lunes, 28 de marzo de 2022

Cartas mías publicadas en El País

 


Soy lector del periódico El País desde que salió a la calle en 1976 y, durante estos 37 años, de vez en cuando he ido enviando Cartas al Director (o Directora), dos al año, más o menos. Que yo recuerde, me han publicado una docena, es decir, una cada tres años. Tengo recogidas en mi ordenador las no publicadas, algunas mejores y otras olvidables, la verdad. Aquí traigo las publicadas, y, como gracia vindicante, dos que no lo fueron y que podrían haberlo sido. En fin, así está bien. Vale.

El sur discriminado

1989


















Sobre los diarios de Manuel Azaña

27/12/1997             https://elpais.com/diario/1997/12/27/opinion/883177204_850215.html

“En la intervención del historiador Santos Juliá presentando las Memorias de Azaña, 1932-33, publicada el 18 de diciembre, se afirma que "se llegó al ridículo de borrar el nombre de Azaña de la Sagra del nomenclátor de municipios de España". Siendo cierto, quisiera puntualizar que ese municipio siempre se llamó Azaña (sólo Azaña), que viene del árabe al-sâniya, la aceña, la noria. Y noria hubo a la entrada del pueblo durante años, según muy diversos documentos. El regimiento Numancia tomó el pueblo en 1936 y creyeron que se llamaba Azaña en honor del presidente de la República. Pero no era así. Y lo cambiaron de nombre dándole el de Numancia de la Sagra.

Lo curioso del asunto es que de la antigua Azaña procedían los antepasados del presidente Azaña, que luego se trasladaron a Alcalá de Henares, donde nació don Manuel. No es el topónimo un homenaje al político, sino que el político tenía un apellido que procedía del topónimo, cosa que ocurre tantas veces.

Sería bueno para todos -y para don Manuel Azaña, para el pueblo de Azaña y para la historia- que los vecinos y autoridades de Numancia de la Sagra recuperasen el nombre para su pueblo y así se recuperaría parte de la historia.”

Preguntas y reflexiones

18 /2/2005     https://elpais.com/diario/2005/02/18/opinion/1108681210_850215.html

“Sobre Cervantes y el IV centenario de la publicación del Quijote (parte primera), mucho se está haciendo, diciendo y publicando. Sin ánimo de agotar el listado de cosas pendientes, quisiera hacer llegar a su periódico algunas preguntas y reflexiones desde el ámbito educativo.

Por ejemplo: ¿por qué en la ciudad de Alcalá de Henares, cuna cervantina, cuando llegan autocares repletos de adolescentes no hay folletos, recursos y actividades para motivar y atender la demanda que se está creando en este asunto? En Turismo, ni un folleto de Cervantes para repartir; en la casa museo de don Miguel, atención exquisita de su personal, pero falta de materiales y de guías escolares a disposición del profesorado. (La preciosa guía del museo la compré de mi bolsillo -soy un maestro de la ESO- para trabajar con mis alumnos).

¿Por qué en la ciudad de Madrid, lugar donde vivió y murió Cervantes, si quieres visitar el Barrio de la Letras con tus alumnos, donde está una casa que ocupa el sitio de aquella en la que murió Cervantes, tienes que prepararte tú mismo todo el plan y es tan poco fácil conseguir materiales de apoyo para esa tarea? ¿Por qué el Ayuntamiento de la ciudad no se da por aludido en el asunto del centenario cervantino?

¿Por qué no suministra la Administración educativa ediciones del Quijote a los centros públicos, adaptadas a las diversas edades escolares, en número suficiente para poder trabajar con el alumnado? Son sólo tres preguntas, de entre más que tengo, que no suponen crítica sino sugerencias para una mejor forma de aprovechar el tirón del IV centenario del Quijote.”

Don Miguel de Cervantes ninguneado

20 /2/2005    https://elpais.com/diario/2005/02/20/madrid/1108902259_850215.html

“Sobre Cervantes y el IV Centenario de la publicación del Quijote (Parte Primera), mucho se está haciendo, diciendo y publicando. Sin ánimo de agotar el listado de cosas pendientes, quisiera hacer llegar a su periódico una observación dirigida al Ayuntamiento de Madrid.

¿Por qué en la ciudad de Madrid, lugar donde vivió y murió Cervantes, la casa donde don Miguel falleció, en la que hay una placa conmemorativa, está tan mal adecentada en su exterior y da tan mala imagen de los madrileños?

