lunes, 23 de febrero de 2026

Mi 23-F


"Después de un duro día de trabajo llegué a casa. En la cocina preparé algo de merienda, fruta y un café con leche. Una letanía monótona de síes y de noes se oía en la radio: era la votación en el Congreso de los Diputados para elegir como Presidente del Gobierno a Leopoldo Calvo Sotelo, tras la fulminante dimisión de Adolfo Suárez. De repente, se oyó un ruido muy fuerte, como un portazo o un tiro. Dejé de comer al oír la voz del locutor, una mezcla de sorpresa y de miedo. Decía que un teniente coronel de la guardia civil acababa de entrar en el hemiciclo y, pistola en mano, se dirigía a la tribuna.

 —¡Quieto todo el mundo! 

El locutor permaneció callado mientras una algarabía de tiros y un jaleo de voces sembraba el pánico.

—¡Al suelo! ¡Al suelo!

Después se oyó una voz amenazante:

—¡Corta, que esto se mueve!

Y se acabó la transmisión en directo.

 Aparté la bandeja de la mesa y me quedé pensativo. Estaba claro, parecía ser el golpe de Estado del que tanto se había venido hablando en aquellos últimos meses. ¿Quedaban en casa papeles comprometedores de la época del PCE? ¿Habría problemas en la carretera de Burgos, por donde tenía que venir María José desde su trabajo? La radio había quedado muda de noticias y la televisión también. En onda corta tampoco decían nada.

Tomo un papel y hago unas cuentas. Desde el 14 de abril de 1931, día de la proclamación de la segunda República, hasta el 18 de julio de 1936, el comienzo de la guerra, transcurrieron cinco años, tres meses y cuatro días. Desde el 20 de noviembre de 1975, día de la muerte de Franco, hasta hoy, 23 de febrero de 1981, han transcurrido exactamente cinco años, tres meses y tres días. No es posible, no puede ser. ¡Qué coincidencia! Esta vez no puede triunfar algo así. Y sale en mi consuelo aquello que dijo Marx: «La historia ocurre dos veces: la primera vez como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa».

Ninguna información nueva. Llegó María José sin problemas. Hicimos algunas llamadas y recibimos otras, entre ellas la de Dámaso, un compañero del Machado que conocía mi militancia pasada en el PCE y que ofreció su casa por si fuera necesario. «Gracias, Dámaso», le contesté emocionado. Por la calle, ni un alma. Nos acostamos sin saber más detalles. El sueño no llegaba, así que pusimos la radio: seguían con música clásica. En la tele continuaban los documentales de animales salvajes. De madrugada vimos el discurso del Rey por televisión. El golpe de Estado parecía ir fracasando. Al amanecer, ya estaba abortado. Yendo hacia el trabajo, me enteré de que el periódico El País había sacado una edición, cuando aún nada estaba claro, con un titular a toda página: «El País con la Constitución».

En la sala de profesores del colegio había corrillos en los que se hablaba del golpe. Cuando una maestra defendió toda ufana a los golpistas, algunos dijimos alto y claro: «Compañeros: a la rutina cuanto antes». A lo largo de la mañana, los golpistas se fueron entregando y, con el tiempo, fueron apartados de las fuerzas armadas y condenados a penas de cárcel. Un año después se abrieron las urnas de nuevo y los españoles dieron la mayoría absoluta al PSOE, una votación masiva que apoyaba un cambio tranquilo. Casi toda España respiró ilusionada. Se notaba que, por fin, se iba asentando la democracia".

(Este texto lo escribí hace catorce años. Hoy es un capítulo más de mi libro Robles Amarillos)

Imagen en blanco y negro de un grupo de gente en la calle

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Unos comentarios desde hoy

Cuarenta y cinco años transcurridos desde entonces son muchos años, es media vida vivida, es pasar de los 29 que estaba yo a punto de cumplir aquella tarde a los 74 que mañana espero alcanzar. Me he hecho mayor, sí, he pasado de ser aquel joven que había tomado posesión de una plaza definitiva de maestro de Lengua Castellana y Literatura en el Colegio Público Antonio Machado de Madrid, a este señor que ahora mismo está escribiendo estas líneas, un abuelo que vive sus años dorados de jubilación apacible después de cuarenta años ininterrumpidos de ir al colegio y al instituto a dar clase con ganas y con ilusión.

