sábado, 31 de diciembre de 2016

Instantes de otoño: Seis poemas y un paseo por El Retiro


Hace poco más de un mes subí a este blog una colección de fotos que hice en El Retiro de Madrid una mañana amena de paseo. Pasados unos días, fui escribiendo unos apuntes que he rematado en estas fechas. No se me ocurre mejor final de año en este blog que terminarlo así, con poesía, sobre todo si va unida a los mejores deseos para 2017.


Caminos


Entras en El Retiro una mañana
de frío y de lluvia complacida.
Miles de hojas van cayendo al suelo
como cortadas por un filo,
y buscan su acomodo en los caminos
formando una capa mullida,
sobre la que tus pies andantes
notan complacidos la experiencia
de un pasear pausado,
como flotando en la tierra y en las hojas.

Sientes, una vez más, que es el otoño,
el placer de transportarte, al caminar,
como si fueses levitando un poco,
la inmensidad de los colores, y las hojas
esperando su momento, la ocasión
de convertirse en tierra de sendero.


Colores


Vas subiendo una colina suave
coronada por un palacio de cristal.
Miras de frente y te hipnotiza
el chorro, impetuoso como un géiser,
en medio del estanque tranquilo y apacible.

Las hojas, arrastradas por el viento,
flotan leves y mansas en la cara del agua,
surcada toda ella por patos juguetones.

Un concierto pausado de colores
organiza tu mirada y la deslumbra,
y, entre todos, te llama el luminoso
rojo ladrillo de los cipreses de agua
que anidan en el fondo del estanque.

Un rojo fuerte que porfía
con verdes recién segados,
con amarillos de plátanos,
con el azul de un cielo despejado,
con el blanco y el gris del palacio breve.


Fieras


Atraviesas el inmenso paseo de coches
escoltado por plátanos frondosos
y entras firme y pausado en el jardín secreto.

Los pinos, aguerridos en su tronco enhiesto,
te van abriendo el paso hasta la fuente amena
que sortea el ladrillo y los granates
de una hiedra fecunda y ya menguante.

Un instante de sol entre nublados
resalta el rojo vino de la tapia,
y un vértigo de viento colorea
de hojas amarillas el sendero.

La potestad de un árbol, con su tronco
como una inmensa pata de elefante,
te llama, sideral, y te hipnotiza.

No lejos, dos leones de piedra, domeñados,
recuerdan sutilmente que estás en ese sitio
que fue en su día la casa de fieras de El Retiro.

  
Fuente


Caminas por paseos que están recién planchados,
abiertos para ti esta misma mañana.
y llegas a una fuente tranquila y silenciosa
de líneas paralelas y de esculturas clásicas.

La fuente de Cajal, el sabio aventurado,
la fuente de la vida de todos los que nacen
la fuente de la muerte de todos los que viven.

En el lugar ameno del profesor ilustre
la fuente te recuerda, con ese porte griego,
el equilibrio líquido de la vida vivida,
y la sabia cadencia del agua allí brotada.

El otoño apacible, que ha llegado tranquilo,
adorna con sus hojas los plácidos contornos,
y los colores malvas, marrones y amarillos
abren paso y escuchan al sabio sosegado
silente en El Retiro y casi siempre solo.


Estanque

 
Entras casi de incógnito en ese ámbito
que domina el estanque y lo ennoblece.
Pasas entre su escolta de columnas
y, lento, te acomodas en la amplia escalinata.

Miras de frente, atento,
el cielo azul y plácido,
el verde de las aguas,
la piedra, los leones
y, lentas, fugitivas,
las diminutas barcas.

Nubes que arrastra un viento fuerte
crean las grises sombras de los lejanos árboles,
y reflejos de sol, cruzando el agua,
imantan la mirada del breve paseante.

Sales de la explanada, y las columnas
te saludan, sombra y sol, nadie, nada.
La piedra gris esconde tus pisadas
y los cipreses del paseo se aletargan.


Fábula


El quiosco de la música varado entre colores,
los troncos gruesos de los viejos plátanos,
el verde de la hierba y de los setos
y el marrón de las hojas de los alados álamos
te guían a la glorieta gongorina
en donde Polifemo y Galatea
viven sus aventuras en el severo mármol.

Mientras lees los versos, centurión del sendero,
un alto y grueso tronco te custodia.

Atrás queda el estanque, y las columnas,
la farola, el ciprés de los pantanos,
las fuentes juguetonas con sus aguas,
el chopo tieso y el mullido plátano,
 la hoja breve del sendero manso
las filas misteriosas de los álamos.



https://roblesamarillos.blogspot.com.es/2016/11/otono-en-el-retiro-de-madrid-una_22.html



1 comentario:

  1. ¡Una mañana bien productiva!

    Hasta hace unas semanas no he sabido que este árbol (no estos exactamente, los del jardín de Cecilio Rodríguez) era el ciprés de los pantanos. ¡Tú ya te lo sabías!

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