jueves, 18 de agosto de 2016

Homenaje a Federico García Lorca en el 80 aniversario de su muerte


Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace,

un andaluz tan claro, tan rico de aventura.

Yo canto su elegancia con palabras que gimen 

y recuerdo una brisa triste por los olivos.

Así acaba el poema que Federico García Lorca dedicó al torero Ignacio Sánchez Mejías, gran amigo suyo, cuando murió de una cogida en 1934. Juan Antonio Bardem, en su serie Lorca, muerte de un poeta, decidió que la película terminase con estos versos, pero dedicados esta vez a Federico. Creo, hoy más que nunca, que fue una decisión cabal. Leed de nuevo esos versos y veréis que son la quintaesencia de Lorca.

La Elegía de Antonio Machado a Federico

El 18 de agosto de 1936 Federico fue fusilado por los franquistas en Granada. La enorme conmoción en todo el país hizo brotar de lo más hondo de Antonio Machado una impresionante Elegía dedicada al poeta asesinado, El crimen fue en Granada, y fue dada a conocer en el semanario republicano Ayuda. Dicha Elegía nunca pudo ser publicada en la España de Franco.

 El crimen

Se le vio, caminando entre fusiles,

por una calle larga,

salir al campo frío,

aún con estrellas de la madrugada.

Mataron a Federico

cuando la luz asomaba.

El pelotón de verdugos

no osó mirarle la cara.

Todos cerraron los ojos;

rezaron: ¡ni Dios te salva!

Muerto cayó Federico

—sangre en la frente y plomo en las entrañas—

… Que fue en Granada el crimen

sabed —¡pobre Granada!— en su Granada.

El poeta y la muerte

Se le vio caminar solo con Ella,

sin miedo a su guadaña.

—Ya el sol en torre y torre, los martillos

en yunque— yunque y yunque de las fraguas.

Hablaba Federico,

requebrando a la muerte. Ella escuchaba.

«Porque ayer en mi verso, compañera,

sonaba el golpe de tus secas palmas,

y diste el hielo a mi cantar, y el filo

a mi tragedia de tu hoz de plata,

te cantaré la carne que no tienes,

los ojos que te faltan,

tus cabellos que el viento sacudía,

los rojos labios donde te besaban…

Hoy como ayer, gitana, muerte mía,

qué bien contigo a solas,

por estos aires de Granada, ¡mi Granada!»…

Se le vio caminar…

Labrad, amigos,

de piedra y sueño en el Alhambra,

un túmulo al poeta,

sobre una fuente donde llore el agua,

y eternamente diga:

el crimen fue en Granada, ¡en su Granada!

                                  

Mi pequeño homenaje

Hoy se cumplen ochenta años de aquella infamia, que yo creo que simboliza cabalmente la catástrofe que fue la guerra civil. Ochenta años en los que se ha pasado del silencio y el miedo de los cuarenta al recuerdo universal que hoy se le tributa a Federico. Ochenta años, en los que Lorca se ha ido convirtiendo en el escritor español más universal junto con Cervantes.

Reúno aquí, como pequeño homenaje, poesías de Federico y recuerdos diversos, cosas que han ido caminando conmigo de escuela en escuela, de clase en clase. Otras, descubrimiento personal y lectura intimista. 

En la Escuela

Una poesía de Federico, El niño mudo, me ayudó durante muchos años en mi propósito de que los chicos y chicas de primero de ESO del Instituto “Emperatriz María de Austria”, de Madrid, leyeran en alto, descubrieran el placer del texto y disfrutaran de la alegría de las voces sonando al unísono.

 Y otra, Romance sonámbulo, me permitió, en octavo de EGB, que mis alumnos del Colegio Público “Antonio Machado”, de Madrid, y los del C. P. “Santo Cristo”, de Numancia de la Sagra (Toledo), descubrieran con interés la poesía de Lorca.

