sábado, 21 de diciembre de 2013
miércoles, 18 de diciembre de 2013
Tres preguntas para un referéndum
Y, claro, rizando el rizo, podría proponerse una cuarta pregunta:
Si quiere usted que sea una Monarquía, ¿quiere usted que Cataluña sea borbónica o habsburgo?
martes, 26 de noviembre de 2013
En Donosti: Otro maratón de Javi
De agujas y camellos: Una carta mía en El País


jueves, 21 de noviembre de 2013
"De purísima y oro" de Joaquín Sabina: Estampas de posguerra
En 1999 Joaquín Sabina
publicó el álbum 19 días y 500 noches y en él incluía la
canción De purísima y oro, en la que nos presenta un homenaje
a Manolete, el torero que muere en la plaza de Linares en un lance trágico, que
fue resuelto de forma chapucera y aprovechado de manera escandalosa. Un
homenaje a Manolete y a toda una época, los primeros años de posguerra, un
tiempo detenido en la letra de esta canción, un ambiente triste y gris de un
país vencido, pobre y amordazado. Un país que intenta sobrevivir después de la
devastación, que se engancha a las canciones para después de una guerra, que intenta
dejar atrás la miseria del hambre y de la angustia.
Un país de labradores y jornaleros,
de obreros y empleados menesterosos, de academias de corte y confección, de
frías casas sin calefacción, de sabañones y aceite de ricino, ese recuerdo
atroz para quienes fueron obligados a tomarlo como purga por su pasado
republicano. Un país arrasado y aislado del mundo, sin apenas comercio
exterior, con coches alimentados con gasógeno, toscas prendas de vestir y
zapatos topolino para quienes podían permitirse algún lujo más allá de las
alpargatas y las sandalias. Un país con cartillas de racionamiento, con escasez
y estraperlistas, con tenderos que usaban un lenguaje entre cursi y cheli y
elaboraban carteles como “El género dentro por la calor”.
Academia de corte y confección,
sabañones, aceite de ricino,
gasógeno, zapatos topolino,
el género dentro por la calor.
En el Rastro estaban las galerías
Piquer, un comercio especializado de la época. En la inclusa estaban los niños
huérfanos, niños cuyos padres habían muerto en la guerra, niños perdidos, niños
de padres encarcelados, niños pobres, niños con anginas, llenos de miedo y de
tristeza. El hambre y otras miserias multiplicaron los casos de tisis, de
tuberculosis, que según receta popular se combatía con caldos de gallina, es
decir, con una buena alimentación, entonces tan poco común.
Para primores, galerías Piquer,
para la inclusa, niños con anginas,
para la tisis, caldo de gallina,
para las extranjeras, Luis Miguel.
Y en contraste con esa miseria
apenas enunciada en la canción, el autor nos muestra otros ambientes, de gente
con dinero y poderío, que se relacionaba con visitantes extranjeros atraídos
por el mundo de los toros y otras peculiaridades de aquella España. Tales son
los casos de Hemingway y Orson Welles; y también de Ava Gardner, cuya relación
con el torero Luis Miguel Dominguín era de todos conocida.
El mundo de los toros tenía sus
protocolos, sus lugares y sus calendarios. Y en los bares donde se vendían las
entradas de toros siempre había un limpiabotas, un hombre que atesoraba la
historia menuda del lugar y las confidencias de sus clientes, uno de los cuales
le invita a un carajillo, un café con coñac, a la vez que atiende a un
estraperlista y le regala dos buenas entradas de toros, dos barreras. “Y para
el Corpus, retales amarillos que aclaren el morao de las
banderas”. El Corpus, la procesión por excelencia, con las calles
alfombradas de plantas aromáticas y los balcones adornados con sábanas,
mantones y tapices, es invocada por el autor con ese doliente tono de
contrastes que aparece a lo largo de la canción, y muestra el empeño de los
poderes por disimular el color morado del Corpus, principalmente de los
caballeros del Corpus Christi. Disimular ese color morado con retales,
sábanas y tejidos de colores amarillos, para que así no se evocase el morado de
la bandera de la República, tan cercana y a la vez tan lejos.
Para el socio del limpia, un carajillo,
para el estraperlista, dos barreras,
y para el Corpus, retales amarillos
que aclaren el morao de las banderas.
Este es el escenario de la canción,
descrito con nombres y adjetivos, en las pinceladas de las tres primeras
estrofas. Ahora empieza la acción, ahora vienen los verbos, una acción cuyos
protagonistas son los vencedores de la guerra. De ahí ese Tercer año
triunfal, tan repetido en radios y noticiarios como el último parte de guerra:
"Cautivo y desarmado el
Ejército rojo, las tropas nacionales han alcanzado sus últimos objetivos
militares. La guerra ha terminado. Burgos, 1 de abril de 1939. El
Generalísimo Franco”.