Cuarenta y cinco años son muchos años, también para un país como España, un país que venía de una guerra civil trágica y cruel que duró tres años, y de una dictadura cuartelera y sanguinaria que llegó hasta los cuarenta y que, francamente, muerto el jefe de todo aquello, no podía sino abrirse  al mundo y alcanzar las libertades. Y con la mano estaban ya tocando los españoles esas banderas, después de cinco años conflictivos, que luego fueron conocidos como los años de La Transición, cuando unos autocares llenos de guardias civiles aparcaron ilegalmente en las aceras del Congreso de los Diputados y, como si  fueran de visita a la sede del poder legislativo, de ellos bajaron los uniformados y entraron en el hemiciclo y, diciendo todos al suelo, dispararon unas ráfagas de tiros al techo dando a entender que aquello era un golpe de estado y que, por tanto, el poder ya no iba a residir en aquel salón de plenos sino en el sillón del jefe militar que mandaba de verdad sobre aquella tropa. Al día siguiente, aquellos uniformados salieron de allí derrotados y detenidos y, meses después, otros uniformados, eso sí, togados, los sentenciaron a largos años de condena por la ilegalidad de su felonía.                      

También la democracia española se ha hecho mayor, es verdad, pero los países no se jubilan como si fueran personas, han de seguir adelante porque la vida sigue y las generaciones se suceden unas a otras, como no podría ser de otra manera. España, decimos, está en proceso de cambio, y eso es bueno; eso es bueno solo si se acierta a hacerlo bien. Y para que saliera bien, sería necesario que cada española, que cada español, cuando fuera a la urna a depositar su papeleta, no la depositara votando contra alguien sino eligiendo a aquellos que, a su buen saber y entender, mejores ideas tengan para renovar, con los pies en el suelo, este país antiguo y nuevo, dejando arrumbados a los partidos imbuidos de demagogia y que, a buen seguro, ven con buenos ojos lo sucedido en el Congreso aquel día de infausto recuerdo.  Quizá la decisión del Gobierno actual de desclasificar los documentos del 23-F  sea una buena ocasión para profundizar en estos temas y ver dónde y cómo se sitúa cada uno.


 

sábado, 20 de diciembre de 2025

El Rollo de Los Navalmorales

Fotografía del Rollo de Los Navalmorales tomada por el Conde de Cedillo hacia 1917


En el año 2003, de común acuerdo, nosotros dos, Ramón Lafuente y Jesús Bermejo, decidimos conocer en profundidad la historia del Rollo de Los Navalmorales. Así que fuimos al Archivo Histórico Municipal y, con el permiso de la alcaldesa, Mónica Cortijo –que nos atendió con eficacia y amabilidad–, consultamos los legajos correspondientes a dicho asunto. Siempre fuimos avanzando en nuestro estudio con el auxilio del libro(1) del historiador Antonio Palomeque, titulado El Señorío de Valdepusa y la concesión de un privilegio de villazgo al lugar de Navalmoral de Pusa en 1635. Esa ayuda fue impagable sobre todo en lo referente a la construcción del Rollo.

          Portada de El Señorío de   Valdepusa de A. Palomeque, 1946 

Recuerdo que entresacamos literalmente del mismo algunos párrafos tratando de contrastarlos con lo encontrado en los legajos del Archivo Municipal:

El uno de octubre de 1653... en las eras del Espartal “se levantó e fixó en el suelo una Horca de tres palos en alto”, y cerca de ésta… “se fixó en el suelo un Rollo de madera alto con sus garfios e cuchillo” [...]. Pocos años después de la erección de este primer rollo de madera, se construyó otro de granito [...] en la plaza del Rollo… Hemos podido ver un recibo del maestro de cantería acusando la entrega de varias cantidades para su confección del tres de septiembre de 1656 […] y un “Memorial de las personas que van haziendo mandas para hacer la picota(2)” de siete de marzo de 1659.   

 

       Fragmento del legajo del Archivo Histórico Municipal de Los Navalmorales sobre el levantamiento del Rollo, 1657 

Hay quien suele tomar como sinónimos picota y rollo, pero no siempre fue así. Las picotas eran lugares públicos de ajusticiamiento, con sus garfios y sus cuchillos. Los rollos manifestaban la libertad jurisdiccional de las villas. En algunos pueblos, los rollos sumaban ambas funciones, pero parece ser que ese no fue el caso de Navalmoral de Pusa, dado que el Rollo tuvo una sola misión: ser símbolo de la libertad jurisdiccional de la villa, una libertad otorgada por cédula real que emancipaba a Navalmoral de determinadas obligaciones respecto del señorío de Valdepusa. 