 Nunca olvidaré el estupendo trabajo de los chicos y chicas del Colegio Público “Juan de Herrera”, de la UVA de Vallecas, de Madrid, cuando montamos El retablillo de don Cristóbal, donde ellos eran los muñecos y se movían como tales.

El niño mudo

 El niño busca su voz.

 (La tenía el rey de los grillos.)

En una gota de agua

 buscaba su voz el niño.

 No la quiero para hablar;

 me haré con ella un anillo

 que llevará mi silencio

en su dedo pequeñito.

 En una gota de agua

 buscaba su voz el niño.

 (La voz cautiva, a lo lejos,

 se ponía un traje de grillo.)

 

Romance sonámbulo

Verde que te quiero verde.

Verde viento. Verdes ramas.

El barco sobre la mar

y el caballo en la montaña.

Con la sombra en la cintura

ella sueña en su baranda,

verde carne, pelo verde,

con ojos de fría plata.

Verde que te quiero verde.

Bajo la luna gitana,

las cosas le están mirando

y ella no puede mirarlas.

*

Verde que te quiero verde.

Grandes estrellas de escarcha,

vienen con el pez de sombra

que abre el camino del alba.

La higuera frota su viento

con la lija de sus ramas,

y el monte, gato garduño,

eriza sus pitas agrias.

¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde...?

Ella sigue en su baranda,

verde carne, pelo verde,

soñando en la mar amarga.

*

Compadre, quiero cambiar

mi caballo por su casa,

mi montura por su espejo,

mi cuchillo por su manta.

Compadre, vengo sangrando,

desde los montes de Cabra.

Si yo pudiera, mocito,

ese trato se cerraba.

Pero yo ya no soy yo,

ni mi casa es ya mi casa.

Compadre, quiero morir

decentemente en mi cama.

De acero, si puede ser,

con las sábanas de holanda.

¿No ves la herida que tengo

desde el pecho a la garganta?

Trescientas rosas morenas

lleva tu pechera blanca.

Tu sangre rezuma y huele

alrededor de tu faja.

Pero yo ya no soy yo,

ni mi casa es ya mi casa.

Dejadme subir al menos

hasta las altas barandas,

dejadme subir, dejadme,

hasta las verdes barandas.

Barandales de la luna

por donde retumba el agua.

*

Ya suben los dos compadres

hacia las altas barandas.

Dejando un rastro de sangre.

Dejando un rastro de lágrimas.

Temblaban en los tejados

farolillos de hojalata.

Mil panderos de cristal,

herían la madrugada.

*

Verde que te quiero verde,

verde viento, verdes ramas.

Los dos compadres subieron.

El largo viento, dejaba

en la boca un raro gusto

de hiel, de menta y de albahaca.

¡Compadre! ¿Dónde está, dime?

¿Dónde está mi niña amarga?

¡Cuántas veces te esperó!

¡Cuántas veces te esperara,

cara fresca, negro pelo,

en esta verde baranda!

*

Sobre el rostro del aljibe

se mecía la gitana.

Verde carne, pelo verde,

con ojos de fría plata.

Un carámbano de luna

la sostiene sobre el agua.

La noche su puso íntima

como una pequeña plaza.

Guardias civiles borrachos,

en la puerta golpeaban.

Verde que te quiero verde.

Verde viento. Verdes ramas.

El barco sobre la mar.

Y el caballo en la montaña.

 

Viaje a Granada. Enero de 2016

Una sorpresa: no hay ni una calle dedicada a Federico; sí un parque, dentro del cual está la Huerta de san Vicente. Hermosa casa museo. Emoción intensa al ver la mesa del poeta.