Era su tercer año triunfal, a
contar desde que empezó la guerra; para ellos, una nueva era; una nueva era que
querían imponer a todos los españoles. Era su tercer año triunfal, sí. Y en un
país donde todo era escasez, hambre y dolor, había señoritos fascistas peinados
con brillantina que se divertían a sus anchas en salas de fiestas como Alazán,
y que en medio de sus borracheras y con la impunidad más absoluta, terminaban
su fiesta dando una paliza a algún cantante, como le sucedió a Miguel de
Molina, por ser republicano y gay (Ellos, los nacionales, decían: Por
rojo y por maricón). Por su seguridad, Miguel de Molina se vio obligado a
embarcar hacia la Argentina.
Tercer año triunfal, con brillantina,
los señoritos cierran Alazán,
y, en un barquito, Miguel de Molina,
se embarca, caminito de ultramar.
Habían pasado ya los nacionales. En
noviembre de 1936 empezaron los primeros bombardeos sobre Madrid. No cesaron
hasta el final de la guerra. En aquel noviembre, el pueblo se levantó contra el
fascismo e impidió la entrada en la capital del ejército franquista, los
nacionales. Aquella impetuosa resistencia se inmortalizó en el célebre
lema “No pasarán”. Y ese lema, esa consigna fue convertida en
sangrante afrenta en el chotis Ya hemos pasao, cantado por Celia Gámez.
Habían pasado ya los nacionales
y habían rapado a la señá Cibeles, a ella, la diosa de la famosa fuente
madrileña, aquella fuente protegida por una estructura de hormigón durante toda
la guerra, para que no fuese destruida por los bombarderos nazis. Sí, habían
rapado ya a la señá Cibeles, como hicieron con tantas mujeres republicanas de
todo tipo y clase, que fueron ultrajadas, rapadas al cero, embadurnadas con pez
y paseadas desnudas en carretas infames como castigo y escarnio. Habían pasado
ya los nacionales.
Y parafraseando el comienzo del
último parte de guerra, “cautivo y desarmado (el ejército “rojo”) las
tropas nacionales”, se divierten en Los Grabieles hasta la madrugada,
la hora de la zambra, con el frío en la calle y el vaho en los cristales. Otros
nacionales, formando un pelotón, fusilan cada amanecer a decenas y decenas de
presos republicanos junto a las tapias del cementerio del Este, o de la
Almudena, no muy lejos de la plaza de toros de Las Ventas.
Al día siguiente, en aquella España
amordazada, los periódicos hablaban de Celia Gámez, del escritor Pemán (autor
del famoso poema La bestia y el ángel, en el que la bestia era la República y
el ángel, el general Franco) y del bayón, un baile popularizado por la
película Ana, que, cómo no, fue censurada en el momento en el
que Silvana Mangano interpreta El bayón de Ana.
Habían pasado ya los nacionales,
habían rapado a la señá Cibeles,
cautivo y desarmado el vaho de los cristales
a la hora de la zambra, en Los Grabieles,
por Ventas madrugaba el pelotón.
Al día siguiente hablaban los papeles
de Celia, de Pemán y del bayón.
Estamos en España, en los años
cuarenta, un tiempo de silencio. En la segunda parte de la canción se nos
presenta un espacio privilegiado, solo accesible para la clase alta, para
cantantes de postín y toreros famosos y para extranjeros ricos. Es el bar
Chicote, en plena Gran Vía de Madrid, recién bautizada como avenida de José
Antonio, el fundador de Falange, el partido único. En Chicote también tienen
cabida estraperlistas, contrabandistas de la tan ansiada como carísima
penicilina, y prostitutas de alto postín.
Enseñando las garras de astracán,
reclinada en la barra de Chicote,
La bien pagá derrite, con su escote,
la crema de la intelectualidad.
Esa prostitución de alto postín
aparece en nuestra canción como La bien pagá, un guiño a otra
canción popularizada precisamente por Miguel de Molina, esa bien pagá que
enseña sus garras de astracán, un abrigo de piel que simboliza aquel ambiente y
aquel dinero sucio, y derrite a “la crema de la intelectualidad”, en
alusión a otra célebre canción del mejicano Agustín Lara dedicada a
Madrid: “Y en Chicote un agasajo postinero/ con la crema de la
intelectualidad”. Sí, claro que hubo intelectuales fascistas,
bastantes. Y otros muchos se fueron adhiriendo por acomodo y para buscar su
sitio. Y también los hubo que no se doblegaron y sufrieron lo suyo hasta que
fueron encontrando sus maneras de vivir en los márgenes de aquel régimen.