El otro día íbamos unos profesores, haciendo un recorrido por la zona, y al ver la casa que se levantó donde murió Cervantes, dijimos, genio y figura... ¿Por qué? Pues porque había coches estacionados al lado de la pared donde está la placa, un contenedor de escombros, un contenedor de basura, la placa sin destacar, ni por su limpieza ni por su adorno, en este IV Centenario del Quijote. En fin, un poco más allá se puede contemplar la casa de Lope de Vega, a quien, sin duda ninguna, si hubiese habido Premios Cervantes en su época, se lo hubieran dado, no así a Cervantes, que seguiría pobre.

Iré a ver las estatuas de Don Quijote y Sancho en la plaza de España, y la de Cervantes allí y en la plaza de las Cortes. Iré a las calles de Dulcinea, de El Toboso, de El Caballero de la Triste Figura, de Cervantes, a ver cómo están.

Sí, ya sé que en octubre habrá una magna exposición; sí, pero lo mejor sería mostrar una coordinación de esos fastos con las pequeñas cosas. Un día me pasaré por la última casa de Cervantes, a poner unas flores en su lápida, si puedo acercarme. Espero que no todas las flores se las lleve Don Quijote, ni el Instituto Cervantes. Espero que algo quede para quien, en su melancolía, se ríe de tantos y tantos, que aún no saben por qué eligió La Mancha (nombre de origen árabe) para su caballero, por qué le hacía comer duelos y quebrantos los sábados, y por qué tuvo que hacer su primera salida por la puerta falsa de un corral, entre otras muchas cosas. Y se las dan de listos y publican libros.

Y don Miguel se ríe... de todos, menos de Valle-Inclán, con sus geniales Max y Don Latino y de algunos otros y otras, que ahora no voy a nombrar. Hagan fastos, señores, que algunos nos conformaremos con releer el libro y con hacérselo fácil a los que nos siguen, a los jóvenes.

Y usted, señor alcalde, siga con su Olimpiada y su M-30; y usted, señora presidenta de la Comunidad, siga con sus planes urbanísticos. Hacen bien. Al fin y al cabo, esto que yo digo no da dinero.

Eso sí, por favor, no nos martiricen el día 23 de abril con sus discursitos.”

No mola

29/9/2007

Zúñiga, una trilogía de lujo

4/7/2009      https://elpais.com/diario/2009/07/04/opinion/1246658407_850215.html

“En el excelente suplemento Babelia del 28 de junio, dedicado a Robert Capa, se hacían referencias al gran amor de su vida, la reportera Gerda Taro, esa gran mujer que en plena juventud murió arrollada por un tanque en la batalla de Brunete. Y detallaban bibliografía suficiente para conocer a Capa y a Gerda.

Creo interesante recordar que hace unos años Juan Eduardo Zúñiga publicó Capital de la gloria, sobre el Madrid de la Guerra Civil, y que es en ese libro donde hay un extraordinario relato dedicado precisamente a Gerda Taro que muestra lo mejor de lo mejor de Zúñiga. En estos tiempos en los que triunfa una trilogía de libros de suspense, quiero hacer propaganda de una trilogía de Zúñiga, un autor que es un lujo para nuestra literatura. Se trata de La tierra será un paraíso, Largo noviembre de Madrid y Capital de la gloria. Después de leerlos uno ya no es el mismo, la visión de la guerra es ya otra, y el gozo de la lectura, infinitamente más acentuado.

No es sólo el vocabulario, la sintaxis o el estilo; no sólo la finura, el amor a las víctimas o el conocimiento del ser humano. Es sobre todo estar leyendo a un gran escritor, a un magnífico cuentista, a un poeta que ama a su ciudad y a los que en ella viven. Gracias, maestro, por sus hermosos libros. Gracias por escribir.”

