martes, 10 de febrero de 2015
viernes, 6 de febrero de 2015
Por el anillo verde de Madrid
Un anillo de 66 kilómetros rodea la ciudad de Madrid. Puedes ir en bicicleta o paseando. Yo hice 15 km. a pie el pasado lunes, desde Mirasierra hasta Batán, de noroeste a suroeste. Lo mejor de todo fue descubrir un tramo del Manzanares junto al puente de san Fernando, cerca de la Puerta de Hierro.
miércoles, 28 de enero de 2015
Auschwitz-Birkenau y la Shoah

1. Setenta aniversario de la liberación
El sistema de exterminio nazi implicó a todos
los estamentos del Estado, toda la administración alemana colaboró de una forma
u otra con la Shoah. Y todo se puede resumir en un solo lugar: Auschwitz-Birkenau,
de cuya liberación se cumple este
martes el 70 aniversario.
Auschwitz, que estuvo operativo entre mayo de
1940 y el 27 de enero de 1945 cuando fue liberado por las tropas soviéticas,
encarna todo ese sistema, que tenía como objetivo la aniquilación física, pero
también moral de las víctimas. En eso todos los campos eran iguales. Como
escribió Primo Levi, “en la práctica cotidiana de los campos nazis se
realizaban el odio y el desprecio difundido por la propaganda nazi. Aquí no
estaba presente sólo la muerte sino una multitud de detalles maníacos y
simbólicos, tendentes todos a demostrar que los judíos, y los gitanos, y los
eslavos, son ganado, desecho, inmundicia”.
2. Una experiencia personal
El día 21 de enero
de 2010 no lo olvidaré en mucho tiempo. Fue una experiencia de esas que te
marcan y te dejan una huella profunda. Había asistido a algo singular.
Eran las cinco de
la tarde. El lugar, el cine del Círculo de Bellas Artes de Madrid. La razón de
la estancia allí de unas cien personas era la posibilidad de ver por primera
vez en España la proyección seguida y completa de la película Shoah,
con el privilegio de contar con la presencia de su director, Claude
Lanzmann, quien, en tono de broma nos dijo ¿pero están ustedes seguros
de lo que van a hacer, estar aquí, en este cine, hasta las tres de la madrugada
viendo mi película? ¡Váyanse, ahora que todavía es posible poner remedio a su
pretensión!
Ni que decir tiene
que no le hicimos ningún caso. Y comenzó la película, un primer tramo, hasta las
nueve. Cuesta entrar en ella, en su ritmo, en lo que te van contando. Pero
sigues allí, viendo y oyendo, contemplando lo que te parece imposible,
frotándote los ojos al conocer de primera mano el espanto, la experiencia de
quien pudo retornar de aquellos campos de exterminio. Y poco a poco el ritmo de
la película va congeniando con la capacidad de asimilación de lo que vas viendo
y oyendo, te emocionas con determinados testimonios, conoces la frialdad
programada de los verdugos filmados clandestinamente, te inquietan los polacos
y ucranios que tuvieron cerca el horror, lloras cuando el peluquero
superviviente detiene su narración, contiene sus lágrimas y le implora al
director que acabe ya, que no puede más, y el director le anima diciendo que es
muy importante su testimonio…
Un descanso de
quince minutos para comer algo e ir al baño. Al volver quedamos unos ochenta
espectadores. Y sigue la película, tres horas más, hasta cerca de la una. Ya
conocemos el ritmo y entramos inmediatamente en materia. Nos impresiona conocer
detenidamente los campos de exterminio, donde nada nos podría delatar lo que
allí sucedió hace casi setenta años, pues eran lugares en los que se
exterminaba a los detenidos según llegaban, donde no había un universo
concentracionario, como sucedía en otros campos. Gracias a los testimonios del
horror podemos intentar conocer lo que pasó allí, la barbarie y la aplicación
del principio fabril en el objetivo de la aniquilación de un pueblo, el abismo
del mal.
De nuevo un cuarto
de hora para reponer fuerzas e ir al baño. Y entramos en la fase final de
Shoah. Ya nada nos extraña, seguimos con testimonios, seguimos con la emoción y
a veces con el puro raciocinio, entendemos el ritmo de la película y estamos
con el director en su tesis de que es imposible la representación del mal, del
exterminio, de que no llegamos a conocer lo que sucedió mediante películas
tipo La lista de Schlinder o La vida es
bella, que son sólo representaciones de la realidad. El mal, el
exterminio analizado por Shoah no admite representación, pero sí admite hablar
de ello, sobre ello, contra ello.
Va terminado la
película. Son más de las tres de la madrugada. No hemos visto una sola imagen
de alguien que muriera en aquellos campos, no hemos visto las cámaras de gas,
no hemos visto ningún cuerpo gaseado, ningún cadáver. Y sin embargo hemos visto
una película que se ha acercado al mal y nos lo ha descrito, con palabras y con
imágenes. No hay música en ningún momento, sólo una cancioncilla cantada por
alguno de los que aportan su testimonio.
Hemos visto una
película sobre la muerte programada fríamente. Y ,sin embargo, es un canto a la
vida, al aborrecimiento más absoluto contra los que programaron el exterminio
de un pueblo. Salimos del cine los cuarenta que hemos resistido las diez horas.
Tomo un taxi y un cuarto de hora después estoy en mi cama, y me duermo
sosegado.
Cuatro horas
después me levanto para ir a trabajar. Cuando llegue la tarde dormiré más. Y en
el fin de semana inmediato descansaré.