Por entonces, esas mujeres que
frecuentaban Chicote y otros sitios de moda, imitaban a prototipos de la época,
uno de los cuales fue Eva Perón, que vino a España junto a su marido, el
general Perón, que era presidente de Argentina, cuando ningún jefe de estado
visitaba la España de Franco. Eva Perón llevaba el pelo recogido en rodetes, a
la manera de la dama de Elche, la escultura ibérica. Esas mujeres tomaban
cócteles elaborados con el licor Parfait amour y, a veces,
imitaban, en lugares más discretos, la forma de vestir de la protagonista de la
película Rebeca, de Alfred Hitchcock, en concreto aquella chaqueta de lana
que pasó a llamarse rebeca, y que, en armonía con el uniforme de Falange, en la
canción es de color azul marino.
Permanén, con rodete Eva Perón,
Parfait amour, rebeca azul marino,
”Maestro, le presento a Lupe Sino,
lo dejo en buenas manos, matador”.
Y fue en aquel bar Chicote donde a
Manolete, que ya era un torero famoso, le presentaron a Lupe Sino, una
mujer de la que se enamora el diestro y que nunca fue admitida ni por su
familia ni por su entorno, y cuyo emparejamiento sin casarse era un engorro
diario para aquel régimen, ya que se vio en un aprieto, pues Manolete era un
personaje muy popular. Le presentan a Lupe Sino, surge el flechazo y nuestro
cantante nos los lleva por los lugares famosos de Madrid, el bar Gitanillos, el
restaurante Riscal, la plaza de Ventas, con toros de la ganadería Saltillo, las
joyerías, las tiendas caras, los hoteles de lujo y las bebidas espirituosas.
Y, ya lanzados, “hoy vamos a
perder los alamares”, las presillas de adorno que van en las mangas de las
chaquetillas de los toreros. Hoy, vestido De purísima y oro, es
decir, de azul intenso, como el manto de la virgen, y de amarillo, Manotete
cuadra al toro en la plaza de Linares. Y el toro, Islero, lo hiere gravemente.
Según muchos, si hubiera tenido mejores cuidados médicos, se hubiera impedido
su muerte.
Y, luego, el reservao en “Gitanillos”,
y, después, la paella de “Riscal”,
y la tarde del manso de Saltillo,
un anillo y unas medias de cristal.
”Niño, sube a la suite dos anisetes,
que hoy vamos a perder los alamares”-
de purísima y oro, Manolete,
cuadra al toro, en la plaza de Linares.
En verdad Manolete no iba vestido
ese día fatídico De purísima y oro, esa es una licencia del autor,
que reconoce que ese nombre del traje es la clave de la canción,
licencia que se vio reconocida cuando el famoso torero José Tomás,
vestido, él sí, De purísima y oro, le brindó su toro a Joaquín
Sabina en la plaza de Linares muchos años después.
Todo esto sucedía en un tiempo
sombrío, en el que habían pasado ya los nacionales y habían rapado a la señá
Cibeles. En un tiempo de silencio en el que las personas formales volvían a sus
cuidados a una hora decente y no se daban por enterados de nada, unos por
miedo, otros porque preferían mirar para otro lado y bastantes por complacencia
con los vencedores. Y a la hora de la conga, en la madrugada de los burdeles,
los señoritos de gomina, los burgueses de doble vida, los estraperlistas, los
famosos y otras faunas, se marchaban a sus casas cuando ya apuntaba el
amanecer, mientras por san Blas, un barrio cercano al cementerio, descansaban
los pelotones de fusilamiento. Al día siguiente, los periódicos silencian las
siniestras madrugadas de hipocresía y asesinatos y hablan de la película Gilda,
también censurada, claro, y del Atleti de aviación, que era el nombre del
equipo de nuestro cantante, el Atleti de Madrid.
Habían pasado ya los nacionales,
habían rapado a la "señá " Cibeles,
volvían a sus cuidados las personas formales
a la hora
de la conga, en los burdeles,
por san Blas descansaba el pelotón.
Al día siguiente hablaban los papeles
de Gilda y
del Atleti de Aviación.
Jesús Bermejo
Noviembre de 2013
Los Navalmorales: Las Becerras, un paraje singular en los Montes de Toledo
Os vais a Las Becerras, un sitio singular de los Montes de Toledo, en pleno parque de Cabañeros. Pasado el pueblo de Los Navalucillos, el camino discurre por una carretera bordeada de encinas y chaparros, que abandonáis hacia la izquierda para entrar en una inmensa hoya, salpicada de jaras, castaños y robles.