 Libros comprados en la Huerta

·      Federico y su mundo, de Francisco García Lorca

·      Mis recuerdos, de Isabel García Lorca

·      Miedo, olvido y fantasía: Crónica de la investigación de Agustín Penón sobre Federico García Lorca, de Marta Osorio

·      Diván del Tamarit, de Federico

·      Historia La Huerta de san Vicente

Visita al Centro García Lorca, la sede de la Fundación, que está esperando los fondos del poeta, depositados en la Residencia de Estudiantes. Desconcierto al no ver placas que recuerden a Lorca: en las casas donde vivió, los lugares que frecuentaba, los sitios de la ignominiosa pasión y muerte…(Alguna excepción: la mesa de la tertulia El Rinconcillo, del antiguo café Alameda, hoy dentro del restaurante Chikito).

Pero todo en Granada me recordaba al poeta: la luz, las casas, la gente, la Alhambra, la casa de Falla, los paseos, el Albaicín, la Alcaicería…Y, siempre, esa poesía musicada por Leonard Cohen, esa serie de Juan Antonio Bardem, ese teatro de Federico, esos dibujos, el cine, los amigos, la Residencia, Nueva York, Cuba, Argentina, La Barraca, su extraordinaria personalidad, su valentía al vivir su sexualidad lo más libremente que pudo, su familia, el exilio de sus padres y hermanos, la tumba que nunca se encuentra, el maestro Dióscoro Galindo y los dos banderilleros con los que compartió su terrible final…

Mi pequeña antología

Romance de la luna

La luna vino a la fragua

con su polisón de nardos.

El niño la mira mira.

El niño la está mirando.

En el aire conmovido

mueve la luna sus brazos

y enseña, lúbrica y pura,

sus senos de duro estaño.

Huye luna, luna, luna.

Si vinieran los gitanos,

harían con tu corazón

collares y anillos blancos.

Niño déjame que baile.

Cuando vengan los gitanos,

te encontrarán sobre el yunque

con los ojillos cerrados.

Huye luna, luna, luna,

que ya siento sus caballos.

Niño déjame, no pises,

mi blancor almidonado.

 El jinete se acercaba

tocando el tambor del llano.

Dentro de la fragua el niño,

tiene los ojos cerrados.

Por el olivar venían,

bronce y sueño, los gitanos.

Las cabezas levantadas

y los ojos entornados.

¡Cómo canta la zumaya,

ay como canta en el árbol!

Por el cielo va la luna

con el niño de la mano.

Dentro de la fragua lloran,

dando gritos, los gitanos.

El aire la vela, vela.

el aire la está velando.

 

La aurora de Nueva York

La aurora de Nueva York tiene

cuatro columnas de cieno

y un huracán de negras palomas

que chapotean las aguas podridas.

La aurora de Nueva York gime

por las inmensas escaleras

buscando entre las aristas

nardos de angustia dibujada.

La aurora llega y nadie la recibe en su boca

porque allí no hay mañana ni esperanza posible:

a veces las monedas en enjambres furiosos

taladran y devoran abandonados niños.

Los primeros que salen comprenden con sus huesos

que no habrá paraísos ni amores deshojados;

saben que van al cieno de números y leyes,

a los juegos sin arte, a sudores sin fruto.

La luz es sepultada por cadenas y ruidos

en impúdico reto de ciencia sin raíces.

por los barrios hay gentes que vacilan insomnes

como recién salidas de un naufragio de sangre.

 

 Baladilla de los tres ríos

El río Guadalquivir

va entre naranjos y olivos.

Los dos ríos de Granada

bajan de la nieve al trigo.

¡Ay, amor

que se fue y no vino!

 

El río Guadalquivir

tiene las barbas granates.

Los dos ríos de Granada

uno llanto y otro sangre.

¡Ay, amor

que se fue por el aire!

 

Para los barcos de vela,

Sevilla tiene un camino;

por el agua de Granada

sólo reman los suspiros.

¡Ay, amor

que se fue y no vino!

 

Guadalquivir, alta torre

y viento en los naranjales.

Dauro y Genil, torrecillas

muertas sobre los estanques,

¡Ay, amor

que se fue por el aire!

