martes, 19 de abril de 2011

Mi hermano y el maratón de Madrid




Una vez más, Javier, mi hermano, corre el maratón de Madrid, con una marca estupenda y una clasificación extraordinaria. Y una vez más, terminada su carrera y recuperado su cuerpo, nos narra su experiencia en una crónica singular.  Y yo, según costumbre, la traigo aquí.  Cerca están archivadas otras crónicas, por si queréis leerlas.

http://antonioaravalle.blogspot.com/2011/01/los-maratones-de-mi-hermano.html

Enhorabuena, atleta.




 
Cosa de amigos
K0. ANTONIO Y ELO

Faltan dos minutos para la salida y busco entre el público alguien con quien compartir las dudas habituales de carrera. Al otro lado de la valla veo por fin a Elo y Antonio, en mi opinión un modelo de hermandad. Como no me ven, agito la mano. Al fin, saludan. Estoy salvado.

K5. MARGA

Me había dicho que escaparía un momento para ver la carrera. Como no sé a qué lado se habrá situado, voy por el centro de la calle, bizqueando. Al fin, casi de milagro, me descubre y sonríe. Superada la primera larga cuesta, comienza de veras la carrera.

K9. NEMO Y ESTHER

Me extraña verlos aquí, porque lo suyo es que fueran más adelante. Eso quiere decir que me estoy pasando de ritmo, así que decido moderarme, no vaya a ser que tengamos títeres a partir de la Casa de Campo.

K13. CARLOS

Como el año pasado, me espera con bebida en Cuatro Caminos, la glorieta que fue hogar de sus tíos, hace ya tanto tiempo. Y me siento, claro, como en casa.

K15. GUILLE Y SUS BORRACHUELOS

Lo de este hombre y su familia es cosa aparte: todo el sábado preparando dulces, globos, bebida y música para el disfrute de los corredores. Nunca se lo agradeceremos suficientemente.

K19. RAMIRO, URRACA, ELVIRA Y SANCHO

Hoy no pudo ser: los rotundos reyes de Castilla se quedaron solitos al sereno, y nosotros fuimos condenados a las mazmorras para no interferir con otra marcha. Esta vez la procesión va por fuera.

K23. QNK

La gente del barrio de la Florida viene a ser la esencia de la gente del Madrid que más me gusta: algo escéptica, sensata, modesta y a la vez orgullosa. Más o menos como Qnk, que espera con una botella en la mano (¿para quién?) y saluda discretamente.

K24. YUDUS

Otro madrileño de pro, corredor legendario que me llama en voz baja y me ánima con un guiño casi imperceptible; él y yo sabemos que nos une un vínculo demasiado fuerte: una parte de mi único maratón de menos de tres horas se lo debo a una cabalgada que me regaló desde el puente de la Culebra hasta el MP de la Casa de Campo, un imborrable día gris de noviembre, allá por el año 2007.

K25. DANIEL Y GLORIA

Me esperan para cinco minutos más tarde, al revés de lo ocurrido en 2010. Sumo la ansiedad de entonces con la sorpresa de hoy, y al dividir por dos obtengo el resultado: el maratón es una entidad ingobernable. Es él quien te maneja a su capricho, y no hay más remedio que someterse.

K34.  ROBERALVA Y DIEGO

Buena parte del público que anima tiende a situarse en los puntos propicios para una postal: Gran Vía, Sol, Palacio Real (otros años, no éste), puente de Segovia… Pero hay otro público que sabe dónde se sufre de veras. Ahí están Diego y Rober, en medio de la nada, en esa zona gris en la que nadie haría una foto. Están ahí porque saben que ese es el punto en que el maratón devora a sus víctimas. Por eso se agradece tanto el gesto de Rober apretando los dientes.

K36. OTRA VEZ ANTONIO

Esta vez sin Elo, en otro punto fatídico, la cuesta de la calle Segovia, donde uno ya va bien macerado. Para suavizar el calvario, Antonio ofrece agua, isotónico, gel, lo que haga falta. Y lo que hace falta es que pase este duro tramo, algo más liviano con el apoyo del público.

K41. PACO G. Y PACO J.

Otro tándem histórico, casi un mito para el corredor popular, un símbolo del deporte como vía para alcanzar la felicidad. Como cabía esperar, se han colocado donde más falta hacían: en mitad del último tramo difícil, esa cuesta larga y tendida que conoces a fondo desde dentro del Retiro, pero que por el asfalto se hace aún más insidiosa.

