de la hemoglobina (Nobel
en 1962 a Perutz y Kendrew por cristalizarla), de los glóbulos rojos y nos
ahogamos).
9
Me comento a mí misma. Pero me parece que el Sender igual no
llegó a usar una. “Con fuego”, dice. Si llega a ser con fuego, buena se hubiese
puesto la abuela si le quemas las sábanas. Se pone rescoldo, las brasas que
quedan de la lumbre por la noche y se las tapa con ceniza para que no saquen
llama y la líen.
10
Una vez nos invitaron a pasar un día en Consuegra. Paseando
por sus calles veíamos en las alturas, como centinelas imponentes, los molinos
de viento que tanto sulfuraron a Alonso Quijano. Nuestros amigos vivían en una
casa como la que tan bien has descrito. Ahora bien, todas las estancias:
cuadras, herrenes –tampoco lo había escuchado nunca; es lo que tiene ser de
ciudad- y demás, estaban dedicadas a trasteros y habitaciones. Me parecía, en
cuanto he comenzado a leer tu entrada, que era esa misma casa. Las parras, las
plantas, la cantidad de puertas alrededor del gran patio, como dando paso a
sitios secretos… Muy bonito; pero cuando nos fuimos de allí supimos que no nos
gustaría vivir en una casa como esa.
Me ha gustado, Antonio.
11
Qué difícil es hacer eso que comenta, que una chimenea sólo
devuelva el humo cuando el tiempo está rabioso. Con los ladrillos que recogimos
de las antiguas chimeneas de Altos Hornos de Vizcaya (como mucha otra gente,
aquello parecían los pabellones desolados de Detroit poco después de su cierre)
hicimos una chimenea nueva en el palomar. Los ladrillos son estupendos, pero
las vueltas que dimos para que tirase bien. Hasta que no vinieron varios
“entendidos” por casa y nos solucionamos el problema, estuvimos un buen tiempo
teniendo que abrir la puerta para que hiciese tiro y el humo se fuese chimenea
arriba.
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Hay una cosa curiosa de las chimeneas de pueblo que yo he
experimentado. En las noches frías, en esas en las que el aire, de puro frío,
vibra como si fuese un diapasón al menor ruido, los sonidos del hogar ascienden
por el tiro y se disemina en el aire recogiéndose en la caperuza de otras
chimeneas, introduciéndose en los lares vecinos. Por todos es sabido que no hay
que contar secretos junto a la lumbre de la chimenea, si no se quieren
dispersar como humo al viento.
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Por todos no era sabido, que yo me acabo de enterar ahora y
habrá más gente que lo ignore.
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Siempre me ha atraído contemplar el fuego vivo en una
chimenea. La luz , el calor que desprende y ese movimiento misterioso me atraen
poderosamente. Tiene que ser maravilloso descansar con un libro o en una
tertulia junto al fuego. Y también con una copa de vino bueno. :-)
Una noche horrorosamente fría estaba leyéndole “La Regenta” a
mi abuela junto al fuego. En un momento dado me dio por escribir con un tizón
nuestros nombres en la campana de la chimenea, por dentro, en un ladrillo.
Están todavía ahí. Cada vez que vuelvo lo compruebo. Antes nos
gustaba mirarlo año tras año a las dos.
A alguien le habrá tocado esta noche, como casi todas a partir de agosto. O a lo mejor este año está siendo inusualmente cálido por todos lados. No sé.
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En el patio de mi casa, con mis padres, conversa un arriero
que porta en un costal cinco o seis quesos curados. El vendedor lleva en la
cabeza una boina negra y viste una blusa ancha del mismo color. Tiene al hijo
haciendo la mili en Jaca (Huesca), y la niña se ha ido este verano a servir con
unos señores de la capital de muchos posibles.
Ha dicho que la cuenta del queso la haga el muchacho, y el muchacho soy yo.
En la escuela me manejo bien con los problemas de matemáticas que hay en los libros, pero cuando me plantean estas operaciones con el queso delante y con gente extraña, hay veces que me salen cantidades raras que no cuadran con el peso del queso o el precio del kilo.
No me gustan estos exámenes caseros…
17
Entro aquí y leo y por un rato, mientras los leo, siento que
soy una intrusa, que estoy espiando unas vidas tan distintas de la mía. Una
intrusa espiando, metiéndome en la intimidad de unas vidas ajenas. Y pienso:
mis abuelos sabrían el significado de todas estas palabras que yo tengo que
buscar en el diccionario. Mis abuelos habrán tenido vidas parecidas a estas,
habrán hablado con palabras parecidas a estas, habrán vivido en casas parecidas
a estas. Qué habrán añorado, de qué se acordarían todavía cuando ya eran muy
viejos y todo aquello había quedado tan atrás, tan del otro lado imposible del
mundo. Con quién hubieran podido hablar de sus recuerdos, a quién hubieran
querido tener cerca para poder charlar de esas cosas que sus hijos y sus nietos
ignorábamos.
Gracias por estos recuerdos. De alguna manera oscura son también son los míos, aunque yo sea una intrusa.
Gracias por estos recuerdos. De alguna manera oscura son también son los míos, aunque yo sea una intrusa.
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¿Leyendo “la Regenta” con tu abuela junto al fuego? Qué
momento inolvidable y mágico. :-)
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Parece que en cualquier momento van a aparecer por el patio a
‘bacinear’, Plinio, el jefe de la GMT y su compañero de aventuras don Lotario.
Esta entrada hubiera tenido toda la consideración de Fco. García Pavón. Sin duda.
Esta entrada hubiera tenido toda la consideración de Fco. García Pavón. Sin duda.
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Todos los libros son buenos. :-)
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Es impresionante la vastedad de cosas que confluyen en cada
persona.
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