 

¡Quién dirá que el agua lleva

un fuego fatuo de gritos!

¡Ay, amor

que se fue y no vino!

 

Lleva azahar, lleva olivas,

Andalucía, a tus mares.

¡Ay, amor

que se fue por el aire!

 

Pequeño vals vienés

En Viena hay diez muchachas,

un hombro donde solloza la muerte

y un bosque de palomas disecadas.

Hay un fragmento de la mañana

en el museo de la escarcha.

Hay un salón con mil ventanas.

¡Ay, ay, ay, ay!

Toma este vals con la boca cerrada.

 

Este vals, este vals, este vals,

de sí, de muerte y de coñac

que moja su cola en el mar.

 

Te quiero, te quiero, te quiero,

con la butaca y el libro muerto,

por el melancólico pasillo,

en el oscuro desván del lirio,

en nuestra cama de la luna

y en la danza que sueña la tortuga.

¡Ay, ay, ay, ay!

Toma este vals de quebrada cintura.

 

En Viena hay cuatro espejos

donde juegan tu boca y los ecos.

Hay una muerte para piano

que pinta de azul a los muchachos.

Hay mendigos por los tejados.

Hay frescas guirnaldas de llanto.

¡Ay, ay, ay, ay!

Toma este vals que se muere en mis brazos.

 

Porque te quiero, te quiero, amor mío,

en el desván donde juegan los niños,

soñando viejas luces de Hungría

por los rumores de la tarde tibia,

viendo ovejas y lirios de nieve

por el silencio oscuro de tu frente.

¡Ay, ay, ay, ay!

Toma este vals del "Te quiero siempre".

 

En Viena bailaré contigo

con un disfraz que tenga

cabeza de río.

¡Mira qué orilla tengo de jacintos!

Dejaré mi boca entre tus piernas,

mi alma en fotografías y azucenas,

y en las ondas oscuras de tu andar

quiero, amor mío, amor mío, dejar,

violín y sepulcro, las cintas del vals.

  

Casida del llanto

He cerrado mi balcón

porque no quiero oír el llanto

pero por detrás de los grises muros

no se oye otra cosa que el llanto.

 

Hay muy pocos ángeles que canten,

hay muy pocos perros que ladren,

mil violines caben en la palma de mi mano.

 

Pero el llanto es un perro inmenso,

el llanto es un ángel inmenso,

el llanto es un violín inmenso,

las lágrimas amordazan al viento,

no se oye otra cosa que el llanto.

 

Gacela del mercado matutino

Por el arco de Elvira

quiero verte pasar,

para saber tu nombre

y ponerme a llorar.

¿Qué luna gris de las nueve

te desangró la mejilla?

¿Quién recoge tu semilla

de llamaradas en la nieve?

¿Qué alfiler de cactus breve

asesina tu cristal?

 

Por el arco de Elvira

voy a verte pasar,

para beber tus ojos

y ponerme a llorar.

¡Qué voz para mi castigo

levantas por el mercado!

¡Qué clavel enajenado

en los montones de trigo!

¡Qué lejos estoy contigo,

qué cerca cuando te vas!

 

Por el arco de Elvira

voy a verte pasar,

para sentir tus muslos

y ponerme a llorar.

 

Gacela del amor que no se deja ver

Solamente por oír

la campana de la Vela 

te puse una corona de verbena.

Granada era una luna

ahogada entre las yedras. 

 

Solamente por oír

la campana de la Vela

desgarré mi jardín de Cartagena.

Granada era una corza

rosa por las veletas.

 

Solamente por oír

la campana de la Vela

me abrasaba en tu cuerpo

sin saber de quién era.

 

Gacela de la muerte oscura

Quiero dormir el sueño de las manzanas

alejarme del tumulto de los cementerios.

Quiero dormir el sueño de aquel niño

que quería cortarse el corazón en alta mar.

 

No quiero que me repitan que los muertos no pierden la sangre;

que la boca podrida sigue pidiendo agua.