El Rollo estuvo en la plaza que lleva su nombre desde 1665, año en el que se erigió, al menos hasta 1917. En El Señorío de Valdepusa, Antonio Palomeque expone con claridad la decadencia de estos símbolos a partir del absolutismo borbónico (siglos XVIII y XIX):

Estos símbolos de autonomía municipal comienzan a decaer, más que con la aparición de reformas humanitarias en la justicia, por la anulación política de las villas y por la decadencia de la vida municipal. Con el absolutismo borbónico los rollos comienzan a caer y muchos son demolidos o trasladados, como el nuestro, que pasó [...] de la plaza del Rollo [...] a la explanada que en las afueras de la villa se extiende ante el convento de Capuchinos, hoy en ruinas(3).

 

Nacido en 1908, Palomeque afirma en su libro que “este rollo de piedra lo hemos conocido todos los de mi generación y por sus gradas más de una vez hemos jugado de niños”. Y Telesforo Navas (n. 1912), en una conversación que mantuvimos con él, recordaba haber jugado también de niño en el citado Rollo, ubicado en la plaza de su mismo nombre.

Hacia 1917, el Conde de Cedillo hizo una fotografía de dicha plaza, que es todo un documento de referencia. En ella se nos muestra que el Rollo tenía garbo y, aunque de materiales toscos, mostraba cierta galanura. En 2003, basándose en la citada foto, uno de nosotros, Ramón Lafuente, hizo una proyección de las posibles dimensiones del Rollo y concluyó que el conjunto debió de tener 6,5 metros de alto: las gradas medirían 1,40 m. de alto y la columna (base, fuste y capitel) 5,10 m. En cuanto al diámetro del fuste, se dedujo que estaría entre 0,40 m. y 0,60 m. ya que no era uniforme su grosor. Dichos datos casi concuerdan con los anotados por Telesforo Navas, quien aseguraba que tendría unos 7 metros de alto y que el diámetro de la columna sería de 0,70 m.

     

                                    Proyecciones de las posibles dimensiones del Rollo. Ramón Lafuente, 2003

En el número 17 de la revista Forja(4), de Los Navalmorales, publicado en otoño de 2008, Francisco del Puerto escribió un artículo sobre el Rollo antiguo y el nuevo. Comenzaba así:

Acaba el Ayuntamiento de colocar una réplica de lo que fue el rollo municipal que, como símbolo de autonomía jurisdiccional de su antigua dependencia del Señorío de Valdepusa y su conversión en villa, se exponía como atributo jurídico en sitio público del término municipal.

En dicho artículo se nos da cuenta de que el 22 de marzo de 1917, el Conde de Cedillo pronunció una extensa y bien documentada conferencia en el Ateneo de Madrid con el título “Rollos y picotas en la provincia de Toledo(5)”, del que entresacamos lo referido a Los Navalmorales:

Navalmoral de Pusa parece haber sido fundado en el siglo XIV por dependientes (sic) de los Gómez de Toledo, que poseían el señorío, y dependió, desde su fundación, de San Martín de Pusa. Deseando recabar su libertad jurisdiccional, sirvió al rey Felipe IV con 17000 reales […] y, para premiar el lugar, el monarca le hizo villa por cédula de 21 de septiembre de 1653, según consta en el privilegio de villazgo, que se conserva y he examinado en aquel Archivo Municipal. En cumplimiento de la Real Disposición, el Juez de Comisión, Francisco Navarrete, pasó a Navalmoral en 1º de octubre del mismo año, hizo los nombramientos de justicias, revisó los pesos y medidas, amojonó el término y mandó levantar “un rollo y picota con sus garfios y cuchillos”, ordenando que se pusiera en sitio público. El rollo se conserva íntegro y está en el centro de la plaza que llevaba su nombre, hoy de la Constitución. Es todo él de piedra y de buena labor. Sobre una gradería de cinco escalones se alza la toscana columna, en cuyo capitel descansan un cuerpo curvilíneo y estriado y un laboreado apéndice, terminando el conjunto en una cruz de hierro. En la columna se lee esta inscripción, indicadora de la fecha en que se erigió el rollo: EN DOS DE JVLIO DE 1665 AÑOS.