K41,300. PILAR, CARLOS, GLORIA, MAYYI, LARA, DANIEL Y MAYSÁ.

Son el premio a una jornada llena de emociones. Como siguen siendo los peques (por más que anden casi todos por los veinte), me acerco a la valla para chocar la manos con Daniel y las sobris.

K41,700. ANA Y MATÍAS

Desde la izquierda, oigo mi nombre entre el guirigay de voces que envuelven al corredor, muy cerca ya de meta. De refilón veo el gesto animoso de Ana, acompañada del gran Matías.

K42,195. EL CRONO

A menudo, el reloj es un factor de presión para los corredores. También lo he sufrido, aunque cada vez menos. Desde el k2 he ido viendo delante de mí el globo de 3h30, cada vez más cerca: 500m, 300, 250, 200… Otras veces habría forzado la marcha para enlazar y entrar en 3h29, pero ya no. Poco a poco, uno va entendiendo que el tiempo apenas cuenta en maratón. La clave de esta carrera está en otro lado, está en los amigos.

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jueves, 7 de abril de 2011

Pipo, mi perro





Ahora que ya va notándose un poco el calor de la primavera, me gusta salir un buen rato paseando con Pipo por la calle  camino del parquecillo que hay junto al museo de Ciencias Naturales. Él va husmeando todos los rincones y luego trota un rato. Después nos sentamos y hojeo el periódico. Cuando se cansa de esperar, emite un gruñido apenas audible, pidiendo que paseemos otro rato. A la primera de cambio no le hago caso; pero ante la insistencia, pliego el periódico y seguimos nuestro camino. Cuando llegamos a casa bebe agua con ansia y me pide una golosina. A veces accedo pero otras no, pues convertiría cada paseo en motivo de premio. Y aunque el premio es el paseo en sí, en ocasiones le doy un par de galletas que se traga en un santiamén. La verdad es que es guapo y positivo este simpático chucho. Me gusta, por primario y por cariñoso. Lo justo, para no cansar.



Traigo aquí una entrada que ya coloqué en el blog hace unos meses, cuando hice una semblanza de mis animales.


"Entró en nuestra vida como sin querer, ocupando el hueco que Linda había dejado unos meses antes, cuando desapareció. Pipo era entonces un cachorrillo semiabandonado de color canelo, que mordisqueaba todo lo que encontraba a su paso, y que alborotaba la vida allí por donde pasaba. Pero también era un perro miedoso y precavido: aún recuerdo cómo se resistía a entrar en el ascensor cuando nos lo trajimos del pueblo.

Pipo es un perro alegre, bruto y cariñoso. Siempre está dispuesto a saludarte y a jugar, para él es lo mismo, y también a salir de paseo. Come cuanto se le echa en su cuenco, pero además, al menor descuido, se zampa en un santiamén cualquier manjar que encuentre por la calle. Aunque para manjares, aquellos dos filetes de ternera que hábilmente secuestró de una bolsa del supermercado dejada en el suelo de la cocina, cuando sonó el teléfono una tarde de este otoño que está terminando. Eso sí, en cuanto lo advertí y se lo reproché, se fue directamente al rincón del castigo sin que yo le dijera nada más.

Es un perro práctico y astuto. Y testarudo. En el pueblo se pierde siempre al volver del paseo por el campo, y eso le permite callejear y husmear a su antojo, y buscar encuentros con sus amigas. Después, cuando lo considera oportuno, vuelve a casa y llama a la puerta falsa para que le abramos y, si no estamos, unas veces opta por darse una vuelta más y otras, por echarse en la calle hasta que regresemos.

Pipo es cariñoso, muy cariñoso, con todos aquellos a los que les gustan los perros, y juega con ellos hasta el agotamiento, sin más límite o freno que el que se le imponga con reiteración. Pero ignora sin rencor alguno a las personas que no conectan con los perros, no les hace caso alguno, les deja estar en paz.

Hasta en el dormir es práctico y brutote. Se le ve a menudo panza arriba, despatarrado y con todo al aire, muy lejos de la dulzura de Linda cuando estaba dormida. Aunque también Pipo puede ser elegante y delicado, como cuando prepara su cama en invierno, haciendo un ovillo con la jarapa de la cocina y enrollándose en ella hasta encontrarse a gusto.