No quiero enterarme de los martirios que da la hierba,

ni de la luna con boca de serpiente

que trabaja antes del amanecer.

 

Quiero dormir un rato,

un rato, un minuto, un siglo;

pero que todos sepan que no he muerto;

que haya un establo de oro en mis labios;

que soy un pequeño amigo del viento Oeste; 

que soy la sombra inmensa de mis lágrimas.

 

Cúbreme por la aurora con un velo,

porque me arrojará puñados de hormigas,

y moja con agua dura mis zapatos

para que resbale la pinza de su alacrán.

 

Porque quiero dormir el sueño de las manzanas

para aprender un llanto que me limpie de tierra;

porque quiero vivir con aquel niño oscuro

que quería cortarse el corazón en alta mar.






viernes, 12 de agosto de 2016

jueves, 7 de julio de 2016

La casa del sol naciente



Desde ayer no para de dar vueltas esta canción en  mi cabeza. Subí el vídeo de The Animals a este blog y ha sido un no parar todo el tiempo. Recuerdos, descubrimiento del contenido, melancolía y unas ganas tremendas de cantarla a voz en grito imitando el desgarro contenido de la voz de Eric Burdon.




En esta grabación, de 1964,  Burdon tenía 25 años. Cincuenta años después, sigue con esa voz desgarrada y canta una versión libre de esta canción en el festival de san Javier, Murcia. Como el vídeo dura nueve minutos, avanza hasta el tres y lo verás.





House of The Rising Sun

The Animals

There is a house in New Orleans
They call  The Rising Sun
And it’s been the ruin of many a poor boy
And god i know i’m one.

My mother was a tailor
She sewed my new blue jeans
My father was a gambling man
Down in New Orleans.

Now the only thing a gambler needs
Is a suitcase and a trunk
And the only time he’s satisfied
Is when he’s on a drunk.

Oh mother, tell your children,
Not to do what i have done
Spend your lives in sin and misery
In the house of The Rising Sun.

I got one foot on the platform
The other on the train
I’m going back to New Orleans
To wear that ball and chain.

There is a house in New Orleans
they call The Rising Sun
and it’s been the ruin of many a poor boy
and god i know i’m one.

Traducción

Hay una casa en Nueva Orleans
La llaman  El Sol Naciente
Ha sido la ruina de muchos pobres  chicos 
 Dios sabe que soy uno de ellos.

Mi madre era costurera
Cosía mis vaqueros nuevos
Mi padre era jugador
Ahí en Nueva Orleans.

Ahora, lo único que un jugador necesita
es una maleta y un triunfo
Y el único momento en que está satisfecho
Es cuando está borracho.

Oh madre dile a tus hijos
Que no hagan lo que yo he hecho
Gastar sus vidas en el pecado y la miseria
En la casa del Sol Naciente.

Tengo un pie en el andén
El otro pie en el tren
Voy de vuelta a Nueva Orleans
Para ponerme la bola con la cadena.

Hay una casa en Nueva Orleans
La llaman El Sol Naciente
Ha sido la ruina de muchos pobres chicos 
Dios sabe que soy uno de ellos.


Tomado del blog “El trastero de palacio”


Canciones con historia: “La casa del sol naciente”. The Animals

A veces escuchar una canción nos traslada sin remedio a una época añorada. “La casa del sol naciente” siempre me recordará la etapa estudiantil en lasUniversidades Laborales. Una de las canciones memorables de los 60, pieza clásica de nuestro repertorio, salía a la palestra a la menor ocasión: viajes, reuniones de amigos, festivales…; lo de menos era el lugar, lo más importante… el motivo.