De agujas y camellos

25/11/2013        https://elpais.com/elpais/2013/11/25/opinion/1385402821_236453.html

Es muy frecuente leer artículos en los que sus autores sacan a relucir la famosa frase del Evangelio acerca del camello y la aguja. Publicaron ustedes el 23 de noviembre uno titulado ¿Por qué odiamos a los ricos?,de Jesús Andreu, que incluye la famosa cita: “Es más difícil que entre un rico en el Reino de los Cielos, que el que pase un camello por el ojo de una aguja”. (Mateo, c.19, vs. 23 y 24)

Siempre me llamó la atención lo estrambótico de la metáfora, y mucho más las elucubrantes explicaciones al respecto. Un buen día, sin buscarlo, encontré en un libro de don Miguel de Unamuno una referencia a la citada frase. Se trataba del libro El Caballero de la Triste Figura, y esto dice el autor a propósito de La reforma de la ortografía: “A veces esas divergencias —entre lengua oral y lengua escrita— pueden ocasionar interpretaciones erróneas. Vaya de ejemplo: la eta griega leíase ya en la época clásica lo mismo que la iota, por manera que escribiéndose de distinto modo los vocablos cámelos (camello) y cámilos (calabrote, cable, cabo de cuerda), ambos se leían del mismo modo, cámilos. Y esta confusión hizo que por una falta de ortografía se tradujera un famoso pasaje del Evangelio: “Es más difícil que entre un rico en el Reino de los Cielos, que el que pase un calabrote por el ojo de una aguja”, haciendo del calabrote, camello, y resultando así una metáfora disparatada por lo incongruente. Y una vez cometido el error, no han faltado interpretaciones ingeniosas a lo del camello”.

¡Váyase señor Rajoy!

1/9/2016       http://elpais.com/elpais/2016/09/01/opinion/1472744138_478472.html

“Después de que el Congreso haya dicho “no” a Mariano Rajoy como candidato a presidente del Gobierno, Pedro Sánchez no nos lleva a unas terceras elecciones, sino que, de nuevo, se abre un periodo de consultas y negociaciones de dos meses. En mi opinión, lo que tiene que hacer el PSOE es permitir con seis abstenciones que gobierne el PP en minoría. Pero siempre que Rajoy, símbolo de la corrupción y de los grandes recortes, se vaya a su casa. O se va Rajoy, o terceras elecciones. Así se acaba la presión hacia el PSOE y se traslada al PP la última palabra.”

¿Lo celebrarán?

2/6/2021        https://elpais.com/opinion/2021-06-02/hermoso-debate-entre-generaciones.html

“Muchos españoles se manifestaron en su día contra el divorcio; luego, si procedía, se divorciaron. Se manifestaron contra el matrimonio gay; luego se casaron. Se manifestaron contra la negociación con ETA; luego celebraron el fin de dicho grupo terrorista... Ahora se van a manifestar contra el indulto a los del procés... ¿Celebrarán la posible reconciliación futura entre catalanes?”

Honrar la memoria

3/10/2021      https://elpais.com/opinion/2021-10-03/insensibilidad-y-humillacion.html

El País editorializaba el pasado viernes sobre la posibilidad abierta por el Constitucional de investigar los crímenes ocurridos durante la dictadura franquista, sin que, por hacerlo, se deriven consecuencias penales para los responsables de aquellos delitos porque aquellas atrocidades ya han prescrito. Estaría bien que entre las decisiones que pudieran tomar las autoridades estuviera la de colocar en el edificio de la Puerta del Sol de Madrid una placa que dijera: “En los sótanos de esta casa, la antigua Dirección General de Seguridad, estuvieron detenidas miles de personas, que sufrieron torturas y humillaciones por luchar por la libertad. Incluso, algunos fueron asesinados impunemente. Ocurrió entre los años 1939 y 1977, durante la dictadura franquista”.

¡Ya está bien!

24/3/2022      https://elpais.com/opinion/2022-03-24/acaparar-sin-necesidad.html

“Leo en El País que el Gobierno de la Comunidad de Madrid ha montado su propia estructura para acoger a refugiados ucranios en el hospital Zendal. Y que el Gobierno de España le ha pedido explicaciones por no seguir la estructura única creada para la ocasión. Ya está bien, señora Ayuso: si eso lo hiciese la Generalitat sería insumisión, diría usted. Bueno, pues es insumisión, figura que su Gobierno está rozando a menudo. ¿Tendrán que aplicar a Madrid el artículo 155 si sigue así?”

