Germán Pinto: apuntes para una biografía
Hoy tengo el gusto de presentar en
nuestra biblioteca algunos aspectos de la vida y obra de Germán Pinto Recuero,
amigo, quinto y paisano (por este orden), por invitación expresa de él mismo.
Cosa que agradezco mucho. Es para mí un honor que confíes en mis habilidades de
presentadora.
Es de agradecer que los escritores
navalmoraleños, autores de obras diversas, quieran mostrar a sus paisanos lo
que han ido dando a conocer en otros lugares y a otras gentes. Es el caso de
Germán Pinto. Así que, en nombre de todos nosotros, Germán, muchas gracias por
presentar hoy aquí y entre los tuyos tu última obra.
Germán tiene un pasado profesional,
claro, ajeno al acto que hoy aquí nos reúne. Empezó siendo monaguillo en
nuestra iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Antigua, como tantos otros
niños. También hizo pinitos de camarero en el Casino del pueblo, al tiempo que
cursaba estudios en el Seminario Menor san Joaquín de Talavera y en el
Seminario de Toledo. Para más tarde ingresar en la orden de los sacerdotes
operarios diocesanos, donde estudió Filosofía en Majadahonda y en Salamanca.
En 1968 abandona esta vocación y
empieza a trabajar en alguna empresa hasta que en 1971 aprueba las oposiciones
de ingreso al Cuerpo General de Policía, en cuyo cuerpo ha terminado su labor
como Inspector-jefe, en 2014.
Después de su jubilación, Germán no ha
dejado su formación y ha realizado varios cursos de humanidades en la
Universidad Carlos III de Madrid.
Germán es también una persona
solidaria, participativa y entregada a los grupos sociales a los que pertenece
o ha pertenecido.
Así, por ejemplo, en Los Navalmorales
fue cofundador de la revista Forja, creada en 2001, de la que ha sido
director algunos años (desde 2005 hasta el 2008)) y en la que ha colaborado y
colabora regularmente, a veces con el pseudónimo de El buen amigo.
Es miembro también, desde su fundación
en 2003, de la Mesa de Trabajo por Los Navalmorales.
Mientras, en la zona donde reside,
desde 2019 es vicepresidente de la Asociación Literaria Verbo Azul de Alcorcón,
donde así mismo codirige la revista La hoja azul en blanco.
Y, en Leganés, es miembro del grupo
literario de Miguel Hernández. Sin olvidar su participación en coloquios,
recitales, ferias de libros y en actividades varias.
Germán, a la chita callando, desde la
modestia y, como decía Paco del Puerto en el prólogo a su primer poemario del
año 2000, En esta tarde humana, German, repito, desde la sencillez, la
discreción, la modestia y el despiste, ha ido escribiendo, publicando y ganando
premios con sus poemas a lo largo de los años.
Por ejemplo, ya en 1967, con 18 años,
ganó su primer premio, en el concurso literario, convocado por el periódico El
Alcázar de Madrid, con su poema “Vértigo”.
En ese mismo año también consigue ni
más ni menos que el Premio Provincial de Poesía de Madrid.
Pero es sobre todo a partir del inicio
de este siglo XXI cuando Germán Pinto Recuero ha perdido su inseguridad, “su
enfermiza timidez”, decía Paco del Puerto, y ha empezado a mostrar, parece ser
que, gracias a la insistencia de sus amigos, el regalo de sus versos.
En el año 2000, La Mesa de Trabajo por
Los Navalmorales publica su primer poemario, En esta tarde humana, con
prólogo de otro de nuestros poetas y amigo de Germán, Paco del Puerto.
En 2001, publicó en el nº 21 de la
revista toledana Hermes. Revista Estacional de Poesía, codirigida por
otra poeta originaria de Los Navalmorales, María Antonia Ricas Peces, “Mujer”,
pp. 68-70; “Oración por César Vallejo”, pp. 70-71; “No es el mar”, pp. 71-75;
“Atardecer”, pp. 75-76.