Lo más bonito de Pipo es su mirada, siempre tierna y transparente. Y lo que más enfada, su comportamiento en el pueblo, cuando, libre de correas, lo llamas y, en lugar de venir, hace un quiebro como de juego y se marcha corriendo a la ventura, perdiéndose por las calles. Su tozudez va unida a la  seguridad de encontrar la casa abierta a su regreso. Pero su mirada siempre es la mejor prenda  de su fidelidad y de sus atenciones.


Dedicado a Ana

lunes, 21 de marzo de 2011

El barranqueño: un modelo de lenguas en contacto

 
María Victoria Navas Sánchez-Élez

María Victoria es Profesora Titular de la Universidad Complutense de Madrid. Imparte clases en la Facultad de Filología y es considerada una autoridad en El dialecto barranqueño. A este tema le ha dedicado muchos artículos, que ahora ha reunido en un libro que será editado próximamente por la Editorial Complutense.

También ha investigado y editado textos de Gil Vicente, ha estudiado y editado el Libro del infante don Pedro y es especialista en Bibliografía lingüística de la Raya entre España y Portugal. Ha escrito también el libro Romancero y Cancionero de Los Navalmorales (Toledo), su pueblo, y actualmente sigue publicando, en revistas de Filología y Literatura, artículos sobre autores gallegos del exilio, autores contemporáneos portugueses y diversos temas de dialectología. Además participa en diversos proyectos de investigación de su Universidad.



Su forma de trabajar es discreta, continuada y firme. De sus maestros aprendió el oficio y a él dedica muchas horas de su vida. La humildad de Mª Victoria oculta un rigor poco usual, por eso creo que la universidad española no es suficientemente considerada con ella, cosa que sucede con otros muchos profesores. 

Yo aprecio mucho sus trabajos, como antiguo compañero de estudios, como licenciado en románicas, aunque me dedique a enseñar en otros ámbitos, y como amigo. Además tengo la suerte de ser su marido y de compartir mi vida con ella. Por todo ello traigo aquí, a este blog,  el artículo con el que comenzó a publicar sus investigaciones sobre el barranqueño, un dialecto de base castellana y portuguesa. 

Comienzo del artículo


1. INTRODUCCIÓN

Esta comunicación intenta ser una sucinta presentación de un trabajo en curso sobre el barranqueño, desarrollado a partir de datos recogidos después de estancias prolongadas, entre 1987 y 1990, en la comunidad de Barrancos.

Tiene como fuentes un total de 60 entrevistas, realizadas a partir de un cuestionario que recoge diversos estilos, desde el más formal —lectura de pares de palabras— al más informal —conversación dirigida—y, también, la observación directa, llevada a cabo en los varios meses de permanencia en la localidad.

La investigación aborda el estudio del barranqueño desde el punto de vista de la variación; es decir, trata de explicar la variabilidad que existe en el dialecto inherente a todo sistema lingüístico. Partiendo del principio de que el barranqueño no es un dialecto homogéneo, sino que presenta fenómenos de variación —que a su vez están sometidos a reglas no arbitrarias: categóricas y variables— el trabajo se propone dar una información precisa, basada en la estadística, sobre la influencia que los factores lingüísticos  o extralingüísticos tienen sobre la posible realización de una variante de un determinado locutor perteneciente a un determinado grupo.

En esta ocasión, sin embargo, cuando se describe el dialecto referido, apenas se muestra una panorámica general de sus rasgos característicos, sin establecer relaciones de covariación entre hechos lingüísticos y cxtralingüísticos e individuos.








2. LA FORMACIÓN DEL DIALECTO BARRANQUEÑO

La situación geográfica, la historia y el aislamiento de Barrancos han hecho posible la creación de un dialecto fronterizo, hablado en contexto plurilingüe, producto del contacto lingüístico prolongado entre habitantes de dos lenguas románicas diferentes: el portugués —variedad alentejana— y el castellano —variedades andaluza y extremeña.










