viernes, 7 de febrero de 2025

Viaje a Uzbekistán (III): Jiva y Bujará


Lunes, 11 de noviembre

Salimos de Nukus en un coche camino de Jiva; nos esperaban más de 300 km. A un lado, el desierto; al otro, una llanura fértil junto al río Amu Daria. Íbamos dejando atrás la república autónoma de Karakalpakistán y nos adentrábamos en la región de Corasmia.

Entramos en Jiva y nos alojamos en un hotel de la ciudad vieja. Después de comer salimos a pasear y visitamos la madrasa grande, hoy un hotel, el minarete corto, la ciudadela, Itchan Kala -llena de puestos de venta- el minarete grande y algunas calles con casas antiguas, reconstruidas, pero que daban idea cierta de cómo pudo haber sido Jiva en el pasado.

Aquí sí hemos notado desde el principio que estamos en un lugar al que el turismo llegó hace bastante tiempo. Y eso se nota en muchas cosas, de las que voy a destacar solo tres: la multitud de puestecillos de venta de objetos de todo tipo, las vendedoras chapurreando el español -bueno, bonito, barato- y los bares y restaurantes acostumbrados a recibir turistas, tanto en las comidas y bebidas como en los precios. Así lo reconocimos mientras, ya de noche, tomábamos unas cervezas en una terraza, envueltos en mantas, mientras Isabel y Juan Pablo recordaban su viaje de hace más de treinta años a estas tierras. Jiva entonces era una ciudad sin puestecillos ni bares, era un lugar que se abría al visitante como una reliquia de otros tiempos.



Esto dice nuestra guía petit futé de la ciudad vieja de Jiva, Itchan Kala:

Elevada por los soviéticos en 1967 a la categoría de museo al aire libre, la ciudad vieja de Jiva fue vaciada de sus habitantes y completamente restaurada, casi en exceso. En verano, cuando las calles están vacías y la temperatura supera los 45 °C, es más parecido a un plató de cine de Hollywood que a una mítica parada en la Ruta de la Seda. En temporada alta, cuando el número de turistas está en su apogeo, el ambiente es más bien el de un parque de atracciones que acoge a clientes japoneses, alemanes, franceses... Por la noche, cuando los callejones están vacíos y la luna proyecta una pálida luz sobre las cerámicas de los minaretes y la cúpula del mausoleo de Pahlavan Mahmud, la magia encantadora de Oriente toma el relevo y Jiva recupera su verdadero rostro, el de una fascinante ciudad fortificada de los siglos XVII al XIX.

Con 600 metros de largo por 400 metros de ancho, el territorio de Itchan Kala es un hábil rompecabezas en el que, a lo largo de los siglos, los arquitectos han tenido que mostrar todo su talento, entrelazando cada vez más edificios en el espacio cerrado del centro de la ciudad. Itchan Kala está rodeado por una muralla de tierra seca y ladrillos de barro que, con más de dos kilómetros de longitud, alcanza una altura de ocho metros y tiene un espesor de seis metros. Los arqueólogos remontan el origen de estos muros de fortificación al siglo V, pero fue el hijo de Annusha Kan, Arang Kan, quien construyó la mayor parte en 1686. Posteriormente, las murallas fueron destruidas y reconstruidas en función de los ataques de los nómadas, los persas o los rusos. La parte occidental del centro de la ciudad fue restaurada por los soviéticos. Desde la independencia, unas 1500 familias han recuperado sus hogares en Itchan Kala, lo que ha devuelto la vida a la ciudad-museo.

 


Martes, 12 de noviembre

Seguimos visitando la ciudad de Jiva: la mezquita de las cien columnas, el harén, el museo del Khan, otra madrasa y un museo etnográfico. Es una visita tranquila, sin prisas, con pocos visitantes -estamos en un mes de poco turismo. Después comemos en un restaurante típico en el que un grupo folclórico local ameniza nuestro yantar con canciones y danzas del país. Terminada la comida, decidimos ir hacia el hotel. Por la tarde subiremos al minarete alto y más tarde pasearemos por las murallas que rodean la ciudadela, contemplando la Jiva antigua y la de fuera, un extenso horizonte de casas del mismo color que el desierto en el que viven 90.000 personas.


Por la noche, volvemos a la terraza de la noche anterior, cenamos algo y nos tomamos unos mojitos. Un grupo de rusos y uzbecos acababan de cerrar un negocio y lo celebraban por todo lo alto. Cuando nos fuimos, allí seguían en los postres, con el vodka corriendo mientras subía notablemente el volumen de sus conversaciones. Nos retiramos al hotel y preparamos la maleta; mañana saldríamos hacia Bujará. 








 

https://www.elrincondesele.com/viajando-a-khiva-la-ciudad-de-las-mil-y-una-noches-uzbekistan/

 


Miércoles, 13 de noviembre

Salimos de Jiva camino de Bujará, situada a 350 kilómetros. En los primeros cuarenta, la carretera discurre en paralelo al río Amu Daria, rodeado de campos de algodón, arroz, trigo y maíz. Después, la autovía se adentra en el desierto, una autovía larguísima en la que paramos para comer en un restaurante típico de carretera uzbeca.

Por fin llegamos a Bujará. Nuestro hotel estaba en una zona peatonal, así que cargamos con las maletas y nos dirigimos a él, un hotel moderno con habitaciones algo pequeñas pero funcionales.