De 2002, es su segundo libro de poemas,
Pájaros muertos en la niebla, premio de poesía Villa de Leganés 2002.
En 2007 obtiene el primer premio de
poesía por “La cruz de piedra”, en el I Certamen Literario Gregorio Peces
Barba, Almucat, Universidad Carlos III de Madrid (publicado posteriormente en Forja,
nº 24, verano 2012, pp. 15-16. Y, en ese mismo concurso, logra el segundo
premio de narrativa por “El portalón”, (publicado posteriormente en Forja,
nº 16, primavera-verano 2008, pp. 18-24).
Al año siguiente, 2008, recibe el
segundo premio de poesía por “Añonuevo”, en el VI Certamen Literario Rafael
Morales, Universidad Carlos III de Madrid.
En 2023 publica su tercer poemario, La
luz contraria, con prólogo de la poeta Ana Garrido Padilla.
Hoy hace público su cuarto libro de
poemas aquí en Los Navalmorales, Su rostro entre nosotros, publicado en
2025 y presentado en marzo de este mismo año en la librería Fábula de Alcorcón,
con lectura de poemas a cargo de la poeta Ana Garrido Padilla, y acompañamiento
musical a la guita-rra por Ana Bella López.
La portada, seguro que hablan de ello
los compañeros de la mesa, es una foto de una escultura de Amparo Carpizo,
seleccionada por Germán Pinto. Pero no
es la primera vez que nuestro poeta se interesa por la obra de Amparo pues, ya
en 2010, publicó en la revista Forja un poema dedicado a la escultora.
Para ir acabando, quiero añadir que
Germán Pinto no es ajeno a los medios digitales. De hecho, tiene un blog en la
Asociación Literaria Verbo Azul de Alcorcón en el que ha publicado “Las hojas
de los árboles caídas”, “He pisado los charcos”, “Puerto chico” (también en Forja,
nº 33, junio 2018, p. 59), “En la torre”.
En resumen, Germán Pinto tiene
publicados cuatro libros de poesía; 27 poemas en varias revistas; 21 textos de
prosa literaria; otros 10 textos de reflexión; 3 de crítica literaria.
Dice Germán, además, que tiene en
marcha tres poemarios Y que, tal vez, se decida a publicar una novela que tiene
terminada.
En fin, que para quien dice o decía que
no tenía ánimo para publicar, no está nada mal.
Mariví Navas
Poesía de la angustia
En diciembre
del año pasado, a punto ya de comenzar el invierno, Germán nos regaló su último
libro de poemas. Aún sin abrirlo, me impactó la fotografía de la cubierta, esa
escultura de Dolor, que luego comprobé que es de Amparo García Carpizo.
Y me interpeló el título del libro, tan directo: Su rostro entre nosotros.
Escultura y título, desde la cubierta, parecían demandar del lector su participación
en un dolor profundo, en el recuerdo de los rostros de los que ya no están.
Luego abrí el
libro y leí el verso del epígrafe:
…un
día en que Dios estuvo enfermo.
El verso me
pareció rotundo y la decisión de Germán Pinto,
también. Para escribir Su rostro entre nosotros, había decidido ir de la mano de uno de sus grandes referentes,
el poeta César Vallejo.
La relación de Germán con César Vallejo ya nos la había señalado en su día Francisco
del Puerto en el prólogo del libro En esta tarde humana, de Germán
Pinto, publicado en el año 2000 en la colección Vientos del Pueblo, de Los
Navalmorales.
Germán Pinto escribe con dolor …de lo que lleva dentro, …de los muros del
dolor que se levantan en las calles por las que circulamos… Poeta del dolor,
como su admirado Vallejo, esa guerra que todos los días nos hace sentir lo que
somos: humanos con muchas cuentas pendientes por resolver, y con un anhelo
pendiente que, si se resolviera, amainaría nuestro interior desasosiego.