3. Si esto es un hombre
Traigo a este blog
un poema extraordinario de Primo Levi, que se encuentra en
su libro Si esto es un hombre
Los que vivís seguros
En vuestras casas caldeadas
Los que os encontráis, al volver por la tarde,
La comida caliente y los rostros amigos:
Considerad si es un hombre
Quien trabaja en el fango
Quien no conoce la paz
Quien lucha por la mitad de un panecillo
Quien muere por un sí o por un no.
Considerad si es una mujer
Quien no tiene cabellos ni nombre
Ni fuerzas para recordarlo
Vacía la mirada y frío el regazo
Como una rana invernal.
Pensad que esto ha sucedido:
Os encomiendo estas palabras.
Grabadlas en vuestros corazones
Al estar en casa, al ir por la calle,
Al acostaros, al levantaros;
Repetídselas a vuestros hijos.
O que vuestra casa se derrumbe,
La enfermedad os imposibilite,
Vuestros descendientes os vuelvan el rostro.
lunes, 26 de enero de 2015
jueves, 22 de enero de 2015
Shocking Blue
miércoles, 17 de diciembre de 2014
Forja 26: La revista de Los Navalmorales

Acaba de salir el nº 26 de la revista Forja, de Los Navalmorales. En
ella esta vez he trabajado bastante. Aquí tenéis un enlace por si queréis echar
un vistazo.
"Una noche del pasado verano, en el recinto de la feria de artesanía, me propusieron Tere y Antonio que coordinase la revista Forja, que llevaba ya un tiempo sin publicarse. Les agradecí la propuesta, lo pensamos en casa y, al cabo de unos días, les dije que contaran con nuestra colaboración.
"Una noche del pasado verano, en el recinto de la feria de artesanía, me propusieron Tere y Antonio que coordinase la revista Forja, que llevaba ya un tiempo sin publicarse. Les agradecí la propuesta, lo pensamos en casa y, al cabo de unos días, les dije que contaran con nuestra colaboración.
Nuestro objetivo es que Forja siga
recogiendo la vida y las experiencias de la gente de Los Navalmorales, la
situación de sus instituciones y asociaciones –Ayuntamiento, Instituto,
Colegio, Parroquia, Residencia, La Amistad, Cruz Roja, Mirada Verde, Adeltea,
Radio, Entidades deportivas- y la marcha de sus empresas, comercios y
cooperativas.
Intentaremos estar a la altura y seguir
la senda que abrieron, entre otros, Paco del Puerto y Germán Pinto. A ellos va
dedicada esta nueva andadura de Forja.
Aprovechamos la ocasión para desearos a
todos un venturoso año 2015, especialmente a los más golpeados por la crisis.
Feliz Navidad."
Jesús Bermejo
viernes, 12 de diciembre de 2014
En la muerte de Telesforo
Hace dos semanas murió Telesforo, el padre de Mariví. Se fue
apagando poco a poco y, desde el fondo de sus 102 años, se quedó dormido en el
sueño de los justos, se marchó para siempre, con su mirada aún viva y la
conciencia de que ya era el final.
Ha sido un hombre discreto, sabio y cabal. Fruto de un tiempo duro
y difícil, supo sacarle partido a la vida y hacerla digna a su alrededor. Yo lo
conocí hace veinte años y de él he aprendido mucho. Quizá lo más destacable
sería la capacidad de adaptación a las posibilidades de uno mismo a medida que
se van cumpliendo años y, junto a ello, el tener interés y curiosidad por las
cosas y por la vida siempre, hasta el final.
Descanse en paz, Telesforo. Siempre lo recordaré a usted en La
Calera, con sus 98 años, cuando con su camiseta de tirantes y su sombrero de
paja, imponente como un héroe griego, subía cubos de agua acariciando
la carrucha del pozo. Siempre recordaré también que aún vareó más de quince
almendros, y que le vi comer uvas e higos a pecho y con deseo. Y que el bastón
lo dejaba usted en el portalón, pues la tierra blanda le sustentaba con un plus
de fuerza y juventud.
Siempre
quedará grabado en mi memoria
ese paraíso
que creó entre los tapiales
coronados
de tejas sabiamente dispuestas
para
que la lluvia no calara en sus adentros.
Esas
tejas que en invierno
rebosan
de nieve en polvo
mientras
los árboles duermen
en silencio
y al viento.
Junto
al pozo, en La Calera
lo
recordaré en silencio
y
su mirada, aún viva,
permanecerá
en el tiempo.
lunes, 6 de octubre de 2014
Octubre, de Juan Ramón Jiménez
OCTUBRE
Estaba echado yo en la
tierra, enfrente
del infinito campo de Castilla,
que el otoño envolvía en la amarilla
dulzura de su claro sol poniente.
Lento, el arado, paralelamente,
abría el haza oscura y la sencilla
mano abierta dejaba la semilla
en su entraña partida honradamente.
Pensé arrancarme el corazón y echarlo,
pleno de su sentir alto y profundo,
al ancho surco del terruño tierno,
a ver si con partirlo y con sembrarlo
la primavera le mostraba al mundo
el árbol puro del amor eterno.
del infinito campo de Castilla,
que el otoño envolvía en la amarilla
dulzura de su claro sol poniente.
Lento, el arado, paralelamente,
abría el haza oscura y la sencilla
mano abierta dejaba la semilla
en su entraña partida honradamente.
Pensé arrancarme el corazón y echarlo,
pleno de su sentir alto y profundo,
al ancho surco del terruño tierno,
a ver si con partirlo y con sembrarlo
la primavera le mostraba al mundo
el árbol puro del amor eterno.
Juan Ramón Jiménez,
de Sonetos espirituales, 1915
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