miércoles, 29 de abril de 2026

Reseña del libro Robles Amarillos en la revista La hoja azul en blanco

                             

En el número 29 de la revista La hoja azul en blanco, publicada en marzo de 2026 por la Asociación Literaria Verbo Azul, de Alcorcón (Madrid), Germán Pinto Recuero ha escrito una reseña de mi libro Robles Amarillos, publicado en 2024. Muchas gracias, Germán, por tus palabras. 

Aquí está la reseña para quien quiera leerla.

Robles Amarillos no es una novela al uso, si por tal entendemos una narración llena de situaciones comprometidas, un tanto escatológicas y de transcendencia vital. Ni tampoco es un libro que trate problemas y soluciones sorprendentes que desemboquen en un desenlace trágico o dramático. Desenlace que en ocasiones puede resultar rompedor, pero también amable o extraño con el fin de atraer la atención de los lectores y conseguir su aprobación y difusión de la obra. Por el contrario, Robles Amarillos es un relato del día a día, de la vida cotidiana de un muchacho, procedente del ámbito rural y que, tras largas horas de estudio y tesón, logra abrirse paso en mundo urbano y capitalino hasta conseguir su lugar en el mismo.

Confieso que la lectura de Robles Amarillos, independientemente de otras sensaciones, para mí fue un volver a vivir una época muy similar, casi en paralelo a la del protagonista: infancia rural, estudios becados, internado, viajes y estancia en Madrid. Luego, oposiciones y, por fin, independencia económica con un futuro razonablemente estable.

Jesús Bermejo nos introduce y nos hace un hueco en los rincones y circunstancias de unos personajes que, aunque desconocidos nominalmente para la gran mayoría de los lectores, son fácilmente identificables, encarnados en esas otras personas que han vivido a nuestro lado en la infancia de nuestro mundo rural o en la adolescencia y juventud de nuestros internados. Y que por ello resultan poseer unas características semejantes, cuando no son un calco de alguien que se movía por esos andurriales, pues trascurre su existencia en provincias hermanas y aledañas. En un tiempo, además, marcado por el esfuerzo y la lucha por la subsistencia diaria, pero con la esperanza de un posible bienestar futuro, aún incierto y lejano.

El autor, en este libro, hace uso de una prosa limpia y eficiente, no exenta de los más variados recursos literarios y de los más bellos hallazgos lingüísticos. Hallazgos y recursos que, a veces, emparentan su escritura con la poesía desde ese manantial sereno que es la memoria de Jesús Bermejo y que revela Machado en sus versos. Utilizando, de vez en cuando, expresiones muy populares, así como ciertos arcaísmos que solo se conocen en las zonas rurales, pero que nuestro autor domina con la maestría que el uso diario y la costumbre hace que el texto resulte familiar y ayude al lector a introducirse en ese ambiente campesino que quiere plasmar en estas páginas.

Sin caer en detalles innecesarios, nos hace unas hermosas y sencillas descripciones, tanto del entorno rural y sus costumbres como del mundo urbano. Y nos podemos ver en un entrañable pueblecito y su hermoso paisaje, lleno de colores, de luz y de recuerdos, pero también de nieblas y de frío, tan propios de la tierra abulense. O encontrarnos, pequeños y alucinados, al lado de nobles edificios e interminables colas de vehículos rodando en plena Gran Vía madrileña. Desde ella o sus aledaños, Jesús Bermejo siempre tiene presente ese purísimo azul velazqueño del Guadarrama que tanto le recuerda sus orígenes, pero que, al mismo tiempo, se muestra ante su vista como una promesa de futuro.

Como conclusión, debo decir que Robles Amarillos me parece un acierto y, por ello, un gozo literario, pero también es una alegría para los sentidos y, sobre todo, para la memoria de quienes vivimos una época marcada por el esfuerzo y la necesidad de construirnos un futuro mejor que el presente que en aquellos años se nos ofrecía.

Germán Pinto







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