En el número 29 de la revista La hoja azul en blanco, publicada en marzo de 2026 por la Asociación Literaria Verbo Azul, de Alcorcón (Madrid), Germán Pinto Recuero ha escrito una reseña de mi libro Robles Amarillos, publicado en 2024. Muchas gracias, Germán, por tus palabras.
Aquí está la reseña para quien quiera leerla.
Robles Amarillos
no es una novela al uso, si por tal entendemos una narración llena de
situaciones comprometidas, un tanto escatológicas y de transcendencia vital. Ni
tampoco es un libro que trate problemas y soluciones sorprendentes que
desemboquen en un desenlace trágico o dramático. Desenlace que en ocasiones
puede resultar rompedor, pero también amable o extraño con el fin de atraer la
atención de los lectores y conseguir su aprobación y difusión de la obra. Por
el contrario, Robles Amarillos es un relato del día a día, de la vida cotidiana
de un muchacho, procedente del ámbito rural y que, tras largas horas de estudio
y tesón, logra abrirse paso en mundo urbano y capitalino hasta conseguir su
lugar en el mismo.
Confieso
que la lectura de Robles Amarillos, independientemente de otras sensaciones,
para mí fue un volver a vivir una época muy similar, casi en paralelo a la del
protagonista: infancia rural, estudios becados, internado, viajes y estancia en
Madrid. Luego, oposiciones y, por fin, independencia económica con un futuro
razonablemente estable.
Jesús
Bermejo nos introduce y nos hace un hueco en los rincones y circunstancias de
unos personajes que, aunque desconocidos nominalmente para la gran mayoría de
los lectores, son fácilmente identificables, encarnados en esas otras personas
que han vivido a nuestro lado en la infancia de nuestro mundo rural o en la
adolescencia y juventud de nuestros internados. Y que por ello resultan poseer
unas características semejantes, cuando no son un calco de alguien que se movía
por esos andurriales, pues trascurre su existencia en provincias hermanas y
aledañas. En un tiempo, además, marcado por el esfuerzo y la lucha por la
subsistencia diaria, pero con la esperanza de un posible bienestar futuro, aún
incierto y lejano.
El autor,
en este libro, hace uso de una prosa limpia y eficiente, no exenta de los más
variados recursos literarios y de los más bellos hallazgos lingüísticos.
Hallazgos y recursos que, a veces, emparentan su escritura con la poesía desde
ese manantial sereno que es la memoria de Jesús Bermejo y que revela Machado en
sus versos. Utilizando, de vez en cuando, expresiones muy populares, así como
ciertos arcaísmos que solo se conocen en las zonas rurales, pero que nuestro
autor domina con la maestría que el uso diario y la costumbre hace que el texto
resulte familiar y ayude al lector a introducirse en ese ambiente campesino que
quiere plasmar en estas páginas.
Sin caer
en detalles innecesarios, nos hace unas hermosas y sencillas descripciones,
tanto del entorno rural y sus costumbres como del mundo urbano. Y nos podemos
ver en un entrañable pueblecito y su hermoso paisaje, lleno de colores, de luz
y de recuerdos, pero también de nieblas y de frío, tan propios de la tierra
abulense. O encontrarnos, pequeños y alucinados, al lado de nobles edificios e
interminables colas de vehículos rodando en plena Gran Vía madrileña. Desde
ella o sus aledaños, Jesús Bermejo siempre tiene presente ese purísimo azul
velazqueño del Guadarrama que tanto le recuerda sus orígenes, pero que, al
mismo tiempo, se muestra ante su vista como una promesa de futuro.
Como
conclusión, debo decir que Robles Amarillos me parece un acierto y, por ello,
un gozo literario, pero también es una alegría para los sentidos y, sobre todo,
para la memoria de quienes vivimos una época marcada por el esfuerzo y la
necesidad de construirnos un futuro mejor que el presente que en aquellos años
se nos ofrecía.
Germán Pinto



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