Otras cartas mías publicadas el El País después del 24/3/22

No olvidemos qué es la guerra

“Estamos en abril de 2022, pero parece que estamos en abril de 1937, cuando todo el mundo se enteró del bombardeo de Gernika”, afirmó el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, en el Congreso. Tiene toda la razón, pero seis meses antes, Madrid fue castigada sistemáticamente por la Legión Cóndor, que bombardeó objetivos civiles. Y así fue durante toda la guerra. La dictadura borró con precisión las huellas de los bombardeos en la ciudad y también en la memoria de las gentes. Se cumplió lo que escribió Juan Eduardo Zúñiga en Capital de la gloria: “Pasarán unos años y olvidaremos todo; se borrarán los embudos de las explosiones, se pavimentarán las calles levantadas, se alzarán las casas que fueron destruidas. Cuanto vivimos, parecerá un sueño y nos extrañará los pocos recuerdos que guardamos”. Aunque más adelante le dice una madre a su hijo: “Esto es la guerra, hijo, para que no lo olvides”. Las fotos de Gerda Taro, y las de tantos otros, darían después testimonio de aquel crimen.

Jesús Bermejo Bermejo

https://elpais.com/opinion/2022-04-07/no-olvidemos-que-es-la-guerra.html

 Dos cartas de las no publicadas

Cualquiera tiempo pasado no fue mejor

1/4/2008 

“Muy a menudo se publican en los periódicos artículos y cartas que hacen referencia a la famosa estrofa del poeta Jorge Manrique en la que se afirma que “Cualquier tiempo pasado fue mejor”, interpretando que el poeta pensaba que el pasado era lo glorioso, lo óptimo, mucho mejor que el presente.

Mi interés al enviarle esta carta es insistir en lo que diversos estudiosos (Pedro Salinas, Jean Cohen) exponen acerca de la interpretación de esa estrofa de las famosas Coplas, según los cuales Jorge Manrique nunca quiso decir, ni mucho menos, que el tiempo pasado siempre es mejor que el presente. La estrofa citada, según Santiago Amón, lejos de encubrir una actitud nostálgico-conservadora, viene a advertirnos de cómo cualquier tiempo es mejor si lo consideramos como pasado, es decir, en cuanto que recordado o sometido a la duración sin fronteras que es la vida misma.

Y es precisamente así, solo cuando se analiza un periodo histórico, por ejemplo, la transición de la dictadura a la democracia, como algo ya pasado, cuando se pueden ver sus logros y sus fracasos, tan lejos de la visión nostálgica, que la idealice, como de la visión que manifiesta el que la deja en entredicho. Precisamente porque la transición ya es pasado, es por lo que no puede ser idealizada. Pero tampoco minusvalorada.

Así que lo manriqueño no es considerar mejor el pasado que el presente; lo manriqueño es tener claro que sólo podemos analizar con rigor el tiempo cuando ya es pasado. La transición ya es pasado, pero la generación política actual obviamente no. Por eso no cabe la visión nostálgica de los años ochenta; pero tampoco la deslegitimante de ciertos políticos de los tiempos actuales.

Lo siento, me he equivocado

18/4/2012

“El Rey, después de la cacería de elefantes y su accidente dijo: “Lo siento mucho. Me he equivocado y no volverá a ocurrir”. Con la que está cayendo a todos los niveles, me siento satisfecho. Soy realista, como dijo una vez Santiago Carrillo. 

Al menos el rey Juan Carlos cazaba elefantes, mal, pero cazaba elefantes. Franco y su régimen cazaban, sí, pero cazaban personas, hombres y mujeres antifascistas. Aún no han pedido perdón. Tampoco sus herederos. ETA y sus aledaños, cazaban personas, hombres y mujeres no-nacionalistas. Aún no han pedido perdón. Tampoco sus herederos. 

Don Juan Carlos, le pido que no vaya a más cacerías de elefantes, y menos con la que está cayendo.

Posdata imposible

28/3/2022

Lo que ha venido sucediendo después, lo que hemos ido sabiendo, no nos lo merecemos los españoles. Y como en aquella película de Berlanga, Bienvenido míster Marshall, el Rey emérito debería decirnos a toda la ciudadanía: “Como Rey vuestro que he sido, os debo una explicación y os la voy a dar.” Y después de la explicación, y del perdón, debería ingresar en la Hacienda pública esas decenas de millones de euros de las que se habla. Así, ya todo sería algo más llevadero.