En algún momento indeterminado, siempre posterior a 1917, el Rollo fue trasladado al Ejido. Allí quedaría ubicado hasta 1931. Con la proclamación de la II República, y aprovechando la confusión inicial, es muy posible que el Rollo fuera arramblado. En el parque municipal oímos decir a varios abuelos, en el verano de 2003, que algunos de los bancos de piedra que nos rodeaban tal vez provendrían de las gradas del Rollo, y que quizá otras habrían sido incorporadas a algunas casas particulares.


 
                                                                          Réplica del Rollo de Los Navalmorales, 2008     

Hay pueblos, como Espinoso del Rey, que tienen la fortuna de conservar aún sus rollos, atestiguando así su antigua autonomía jurisdiccional. Las circunstancias hicieron que otros pueblos, entre ellos Los Navalmorales, los perdieran en algún momento de su historia. La suerte es que, en nuestro caso, queda el testimonio documental del Archivo Histórico Municipal y la fotografía del Rollo del Conde de Cedillo.

Esos testimonios permitieron, en 2008, la colocación de una réplica de lo que fue el Rollo municipal en el sitio que este dejó cuando fue trasladado al Ejido. Un Rollo que fue símbolo de la conversión de Navalmoral de Pusa en villa y que se expuso, desde 1665, como atributo jurídico en el sitio preferente de la plaza principal del pueblo. Al unirse Navalmoral de Toledo y Navalmoral de Pusa, en 1835, el Rollo siguió siendo el santo y seña del pueblo, el símbolo de todos los vecinos en su lucha por la emancipación del señorío de Valdepusa.

                                                                                                                           Jesús Bermejo 

                                                                                                                               Ramón Lafuente


Notas:

(1) PALOMEQUE, Antonio: El Señorío de Valdepusa y la concesión de un privilegio de villazgo al lugar de Navalmoral de Pusa en 1635. Madrid: Instituto Nacional de Estudios Jurídicos, 1943. Edición facsímil, publicada en la Colección Vientos del Pueblo, nº 24, de la Mesa de Trabajo por Los Navalmorales, y patrocinada por el Excmo. Ayuntamiento de Los Navalmorales, 2006.

(2) Archivo Histórico Municipal de Los Navalmorales, Sección 16, tomo 335.

(3) PALOMEQUE, A.: El Señorío…, p. 54

(4) Mesa de Trabajo por Los Navalmorales, 2008 https://www.losnavalmorales.com/mesa/pdf/Forja17_web.pdf  (pp. 9-10).

(5) https://old.ateneodemadrid.com/biblioteca_digital/folletos/Folletos-0009.pdf

 

miércoles, 10 de diciembre de 2025

TO(le)DO CON VERSOS, un libro de Isi(d)oro Moreno: Presentación en Los Navalmorales

 


Biblioteca Municipal de Los Navamorales, 9 de diciembre de 2025

Presentación del libro To(le)do con versos. Rutas nocturnas guiadas por la poesía de los siglos XI al XXI. Editorial Cuarto Centenario. Editor: Francisco del Valle Delegido.

“Muy buenas tardes, señor alcalde, concejales, corporación municipal, Arturo (nuestro bibliotecario), amigos, paisanos y forasteros. Hoy nos acompañan incluso del Taller de Lectura de Azután. Bienvenidos.

Una vez más nos reunimos en este espacio para presentar el libro To(le) con versos de nuestro amigo y paisano, Isidoro Moreno Sánchez. Y ya van con esta tres.

Pues, como recordaréis dimos a conocer en abril de 2024 su poemario, verSOS menguantes y en ese mismo año, en diciembre, su otro libro de poemas, Perdido entre versos.

Después de unas frases que diré sobre la biografía de nuestro protagonista, Isidoro Moreno, Jesús Bermejo hará un recorrido sobre el contenido del volumen que hoy nos ocupa.

Jesús Bermejo, licenciado en Filología Románica por la Universidad Complutense de Madrid, profesor de Lengua y Literatura en colegios  e institutos, es autor de algunos vídeos premiados y de varios relatos publicados. Fue coordinador, entre 2014 y 2019 de la revista Forja, colabora con la Biblioteca de este pueblo, presentando libros y preparando recorridos literarios e históricos por diversos barrios de Madrid.

