jueves, 21 de noviembre de 2013

Las Becerras, un paraje singular en los Montes de Toledo



Salís de Madrid hacia el pueblo y vais viendo avanzar el otoño en los campos de viñedos de Méntrida y en las rañas de cereales de Malpica de Tajo. Llegáis a Los Navalmorales, oléis la casa, os ponéis ropa cómoda y después dais una vuelta por el pueblo y hacéis algunos recados. Como llueve levemente, volvéis en seguida y dejáis que la casa os temple y os acoja en esta tarde fría y desapacible. Cena, periódicos, libros, tele. Y luego a la cama. Fuera aúlla el viento.
A la mañana siguiente el sol se ha apoderado de todo, rebrillan los árboles y los tejados, Pipo está echado en el patio y vosotros miráis al cielo, azul y limpio hasta el infinito.

Os vais a Las Becerras, un sitio singular de los Montes de Toledo, en pleno parque de Cabañeros. Pasado el pueblo de Los Navalucillos, el camino discurre por una carretera bordeada de encinas y chaparros, que abandonáis hacia la izquierda para entrar en una inmensa hoya, salpicada de jaras, castaños y robles.

Abajo, en el soto, el amarillo de los álamos y los chopos serpentea suavemente y muestra el curso de algunos arroyos y riachuelos que van a dar en el Pusa, perdiéndose en el horizonte camino de El Chorro, el salto de agua donde la tradición dice que nace el río, al lado del Rocigalgo, el pico más alto de los Montes.

Entrar en el soto de Las Becerras es como volver a un tiempo antiguo, como regresar con vuestros antepasados a un lugar tranquilo y feliz. Un merendero junto a las aguas sosegadas de un riachuelo, la presilla para el baño, el puente mínimo, los álamos y los chopos centenarios, centinelas del tiempo todo el año, de sombras gozosas y agradecidas en verano, junto a las mesas y bancos de madera, y hojas amarillas y marrones en noviembre, para mirar desde la templanza del comedor con chimenea.


Saludáis al dueño del merendero y pasáis a comer un cocido saboso y abundante. Después os vais por un carril pedregoso junto al río, camino de una presa acotada para truchas. Mariví se va paseando con Pipo hasta la presa, y tú te quedas junto al arroyo, y la esperas, mientras miras el paisaje desde el sillón del coche, y notas que te vas durmiendo sosegado, arrullado por el rumor del agua del riachuelo.

Sea invierno, sea verano, en cualquier estación os gusta este sitio: un lugar pacífico, tranquilo, natural e íntimo. Se llama Las Becerras y está en los Montes de Toledo.




Dedicado a Juan Pablo e Isabel, que estarán ahora bañándose en las aguas del Atlántico, junto a las costas de El Hierro.




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