 

 

           

jueves, 24 de marzo de 2022

Una carta mía publicada en El País

Hospital Zendal. Madrid

Hoy me han publicado una carta en El País. Dice así:

"Leo en el periodico El País que el Gobierno de la Comunidad de Madrid ha montado su propia estructura para acoger a refugiados ucranios en el hospital Zendal. Y que el Gobierno de España le ha pedido explicaciones por no seguir la estructura única creada para la ocasión. Ya está bien, señora Ayuso: si eso lo hiciese la Generalitat sería insumisión, diría usted. Bueno, pues es insumisión, figura que su Gobierno está rozando a menudo. ¿Tendrán que aplicar a Madrid el artículo 155 si sigue así?"

La carta (Es la tercera)     

https://elpais.com/opinion/2022-03-24/acaparar-sin-necesidad.html

 Sobre este asunto:   

https://elpais.com/espana/2022-03-17/diaz-ayuso-crea-un-sistema-paralelo-al-oficial-para-la-recepcion-de-refugiados-ucranios.html

https://www.elmundo.es/madrid/2022/03/14/622e5001e4d4d8e7598b4583.html

https://www.elplural.com/politica/espana/ayuso-rectifica-no-obligara-refugiados-pasar-por-zendal-quejas-gobierno_286235102

Centro de Recepción de refugiados de Pozuelo de Alarcón (Madrid)

http://www.interior.gob.es/web/interior/noticias/detalle/-/journal_content/56_INSTANCE_1YSSI3xiWuPH/10180/14997951/?redirect=http%3A%2F%2Fwww.interior.gob.es%2Fprensa%2Fnoticias%3Fp_p_id%3D101_INSTANCE_GHU8Ap6ztgsg%26p_p_lifecycle%3D0%26p_p_state%3Dnormal%26p_p_mode%3Dview%26p_p_col_id%3Dcolumn-2%26p_p_col_count%3D1

              

                     Centro de Recepción de refugiados de Pozuelo de Alarcón (Madrid)


viernes, 28 de enero de 2022

En la muerte del abuelo

El pasado viernes, 21 de enero de 2022, falleció mi padre, de muerte natural. A punto de cumplir los 98, se fue discretamente y lo despedimos familiares, amigos y vecinos en el Tanatorio de San Isidro de Madrid.

No se me ocurre mejor forma de homenajearlo que trayendo aquí unos textos de despedida de dos de sus nietos, uno de Cristina, escrito en la intimidad de su cuarto, y otro de Daniel, informando del hecho en la página de Facebook de Puerto Castilla.

El escrito de Cristina

El escrito de Daniel

Pulsar en el enlace:

https://www.facebook.com/photo/?fbid=10160258981780815&set=gm.10158612291592688

Mi escrito 

Mis padres también fueron jóvenes

Cuando mi madre cumplió catorce años, abuela María la llevó a Plasencia para que estudiara corte y confección, pues parecía ser ése un oficio que la atraía. Se alojó en casa de  tía Isabel, una prima segunda de abuela con la que ésta mantenía una estrecha amistad. Tía Isabel era una señora muy singular, con una voz especial y distinguida, una voz que mostraba dulcemente las yes del habla extremeña y las leves caídas de la entonación al final de las frases. Se quedó viuda siendo bastante joven, así que tuvo que admitir huéspedes para completar la menguada pensión que le había quedado.

En casa de tía Isabel se comía a plato y el último en servirse era siempre Alejandro, su hijo menor. Unas veces era poco lo que quedaba en la fuente y otras bastante, pero Alejandro habitualmente apuraba hasta lo último. Tal fama de tragón se ganó, que aún hoy se hacen bromas en la familia a propósito de aquellos platos a rebosar que se metía entre pecho y espalda en un santiamén, o de aquéllos otros menguados, con apenas un cucharón de lentejas, que descomponían su cara y le hacían maquinar cómo completar su exigua ración.

Al llegar a aquella casa, lo primero que hizo  mi madre fue aprenderse de memoria el nombre de la calle y el número: Rúa Zapatería, 10, cerca de la Plaza Mayor, al lado de la catedral. Al principio echaba de menos, en aquel cuarto estrecho que compartía con su prima Chon, las confidencias que le hacía su madre cuando iban a fregar los cacharros a la regadera del Regajillo, o lo bien que le daba al palique cuando cosían a la sombra, en las largas tardes de verano.