3. LA SITUACIÓN GEOGRÁFICA


Barrancos es una población portuguesa de unos 3.000 habitantes situada en el Bajo Alentejo, al Este del distrito de Beja, en la margen izquierda del Guadiana. Su superficie de 188 km2, se introduce en España como una cuña, limitada en parte por el río Ardila, que forma frontera con tierras andaluzas -Encinasola en el N.O. de la provincia de Huelva- y extremeñas -Oliva de la Frontera al S.E. de la provincia de Badajoz-.



martes, 15 de marzo de 2011

Ética del no hacer



Ética del no hacer
Entrada de Antonio Muñoz Molina en su blog

15 de marzo de 2011
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2011
No creo que tengamos que elegir entre tecnología y primitivismo, entre progreso material insostenible y sombría austeridad. Gracias a la tecnología se diseñan ahora edificios más responsables ecológicamente que nunca. Si hay remedio para la catástrofe ambiental que ya está sucediendo en el mundo no vendrá del rechazo de l tecnología sino de su empleo inteligente, guiado por audaces decisiones políticas, por cambios radicales pero no dolorosos en el comportamiento de todos los días. Discutiendo sobre qué hacer, de una manera muy occidental, se nos olvida la importancia del qué no hacer. En la conciencia ecologista el no hacer es tan valioso como la no violencia en política, y tan afirmativo. Casi cada día paso, en la calle Once, entre la sexta y la quinta avenidas, junto a un pequeño cementerio sefardí con las lápidas casi borradas, junto a una casa en la que vivió Charles Ives entre 1908 y 1911, junto a un bello edificio de los años sesenta -el único moderno en la manzana- que pertenece a la New School, la universidad que fundaron al final de los años treinta Hannah Arendt y un grupo de exiliados europeos del nazismo. En la puerta de la New School hay un cartel con tres palabras que leo todos los días:
Reduce.
Reuse.
Recylcle.
No creo que sea un antojo de ciudadanos consentidos de los países ricos: es a los pobres a los que ya está afectando más el cambio climático. Hacer cosas siempre es mucho más difícil que no hacerlas, y puede tener más efectos indeseados. Para estar en forma nos animan a que hagamos ejercicio, a que vayamos al gimnasio, a que tomemos esta vitamina o esta otra. Pero más eficaz que hacer todo eso es no hacer algunas otras cosas: no comer demasiado, por ejemplo, no tomar habitualmente bebidas carbonadas o carnes rojas, privarse de comida basura. En una noche de celebración la última copa que uno no se toma es la que mejor le sienta. No hay energía más limpia que la que no se gasta de manera superflua. No hay palabra más útil que la que dejamos de decir conteniéndonos en un momento de ira. En los árboles todavía desnudos de Nueva York hay con frecuencia bolsas de plástico enganchadas en las ramas, flotando al viento como banderas tibetanas de oración: basta salir con un capazo a hacer la compra cada día para ahorrarse no sé cuántos cientos de bolsas de plástico al año. Guardar una botella de agua y rellenarla en un grifo o una fuente mejora modestamente el mundo. El agua del grifo o de la fuente en un país desarrollado es más fiable que la embotellada.
Lo más beneficioso, lo más sabroso, resulta ser también lo que produce menos despilfarro: unas lentejas con verduras cuestan muy poco, dan de comer varios días y pueden ser deliciosamente saludables. Ir a pie de un lado a otro es mucho más barato y más austero que ir en coche o en taxi, y además lo mantiene a uno en forma sin que le haga falta gastar la mensualidad de un gimnasio. El metro o el autobús son excelentes lugares de lectura, o para escuchar música o para observar a la gente. No hay que elegir entre la anestesia y la salvación del planeta. Hay que elegir, eso sí, cada día, entre lo necesario y lo superfluo. Y quizás reflexionar como Sócrates ante el bullicio de los vendedores del mercado de Atenas: “Cuántas cosas hay que yo no necesito”.

sábado, 5 de marzo de 2011

Invierno en Madrid



Aquí, Madrid, mil novecientos
cincuenta y cuatro: un hombre solo.

Un hombre lleno de febrero,
ávido de domingos luminosos,
caminando hacia marzo paso a paso,
hacia el marzo del viento y de los rojos
horizontes -y la reciente primavera
ya en la frontera del abril lluvioso...-

Aquí, Madrid, entre tranvías
y reflejos, un hombre: un hombre solo.

-Más tarde vendrá mayo y luego junio,
y después julio y, al final, agosto-.

Un hombre con un año para nada
delante de su hastío para todo.

Ángel González, Áspero mundo














 

Malamoneda ( Toledo )

La Encamisada de Menasalbas (Toledo)