Una tarde fría del pasado enero leí de un tirón Su rostro entre nosotros
y me quedé sobrecogido. En la poesía de Germán Pinto que yo conocía hasta
entonces, aparecían a menudo la angustia y el dolor. Sin embargo, con este
nuevo libro, yo sentía en aquella tarde que se había producido un salto
cualitativo. Esos sentimientos de angustia y de dolor, que cristalizaban en un estremecimiento
creciente y mantenido, lograban conmocionar al lector porque se referían a un
acontecimiento colectivo muy reciente, la pandemia, aquel tiempo de angustia y
de desolación.
Después de una segunda lectura, ya más
detenida, hice llegar a Germán mi reconocimiento y mi felicitación. Hoy y aquí,
en la Biblioteca de Los Navalmorales, quiero darle las gracias al autor de Su
rostro entre nosotros por haber concebido este libro tan extraordinario,
que navega firme en la angustia de aquellos meses del covid.
Su rostro entre nosotros es un libro que se organiza en seis partes:
§ In memoriam
§ Desde la
penumbra
§ Estos días sin
luz
§ Más allá de
nosotros
§ Con las palmas
heridas
§ No ha terminado el tiempo de la ira
Esas seis partes, cuyos títulos van precedidos de versos de varios autores,
a la manera de epígrafes, vendrían a ser las diferentes etapas de la pandemia:
desde la conmoción de tanta muerte sobrevenida hasta el incipiente sosiego
cuando se vislumbra una salida de aquel tiempo sombrío.
Aunque todos los poemas son brillantes, algunos me han
deslumbrado especialmente. Así sucede con Te tuvo que llegar, un poema dedicado
a Paco Torres, uno de los primeros navalmoraleños víctimas de la pandemia.
Te tuvo que
llegar
el frío
anochecer de la zumaya…
Aunque abriste
de lleno tus azogues
de nada te
sirvió la primavera
ni el caudal
jubiloso de su culto.
Tampoco te
sirvió buscar el aura,
la piel de la
alhucema o la albahaca
ni ofrendarles
tus pícaros desplantes…
Al final solo
fuiste, como todos,
un soplo entre
humilladas bambalinas
y un cerco de
cipreses que no ahogan
la ambigüedad perpleja de los dioses.
Qué comienzo tan rotundo y sentencioso: “Te tuvo que
llegar/ el frío anochecer de la zumaya”. Esa zumaya telúrica, presagio de la
muerte, esa ave que nos evoca la del Romance de la luna, luna de Lorca:
“¡Cómo canta la zumaya!/ ¡ay, cómo canta
en el árbol!”
Qué bello homenaje de Germán Pinto al actor Paco Torres, expresado en esos “pícaros
desplantes” y en esas “humilladas bambalinas”. Y qué despedida tan bella y
sosegada dedicada al paisano, al amigo.
Otro poema de Su rostro entre nosotros, cuyo título es Varado en
los cristales, nos invita a recordar los parques vacíos de aquellos meses,
en los que el silencio y la desolación competían con una primavera impetuosa.
Nos imaginamos a Germán Pinto asomado a su ventana, contemplando, al
trasluz del mediodía, el parque vacío de voces infantiles. Por un momento, su
mirada parece alegrarse al evocar los toboganes llenos de niños correteando
libres y felices. Pero no: el parque donde los milagros jugaban a ser niños
está vacío; y los niños están en sus casas, amarrados, quietos, paralizados. Y
los columpios hoy destilan veneno y juegan con la muerte al escondite.
Varado en los
cristales
hay un parque
vacío
donde siempre
los milagros
jugaban a ser niños…
Toboganes de
sueños y acuarelas
correteaban
libres sobre el tiempo
sin sospechar
la hipnosis de una infancia
amarrada a los
hados de rodillas.
La hierba de
ese prado y sus columpios
hoy destilan
venenos insondables
y juegan con
la muerte al escondite.
Parques vacíos, casas llenas de temor, columpios que destilan veneno y una infancia “amarrada a los hados de rodillas”. ¡Qué imagen tan cabal de aquel tiempo!