Muy pronto se dio cuenta, con la vivacidad de sus ojos verdes, de que aquélla era la ciudad de su vida, su destino privilegiado. Midiendo telas y dibujando patrones, mi madre soñaba con un futuro próspero en un taller de costura propio, con una clientela fija que le permitiera quedarse para siempre en Plasencia, disfrutando de un trabajo bien hecho y sin las penurias de la vida del campo.  

Pero aquello no duró más que dos años, y no se sabe  a ciencia cierta si fue por la escasez de comida –eran los duros años de la posguerra-  o por la falta de espacio en la casa. Aunque, pensándolo mejor, tal vez la causa residiera en que mis abuelos se cansaron del precio que tenían que pagar por la estancia de mi madre en Plasencia, ya que todos los veranos, en cuanto acababa el curso, tía Isabel llevaba a sus tres hijos a Aravalle  y los dejaba en casa de mis abuelos hasta mediados de septiembre. Allí disfrutaban de lo lindo, sobre todo Alejandro, que con su estómago insaciable nunca se cansaba de comer y engordaba lo suyo, ya que en casa de mi abuela todos comían de la misma fuente y ésa era una costumbre que a aquel tragón le parecía extraordinaria.

También mi abuelo debía apreciar mucho tal costumbre así que, para preservarla debidamente,  convencería a mi abuela de la necesidad de que aquel intercambio terminase. Fuera por una u otra causa, mi madre ya no volvió más a sus clases de corte y confección en el colegio de las Josefinas.

Aquellos dos años dejaron una profunda huella en su forma de encarar la vida. Su predilección por Plasencia siempre le hizo añorar la ocasión perdida, y cada vez que volvía a su ciudad, paseaba con nostalgia por plazas y calles, visitaba palacios e iglesias, recorría la catedral y el mercado, entraba en tiendas de ropa y se quedaba deslumbrada al ver los puestos de frutas y verduras de la Plaza Mayor. Aunque, para su desgracia, las más de las veces deambularía por aquellas calles buscando farmacias de guardia o caminando hacia la consulta de don Pedro, el médico de la tuberculosis.

Cuando volvió a Aravalle, mi madre ayudaba en las tareas de la casa y se esforzaba atendiendo a sus primeros sobrinos, la numerosa prole de su hermana Filomena, que allí se criaba al abrigo de la bondad de mi abuela María. También se empleaba a fondo en algunas tareas del campo, las reservadas a las mujeres: sembrar, coger fruta, ayudar en la recolección de las patatas, traer leña, llevar la comida a los hombres allí donde estuvieran trabajando... En sus ratos libres seguía con su afición a los patrones y las telas, hasta que vio que era vano empecinarse en ir contracorriente  y decidió guardar en el baúl sus útiles de pantalonera en ciernes. Las reglas, los cartabones, las tizas, el metro de madera, los libros y cuadernos de labores, los dibujos de prendas  y los recortes de revistas se quedaron para siempre en el tiempo de lo que no pudo ser.

Fue ganando fama de buena persona, como su madre, y de ferviente católica, como su padre. En aquellos años de devoción mariana obligatoria, perteneció a la asociación religiosa “Hijas de María”, entre cuyas tareas estaban las de cuidar el altar de la Virgen, visitar a los enfermos y dar catequesis los domingos. Tenía gran amistad con Juana y con Tomasa pero su amiga preferida era Sabina, su prima, a quien le contaba todo tipo de confidencias. Los domingos por la tarde solían ir al salón de baile, primero al de abuelo Jesús y luego al de tío Román. Allí podían mirar sin  reserva a los mozos del pueblo y bailar con ellos si las sacaban.

Pronto empezó a fijarse en Enrique, un mozo simpático y guapetón, a quien miraba embelesada mientras hablaba con sus amigos. Él también se fijó en sus ojos verdes y en su figura, así que un día la invitó a bailar. Ella hizo un mohín pero aceptó, y con la mano izquierda le abrazó suavemente el hombro mientras le ofrecía la derecha para que se la cogiera. Él le ciñó la cintura con decisión y empezaron a bailar el bolero que salía del manubrio, primero con extrañeza y después con soltura. Enrique la llevaba muy bien, era muy bailarín.

En la conjunción de  dos lugares contradictorios- el salón de baile y la iglesia- mi madre encontró la seducción de la vida pero también la agonía del remordimiento y el pecado, pues entonces casi todo era pecado. Después de titubeos y exploraciones, de avances y confusiones, decidieron confirmar su noviazgo y andar el camino que les llevaría a casarse unos años más tarde.