“La casa del sol naciente” (“The house of the rising sun”), canción de origen muy antiguo y autor desconocido, hay quien sitúa sus raíces en el folk americano más profundo de la Louisiana del siglo XIX. La primera grabación que se conoce, interpretada por Clarence Ashley y Gwen Foster, data del año 1934 en Nueva Orleans. Una balada folk tradicional transmitida de forma oral de unos a otros que según Clarence aprendió de su abuelo. Sin embargo, otras teorías cuestionan este origen y lo sitúan más atrás, en los años 20. En su versión original habla de la triste historia de un burdel, “La casa del sol naciente”, dedicado al juego y a la prostitución. Su nombre era un pequeño homenaje a Madame le Soleil, la mujer que lo regentaba en la hermosa ciudad del Delta del Missisipi, de infausto recuerdo por la desolación que dejó a su paso el no muy lejano huracán Katrina. Un local abierto en 1862, que cerró a los dos años por las continuas quejas de sus vecinos.

Fueron The Animals en 1964 quienes realmente hicieron popular “La casa del sol naciente” a nivel mundial. Aunque conserva su aire melancólico original, tuvieron que modificar la letra para hacerla acorde con el puritanismo reinante en las emisiones radiofónicas: en el local lo que domina es la adicción al juego y al alcohol, sin apenas referencias al libre albedrío de su origen folk. Una canción que cuenta la hermosa historia de un hombre borracho y jugador que fragua sus desventuras en lo más hondo de una lúgubre taberna a la que muchos acudían en busca de refugio y comprensión para tratar de olvidar sus problemas. Lo dice muy bien Eric Burdon, su excepcional cantante, cuando se refiere en sus primeras estrofas al consejo que una madre debe dar a sus hijos para que no sigan ese ejemplo de perdición: “Hay una casa en Nueva Orleans que llaman del sol naciente, ha sido la ruina de muchos pobres chicos. Dios sabe que yo soy uno de ellos”.

The Animals es un grupo británico formado Eric Burdon (cantante y líder), Alan Price (teclados), Hilton Valentine (guitarra), John Steel (batería) y Chas Chandler (bajo). Su música se basaba en el blues y el rhythm and blues tan en boga en los año 60. Al principio se dedicaron a versionar canciones de éxito de John Lee Hooker, Sam Cooke, Ray Charles o Nina Simone, entre otros; incluso Bob Dylan en sus inicios tuvo una pequeña participación con la banda. De hecho, el primer single de The Animals, “Baby let me take you home”, es una adaptación de la canción de Dylan “Baby let me follow you down”. Llegó al número 21 en las listas inglesas, lo que no estaba nada mal para ser su primer disco. Muy poco después lanzaron su gran éxito, la adaptación “The house of the rising sun”. El single incluía en su cara B “Talkin’ ‘bout you” del gran Ray Charles. La gran aceptación de sus conciertos en directo hizo que decidieran grabarla en una parada intermedia durante una gira por Inglaterra con el flamante ídolo del rock Chuck Berry. Era tan grande su calidad como grupo que… ¡¡les salió espléndida a la primera toma!! Una canción con un inicio fulgurante, el famoso arpegio de Hilton Valentíne, inspiración de tantos guitarristas y que muchos jóvenes intentan emular desde entonces, en la que destaca sobre todo la desgarradora y singular interpretación vocal de Eric Burdon. Según contaba el escritor Ralph McLean en la BBC: “Con este tema el rostro de la música moderna ha cambiado para siempre”.