Recientemente, presentó en esta misma biblioteca su novela Robles Amarillos y escribe un blog que lleva el mismo nombre, Robles Amarillos.

A continuación, Isidoro Moreno nos hablará de esta antología poética, álbum fotográfico y guái por la imperial ciudad, To(le)do con versos y dará él mismo la voz a algunas lectoras de este Taller de Lectura:

Paloma Nevado (“Elogio a la ciudad de Toledo” de Félix Urabayen, 80-81),

Inmaculada Escalonilla (“La miliciana del Tajo” de Rafael Alberti, 96-97),

Flor Illán (“Junto a mis pies, la muerte” de María Teresa León, 102-103),

Lourdes Sánchez (“Toledo” de Gloria Fuertes, 110-111);

Y a los que estamos aquí en la mesa:

Jesús Bermejo (“Noche oscura” de San Juan de la Cruz, 40-41; “A su hermosa arquitectura”, de Juan Hidalgo Repetidor, 58-59; “Toledo no es azul” de Juan Marco y Alfredo Copeiro, 132-133);

Mariví Navas (“Toledo” de Florbela Espanca, 185 y 92; “Primer encuentro” en Toledario de Fina de Calderón, 116-117).

Por último, los asistentes podréis hacer las preguntas y comentarios que consideréis pertinentes.

Sobre nuestro paisano. Isidoro Moreno, en casos anteriores presenté al autor desde el punto de vista biográfico y bibliográfico. Así que me parece que los asistentes de hoy a este acto ya deben conocer la trayectoria de Isidoro:

Profesor en la Universidad Complutense, en la Facultad de Ciencias de la Información.

Experto en la creación de museos hipermedia en varios países del mundo. En ese sentido, en lo que se refiere a una propuesta para un museo en Los Navalmorales, realizó una que se publicó en 2021 (De ti para ti, tus raíces en tu Silo).

No olvidamos el gusto por su tierra como, por ejemplo, en la recopilación del cancionero inédito del tío Caserilla, Doroteo Martín del Río, su presencia habitual en la revista Forja y la colaboración en esta Biblioteca en la presentación de libros.

Ya mencioné entonces, su vertiente como guionista y realizador de cortometrajes y anuncios publicitarios.

Así como que es autor de una centena de publicaciones como autor o coautor, con millares de citas en los medios de su especialidad.

En aquella ocasión destacamos, asimismo, su interés sobre el patrimonio artístico durante la guerra civil y la posguerra, tema sobre el que ha publicado algunos artículos.

Así como estudios sobre poetas españolas del exilio, algunos de los cuales ha publicado en Forja.

A todo lo ya citado en las dos ocasiones anteriores, hay que añadir que recibió el Olivo de Plata en septiembre de 2024, premio que le concedió el Ayuntamiento de Los Navalmorales.

Y que en estos momentos es miembro de la Asociación Fotográfica de Toledo.

También mencionamos el interés de Isidoro Moreno por Toledo y la publicación que tenía en el horno sobre dicho tema. Nunca nos imaginamos que era una obra de tan gran envergadura como esta que tenemos hoy sobre la mesa.

Antes de dar la palabra a Jesús Bermejo, quiero mencionar que esta publicación llega a nosotros después de haber tenido varias presentaciones en diferentes lugares.

Primero, se dio a conocer en la Feria del Libro de Madrid, Parque del Buen Retiro, 13 de junio de 2025, donde compartió caseta de la editorial Cuarto Centenario con Rafael Cabanillas, escritor muy conocido por los miembros de este Taller de Lectura.

En octubre ha presentado en la Feria del Libro de Toledo, en la caseta  del gremio de escritores de Castilla-La Mancha, 11 de octubre 2025

También ha sido objeto de atención su libro en el Club de Lectura de Azután, 14 de octubre 2025.

Su obra se ha dado a conocer, asimismo, en el Festival del Cine y la Palabra de Toledo (CiBRA), en el Salón Rico de Toledo, 22 de octubre de 2025, acto que fue presentado ni más ni menos que por el director de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo, Eduardo Sánchez Butragueño. Y contó con la asistencia de la Teniente de Alcalde y concejala de Cultura y Patrimonio del Ayuntamiento de Toledo, Ana Pérez Álvarez.  A dicho acto asistieron poetas, artistas y cantautores, como Alfredo Copeiro, además de su editor,  Francisco del Valle Delegido.