Cuando mi padre cumplió dieciséis años, abuelo Jesús lo llevó a Avila para que estudiase ebanistería en la Escuela de Artes y Oficios. Se hospedó en casa de su tía Primitiva, que vivía en la calle Tras de Gracia. Allí dormía y comía pero su vida transcurría en la Escuela, donde iba aprendiendo a manejar cepillos, escoplos, escorfinas, garlopas y sierras. Todos los días, al subir aquellas cuestas camino de las clases, iba pensando en su futuro y se entusiasmaba con la idea de tener un taller  cuando fuese mayor. Le encantaba aquel oficio y estaba dispuesto a hacer lo que fuera por llegar a ser un buen ebanista.

Viviendo con su tía, mi padre conoció de cerca la triste historia de aquella familia, que para él había sido un enigma hasta entonces. Tía Primi, aún con lágrimas en los ojos, le contaba a mi padre que su marido la había abandonado a los nueve años de casarse, que se había llevado al único hijo varón y que las había dejado en la miseria a ella y a su hija Lumi. Tía Primi le decía que sacó fuerzas de flaqueza, después de mucho llorar, y no paró hasta lograr un trabajo fijo, una portería que le permitiera salir adelante. Tuvo que aprender, con tristeza y dolor, a vivir sin su hijo, a renunciar a él, a conformarse con su secuestro.

Aquellos estudios de mi padre fueron interrumpidos bruscamente a los dos años de su comienzo, cuando abuelo Jesús se murió. Mi padre tuvo que regresar a Aravalle y encargarse de la hacienda de su madre. “Tienes que dejar los estudios y venirte al pueblo para encargarte de todo, Enrique, tú eres el único hombre de la familia”. 

Siendo ya mozo, mi padre apenas hablaba de su estancia en Ávila y cuando lo hacía, se protegía y evitaba hablar de su frustrada vocación de ebanista. Pero en la soledad del desván guardaba con primor, envueltas en un trapo, sus herramientas preferidas: el formón, el escoplo y la escorfina. Sin embargo las que de verdad usaba eran la azada, el calabozo, la segureja, el hacha, la horca, el rastrillo, la guadaña, la hoz y la pala. Con ellas trabajaba duramente, sacando adelante la casa de su madre y la de tío Benjamín.

En los días de descanso y en la función del pueblo solía divertirse con sus amigos, sobre todo con Gabriel y Braulio, a quienes quería como a hermanos. Fueron sonados los festejos que prepararon cuando llegaron a quintos, con el carnero encintado como mascota, el gorro que no se quitaron en los tres días, las corridas de gallos y el excitante espectáculo del miércoles de ceniza, pintando a las mozas en la cara.
Algunos meses después de las fiestas de quintos, los amigos de mi padre se marcharon a la mili, pero él no tuvo que ir pues se libró por ser hijo de viuda. Al venir de permiso Gabriel y Braulio, mi padre les dijo que estaba saliendo con mi madre. Unos meses después ya eran novios formales.

Pasados algunos años, decidieron casarse y celebrar la boda en el salón de abuela Isabel, que ya no era salón de baile sino archivo silencioso de  recuerdos y alicaída estancia de melancolía. Ellos lo alegraron con su boda. Y mi madre decidió que rompería con la tradición: nada de flores secas, como hacían todas las novias; ese día iba a llevar un buen ramo de flores frescas. Como todos los recién casados, fueron al fotógrafo de El Barco para hacerse el retrato tradicional, que los muestra demasiado irreales, tan lejanos e imposibles como los novios de todas las fotos. Pero hubo entre los invitados un aprendiz de retratista que hizo una fotografía deliciosa, en la que se muestra con acierto cómo pudo ser aquella boda. En el centro de la imagen destaca abuelo Manolo, con su eterno sombrero, y a su lado, sentado también, tío Antonio. Por delante, algunas de mis primas hacen una pausa en sus juegos para salir también en el retrato. Detrás de abuelo, sonriente y feliz, está mi padre y junto a él, alegre y con la gorra ladeada, bromea tío Paco. Subida en el poyo de piedra, y posando con gracia aérea por encima del grupo, mi madre esboza una sonrisa mientras sus ojos miran al objetivo de la cámara.