The Animals era el segundo grupo británico, el primero fue The Beatles, que alcanzó el nº 1 en las listas de Inglaterra y EEUU. Poco después de “La casa del sol naciente”, sacaron su primer LP “The Animals” con grandes canciones como “I’m crying”, “Don’t let me be misunderstood” o “We’ve gotta get out of this place”, que llegaron también a los primeros puestos de las listas. Sin embargo, muy pronto, en 1965, se produce la primera crisis de la banda con el abandono por motivos personales y de salud de Alan Price. También por la lucha por el liderazgo del grupo. El resto de sus componentes tampoco se mostraban muy conformes con el desarrollo de su carrera musical, demasiado comercial, por lo que a principios de 1966 deciden romper con su casa discográfica. Antes, preludio de su disolución posterior a finales de ese año, ya se había producido también la marcha de John Steel. En 1967, en una etapa marcada por un nuevo estilo, Eric Burdon refunda la banda bajo el nombre de “Eric Burdon and The Animals”, pero los frecuentes cambios entre sus miembros hacen que el grupo no alcance la estabilidad y termine por desaparecer en 1969 después de publicar un doble álbum, “Love”, con un último éxito “Sky Pilot”. Con el paso de los años, los originales The Animals se reúnen en esporádicas ocasiones, en 1977 graban “Before we were so rudely nterrupted” y en 1983 un par de discos más. Todo bajo una época ya muy decadente.

Grandes intérpretes no han dudado en incluir en su repertorio a “La casa del sol naciente”. Muchos antes que los propios The Animals. Entre las numerosas versiones grabadas destacan artistas tan reconocidos como Woody Guthrie, Pete Seeger, Bob Dylan, Joan Báez, una delicia con su voz melancólica, The Beatles, Nina Simone, espléndida, o Bon Jovi. En unos años en que el fenómeno musical de los 60 se extendía por todo el mundo, en España tuvo gran éxito la versión en castellano del conjunto Lone Star. Los idiomas no eran la nuestro, y una canción como “La casa del sol naciente”, además de escucharla, es necesario sentirla y Los Lone Star lo hacían muy bien. Años más tarde, Bruno Lomas, gran rockero, sacó un single con un éxito relativo. Canción excepcional y revolucionaria en su tiempo a pesar de tratarse de una adaptación de una vieja canción folk, su sonido era tan nuevo y singular que está considerada como el primer gran éxito de la música folk rock. La revista The Rolling Stones no ha dudado en incluirla entre las 500 mejores canciones de todos los tiempos. Su particular sonido, su comienzo de guitarra, extraordinario, y la gran interpretación de Eric Burdon, la hacen especial: una canción mágica.

MÁS
https://albokari2.wordpress.com/2011/09/13/la-casa-del-sol-naciente-el-antro-de-perdicin-que-dio-lugar-a-una-de-las-mejores-canciones-de-la-historia/










miércoles, 6 de julio de 2016

Buenas vacaciones

A todos los que visitáis este blog os deseo unas buenas vacaciones

mirando el mar

disfrutando de la sombra fresca en un parque

oyendo la música que os gusta

leyendo ese libro tan interesante
  
durmiendo una siesta larga

charlando con los amigos

o dejando la mente en blanco.













martes, 28 de junio de 2016

Foi na Travessa da Palha





Foi na Travessa da Palha es un fado portugués compuesto en 1958 por Frederico de Brito, con letra de Gabriel de Oliveira, interpretado originalmente por Lucília do Carmo. Emblema del fado lisboeta, el tema es el recurrente en este género de canciones, los sinsabores del amor, pero tratado en este caso de forma más alegre, menos desgarrada. Relata una competición entre dos mujeres fadistas por un amante provocador en una de las viejas tascas lisboetas, denominada Taberna de Friagem. En la película Fado, de Carlos Saura, rodada en 2007, Lucília do Carmo es recordada por Lila Downs con la interpretación de esta famosa canción, colocando esta versión en las nuevas corrientes del fado contemporáneo.