Se han quedado vacías las ciudades es el título de otro poema que
quiero destacar. En él, el autor contempla la calle llena de amenazas, que no
inyectan sino desdicha y miedo. Una calle en la que hasta los mirlos lloran
cada día al vislumbrar la soga al cuello de la muerte.
Vagan por sus asfaltos
caminos y amenazas
que hacen temblar milagros y
legiones
e inyectan su desdicha de infinito.
Y es fácil encontrar qué es lo que
vive
debajo de los muros
que forman las ergástulas del miedo.
Descubrir cada día
el llanto de los mirlos
con esa soga al cuello que se
aprieta
y ocultan los carontes en su barca.
El poema Mas allá de los vivos confinados, me parece prodigioso. En
sus cuatro estrofas, que comienzan con dos palabras que suenan como
aldabonazos, el autor nos impulsa a mirar más allá del confinamiento y del
miedo. Más allá de las urnas de loza que atesoran las cenizas de los muertos. Más
allá de los que perdieron su ángel en cajas de madera.
Pero más allá solo queda un pánico final y un gran silencio, la angustia
colectiva e insondable de aquel tiempo que, al recordarlo ahora, aún nos
estremece y nos acalla.
Más allá de
los vivos confinados
que esconden
su cendal en donde viven
las ráfagas
del miedo.
Más allá
de aquellos
que atesoran sus cenizas
en calvarios
de loza que se agrietan
bajo el llanto
floral de un cementerio.
Más allá
de los que se
marcharon sin permiso
y perdieron su
ángel
en cajas de
madera y desconcierto.
Más allá de
nosotros solo queda,
aguardando su
turno en los misales,
un pánico
final
y un gran
silencio.
El libro va terminando y parece abrirse en un incipiente hilo de esperanza.
Así sucede en el poema titulado Hay mundos sin origen discutible. Las
primeras estrofas muestran todavía ese mundo de miedo, esos “espacios de viento
/donde nadie se atreve/ a desnudar la faz de sus escaras/ ni el hedor de los
cuerpos maltratados”.
Sin embargo, en los últimos versos, más allá de la desolación, el autor
invita a romper el ahogamiento que nos atenaza y nos propone buscar algo de luz
más allá de las sombras del presente.
Es necesario entonces
romper en desbandada
el óxido mortal que nos ahoga.
Encontrar el
prodigio del asombro,
ese deslumbramiento
que a veces se desvela
en la brisa del mar y sus espumas.
Cuando Germán Pinto escribe poesía,
formalmente se aleja de las composiciones populares de versos octosílabos y de
rima asonante. También se aleja de la poesía culta de estricta medida y rima
consonante. Los poemas de Su rostro entre nosotros encuentran su cauce
en unas estrofas armadas con el ritmo acompasado de una sabia combinación de
versos endecasílabos y heptasílabos, libres de rima, a la manera de Luis
Cernuda, que son el recipiente cabal para un contenido estricto y exigente.
Germán Pinto nos muestra en Su
rostro entre nosotros un brillante dominio de la forma, dotando a sus
versos de un ritmo propio y reconocible. Sus endecasílabos luminosos y sus
bellos heptasílabos nos invitan a concluir con una exclamación tan cierta como rigurosa:
¡Qué bien escribe Germán!
Comprobadlo conmigo en el poema Hay mundos sin
origen discutible, de cuyo contenido hemos hablado hace un momento. Disfrutemos
juntos de su ritmo firme y armonioso.
…Es necesario
entonces
romper en
desbandada
el óxido
mortal que nos ahoga.
Encontrar el
prodigio del asombro,
ese
deslumbramiento
que a veces se
desvela
en la brisa del mar y en sus espumas.
Gracias, Germán, por habernos regalado este libro. Como dije al principio,
es muy difícil escribir sobre el dolor y la angustia. Tú lo has conseguido,
Germán. Por eso te reitero mi reconocimiento y mi felicitación.
Muchas gracias.