Por último, se ha presentado en Biblioteca Pública Municipal Eugenia Trías-Casa de Fieras del Retiro, 26 de noviembre de 2025. Donde participaron Pedro Lavado, Jesús Bermejo y servidora. Además del cantautor Alfredo Copeiro.

Con base en algunas de las Rutas que propone el libro, Isidoro Moreno ha dirigido ya dos rutas por Toledo con los asistentes a los varios actos mencionados:

“Los poetas nos guían”, 11 de octubre de 2025

25 de octubre de 2025

Además, el volumen ha merecido una reseña a cargo de Javier Ruiz, “To(le)do con versos”, La Razón Castilla-La Mancha, 26 de octubre 2025. Y se le han realizado varias entrevistas en algunas emisoras.

Quiero con todo esto decir que To(le)do con versos llega hoy a nosotros con un recorrido de presentaciones de prestigio.

Lo que solo hace que agradezcamos que este ilustre paisano tenga el gusto de dar a conocer a los suyos lo que va publicando.

Y con tan buena mano".

                                                                                                                              Mariví Navas



Mis impresiones sobre el libro To(le)do con versos de Isid(o)ro Moreno.

"Estimado alcalde de Los Navalmorales, concejalas y concejales, compañeras y compañeros de mesa, amigas y amigos: muy buenas tardes a todos.

Quiero que mis primeras palabras sean de agradecimiento al autor del libro y al bibliotecario de Los Navalmorales, mis amigos Isidoro Moreno y Arturo Marqués, por haberme invitado a participar en esta mesa para expresar mis impresiones sobre el libro TO(le)DO CON VERSOS.

Fue en plena primavera, a primeros de junio, cuando nuestro amigo Isidoro Moreno, nos hizo, a Mariví y a mí, un regalo muy especial. Era un ejemplar de TO(le)DO CON VERSOS, un libro apasionante y osado, recién salido de la imprenta y publicado por la editorial Cuarto Centenario. En seguida hice unas calas, pero fue en el mes de julio cuando lo leí sin prisas y lo disfruté con deleite. Al terminar la lectura, quise felicitar inmediatamente a su autor, sin esperar a hacerlo en público. La pasión y la osadía de Isidoro Moreno habían logrado con su poder, fundir poesías, caminos y fotografías y hacer con ellos TO(le)DO CON VERSOS, un libro radiante, bien documentado y extraordinariamente editado. Isidoro: quiero, aquí y ahora, volver a darte las gracias por ofrecernos este libro.

Desde muy joven, Toledo ha sido para mí una ciudad única. Fueron bastantes los veranos en los que elegía un día y lo dedicaba a Toledo, casi desde el amanecer hasta el anochecer. Muchas han sido las veces que he ido a Toledo, en invierno, en verano, en otoño, en primavera, con lluvia, con calor, con niebla, de día, de noche. Perderme por Toledo ha sido siempre una de las mejores aventuras de mi vida. Y ahora, en esta etapa de jubilado trotamundos, voy a poder perderme de nuevo por Toledo, por alguna de las siete rutas que nos ofrece Isidoro Moreno, intentando gozar y saber más de esta ciudad tan seductora y tan universal.

TO(le)DO CON VERSOS es un libro que tiene dos partes. En la primera, su autor nos presenta una selección de textos de “las poetas y los poetas que soñaron y sueñan Toledo”, ordenados cronológicamente desde el siglo XI hasta el XXI, comentados con precisión bibliográfica y valorados con alma de poeta. Son sesenta poemas seleccionados “con la osadía que solo el amor es capaz de desatar”, como dice Isidoro Moreno en la presentación, acompañados de sendas fotografías que dialogan con los textos, los interpelan, intensifican su contenido y subliman su belleza formal.

En la segunda parte, Isidoro Moreno nos propone siete rutas nocturnas guiadas por los poemas que constituyen la primera parte. Son rutas intramuros y extramuros de la ciudad, en las que se señala la duración aproximada, se enumeran los hitos más destacados referidos a diferentes etapas históricas, se seleccionan los poemas más acordes con los lugares visitados y se expone información complementaria muy atinada. Sirva de ejemplo la Ruta 4, “Entre versos por los miradores del Valle: desde el Puente de Alcántara hasta el Puente de san Martín”, cuatro km. de senda que permiten contemplar la vista nocturna más bonita del mundo según la JCCB (Oficina de Congresos y Convenciones de Japón), acompañados de versos del Cantar de mío Cid, de María Antonia Ricas y de Beatriz Villacañas. 