Letra

Foi na Travessa da Palha
que o meu amante, um canalha,
fez sangrar meu coração:
trazendo ao lado outra amante
vinha a gingar petulante
em ar de provocação. (bis)


Na taberna de Friagem
entre muita fadistagem
enfrentei-os sem rancor,
porque a mulher qu’ele trazia
com certeza não valia
nem sombra do meu amor.  (bis)



A ver quem tinha mais brio
cantamos ao desafio
eu e essa outra qualquer.
deixei-a perder de vista
mostrando ser mais fadista
provando ser mais mulher.  (bis)



Foi uma cena vivida
de muitas da minha vida
que não se esquecem depois,
só sei que de madrugada
após a cena acabada
voltamos para casa os dois. (bis)


Traducción

Fue en la Travessa da Palha
donde mi amante, un canalla,
hizo sangrar mi corazón,
trayendo consigo a otra amante,
venía contoneándose petulante
con aires de provocación. (bis)



En la taberna de Friagem,
entre mucha gente del fado,
me enfrenté a ellos sin rencor,
porque la mujer que él traía
con certeza no valía
ni la sombra de mi amor.  (bis)



Para ver quién tenía más brío
cantamos al desafío
esa otra cualquiera y yo;
 la dejé a la altura del betún
mostrando ser más fadista,
 demostrando ser más mujer.  (bis)



Fue una de esas escenas,
entre otras muchas en mi vida,
de las que nunca se olvidan;
solo sé que de madrugada,
cuando todo hubo acabado,
nos fuimos a casa los dos. 
(bis)







lunes, 13 de junio de 2016

Lisboa y alrededores, junio de 2016


 

El mar en Adraga, una luz azul intensa



Lisboa desde el mirador de Graça, la ciudad blanca


El Portinho d'Arrábida, la perfección del mar y de la tierra


Comiendo sardinhas por san Antonio en Alfama





La inmensidad del mar en Caparica



Al volver cualquier esquina, mil Lisboas deconocidas




Por toda la ciudad altarcillos de san Antonio

Y en Caparica, gaviotas en la playa esperando el copo




Vídeo para el recuerdo



miércoles, 1 de junio de 2016

Los Navalmorales: Pipo, mi perro




Entró en nuestra vida como sin querer, ocupando el hueco que Linda había dejado unos meses antes, cuando desapareció. Pipo era entonces un cachorrillo de color canelo, que mordisqueaba todo lo que encontraba a su paso, y que alborotaba la vida allí por donde pasaba. Pero también era un perro miedoso y precavido: aún recuerdo cómo se resistía a entrar en el ascensor cuando nos lo trajimos del pueblo.

Pipo es un perro alegre, bruto y cariñoso. Siempre está dispuesto a saludarte y a jugar, para él es lo mismo, y también a salir de paseo. Come cuanto se le echa en su cuenco, pero además, al menor descuido, se zampa en un santiamén cualquier manjar que encuentre por la calle. Es un perro práctico y astuto. Y testarudo. En el pueblo se pierde siempre al volver del paseo por el campo, y eso le permite callejear y husmear a su antojo.. Después, cuando lo considera oportuno, vuelve a casa y llama a la puerta falsa para que le abramos y, si no estamos, unas veces opta por darse una vuelta más y otras, por echarse junto a la puerta hasta que regresemos.

Pipo es muy cariñoso con todos aquellos a los que les gustan los perros, y juega con ellos hasta el agotamiento, sin más límite o freno que el que se le imponga con reiteración. Pero ignora sin rencor alguno a las personas que no conectan con los perros, no les hace caso alguno, les deja estar en paz.

Hasta en el dormir es práctico y brutote. Se le ve a menudo panza arriba, despatarrado y con todo al aire, muy lejos de la dulzura de Linda cuando estaba dormida. Aunque también Pipo puede ser delicado, como cuando prepara su cama en invierno, haciendo un ovillo con la jarapa de la cocina y enrollándose en ella hasta encontrarse a gusto. 

Lo más bonito de Pipo es su mirada, siempre tierna y transparente. Y lo que más enfada, su comportamiento en el pueblo, cuando, libre de correas, lo llamas y, en lugar de venir, hace un quiebro como de juego y se marcha corriendo a la ventura, perdiéndose por las calles. Su tozudez va unida a la  seguridad de encontrar la casa abierta a su regreso. Pero su mirada siempre es la mejor prenda  de su fidelidad y de sus atenciones.