TO(le)DO CON VERSOS es un libro que recoge poemas escritos en castellano antiguo, en gallego, en italiano, en francés, en portugués, en inglés y en castellano actual, claro. Tomando prestados los títulos de cada uno de los apartados de la primera parte, donde se da cuenta de los variados temas de los textos seleccionados, me he permitido hacer un juego en forma de poema urgente (que me perdone la osadía Isidoro), una enumeración acerca de los tipos de versos que contiene el libro:


Versos míticos y épicos,

milagrosos, responsables,

populares, peregrinos,

cautivos, sabios y cuerdos,

pendencieros, transgresores,

divinos, justos, románticos,

ontológicos, audaces,

enredados, legendarios,

maravillosos, viajeros,

iluminados, mestizos,

plásticos, azules, hondos,

hospicianos, desterrados,

desnudos, monumentales,

alucinados e íntimos,

trascendentes, musicales,

apesadumbrados, trágicos,

de leyenda, del mesón,

de la fruta, de las lágrimas,

de agua, del paladar,

de saudade, de zarzuela,

de la orden, del exilio,

del alma, de mazapán,

del río, de la amistad,

de colores, de oro, mágicos,

sefardíes, castellanos,

árabes, griegos, judíos,

que vuelan sobre sus torres…

Toledo es todo con versos.


TO(le)DO CON VERSOS lleva mucho trabajo por detrás, mucho tiempo, muchas lecturas, muchas fotografías. Y un conocimiento profundo de la ciudad, de su diversidad y de su complejidad. Un libro que ha requerido una intensa investigación, como así lo atestiguan sus más de 280 referencias bibliográficas, sus notas y sus índices. Mucha investigación, sí, pero también mucho amor por la ciudad. Y por la poesía. Y por la fotografía. (Así, entre paréntesis, me pregunto cuántos poemas habrá preseleccionado Isidoro para este libro, cuántas fotografías. Y cuántos y cuántas habrán quedado para un segundo libro…).

De entre todos los poemas, quiero destacar algunos, quizá por su gracia y su sencillez, o por su hechizo y ternura. Así sucede con el titulado Zocodover, de Pedro Garfias (1901-1967), un poeta de la generación del 27 que simboliza el exilio español en Méjico. “Investigando la poesía del exilio, me he enamorado de su poesía”, me dijo Isidoro en julio. He aquí el comienzo del poema:


Plaza de Zocodover

ágil como una paloma

sobre la enconada piedra

de Toledo, vieja copa

desbordante

de negro zumo de horas.

 

También Romancillo sefardí, de Isabel Escudero (1944-2017), una escritora de nuestro tiempo, quizá menos conocida que su compañero Agustín García Calvo, “una poeta muy sugerente y muy singular” según palabras de Isidoro. Así empieza el romancillo:


Iba la niña Rajel

-carita de mazapán-

por el zoco de Toledo.

¡Quién la pudiera comprar!

Así la miraba el moro

 -ojillos de gavilán-

Así la miraba el moro

de la sombra del zaguán.

 

Y un texto descriptivo y tierno, escrito en prosa poética, Las novias de Cristo, de Lance Larsen (1961), un poeta estadounidense actual.

 

En Toledo, las novias de Cristo elaboran mazapán en su clausura. Y los devotos como yo compramos las dulces figuritas a través de las tres cámaras del torno de la serena hermana Susana en un callejón escondido. Escuchar su voz y ni siquiera vislumbrar sus manos celestiales es, a la vez, una iniciativa ingeniosa y vagamente eucarística. “Probar el reino de los cielos en una pizca de masa”, pienso que es un privilegio para mí mismo. 

Debemos darle las gracias a Isidoro, por entregarnos este libro tan sublime, tan bien editado y con unas fotografías tan excelentes. También por venir al pueblo a presentárselo a los amigos y paisanos de Los Navalmorales.

En fin, lo dicho, enhorabuena por tu libro y muchas gracias, Isidoro".

                                                                                                                                 Jesús Bermejo