Dedicamos la tarde a pasear por la ciudad antigua. Nos gustó mucho ver la mezquita más vieja, construida con un concepto arquitectónico muy distinto del que se contempla en estas tierras. Es la mezquita Magok-I-Attari.

"Antes de la conquista árabe hubo en este emplazamiento un mercado y un templo budista, y luego un templo zoroastriano dedicado a la luna. La primera mezquita fue construida en el siglo IX (la más antigua de Asia Central) sobre las ruinas del templo, como era habitual en esa época. Fue completamente reconstruida en el siglo XII y rediseñada en el XVI. En 1839 fue descubierta por Chichkine, el mismo arqueólogo que descubrió el mausoleo Samani en el cementerio. A lo largo de los siglos, el nivel del suelo se había elevado varios metros y la mezquita de Magok había quedado semienterrada".  

                                                                  (Guía petit futé).

 


Después nos entretuvimos viendo la estatua dedicada a Nasreddin Khodja, un personaje muy popular, un sabio que reúne, a mi parecer, lo más cuerdo y agudo de Sancho y don Quijote.

Dice nuestra guía:

Frente a la madrasa Nadir-Divanbeg se encuentra la estatua de Nasreddin Khodja, cuya historia cualquier habitante de Bujará disfrutará contándole. Este derviche que viajaba en su burro es conocido en todo el Oriente. Sabio, astuto, perezoso y un poco Robin Hood, con su propensión a burlarse de las autoridades, es la fuente de muchas historias y parábolas que se cuentan a los niños pero que también utilizan los adultos. Note que Nasreddin, situado en el borde del estanque, tiene una moneda entre los dedos. Un día, cuando el emir de Bujará salió de la mezquita, tropezó y cayó en el estanque. Al no saber nadar, pidió ayuda, pero nadie quiso ayudarlo. El emir era cruel y tacaño, y todo el mundo hubiera acogido su muerte con satisfacción. Así que prometió que a quien le ayudara le daría la mitad de su fortuna. Inmediatamente, todos se lanzaron a la piscina y trataron de llevar al emir de vuelta al borde. Pero era tan tacaño que, al darse cuenta de lo que acababa de prometer, se defendió con el cuerpo y el brazo, negándose a ser ayudado y, prefiriendo ahogarse antes que separarse de su oro; golpeó a cualquiera que se le acercara y ordenó a todo el mundo que lo dejaran ahogarse. Entonces apareció, donde está hoy su estatua, Nasreddin Khodja encaramado en su burro. Sacó una pequeña moneda de cobre del fondo de su bolsillo y le gritó al emir: «Emir, esta moneda será tuya si puedes venir a buscarla.» La codicia del emir era tal que casi aprendió a nadar de inmediato. Lo hizo tan bien, moviendo los brazos y agitando los pies, que logró alcanzar el borde del estanque, donde estaba Nasreddin Khodja. Salió del agua y corrió hacia el sabio, reclamando su escaso botín. Nasreddin le tiró la moneda de cobre y le dijo: «Ahora que te he salvado, emir, cumple tu palabra y ofréceme la mitad de tu fortuna.» El Emir se vio obligado a hacerlo y, al día siguiente, dio al derviche lo que había prometido para salvarle. Nasreddin Khodja no se guardó nada para sí mismo y distribuyó la fortuna del emir entre los habitantes más pobres de Bujará.

Visitamos la mezquita grande y una madrasa contigua. Después tomamos algo camino del hotel, mientras íbamos viendo los escaparates de la tienda de marionetas y de numerosos comercios de sedas y de alfombras.



Jueves, 14 de noviembre

Akbar, nuestro guía, nos dijo que íbamos a empezar nuestra jornada con el monumento más destacable de Bujará, el Mausoleo de Ismail Samani.

"Conocido como la perla de Oriente, el mausoleo de los samaníes quedó sin embargo olvidado durante mucho tiempo en un rincón de un cementerio. Cuando el arqueólogo Chichkine lo descubrió en 1930, mientras se construía el parque Samani, estaba arrinconado entre otras muchas tumbas y enterrado bajo varios metros de tierra, lo que le había permitido salvarse del tornado mongol y sobrevivir a mil años de historia. Hoy la necrópolis ha desaparecido, se ha construido un parque alrededor del mausoleo y se ha excavado el entorno para recuperar su configuración original. Los soviéticos admiraban el poder de su arquitectura y quisieron convertirlo en un museo. Los uzbekos, por su parte, veneran al fundador de una de las dinastías más prestigiosas de Asia Central. Incluso se dice que Ismail Samani, enterrado en el mausoleo, siguió gobernando Bujará durante mucho tiempo desde su tumba. Los emires o imanes iban a consultarle y esperaban su respuesta para tomar decisiones sobre la ciudad. La perla de Oriente es el mejor testigo de la edad de oro de Bujará. Construida a principios del siglo X por Ismail Samani para su padre Akhmad, esta tumba dinástica es el segundo mausoleo más antiguo del mundo musulmán. Su datación precisa permitiría saber si la tradición de construir mausoleos para las dinastías musulmanas nació aquí o en Irak con la tumba del califa Al Mountasir. Su arquitectura conserva la influencia sogdiana, pero incorpora técnicas constructivas revolucionarias para la época. El mausoleo está concebido como una representación simbólica del universo: un cubo de poco menos de once metros de ancho con cuatro fachadas idénticas, símbolo de la tierra y la estabilidad, rematado por una cúpula semiesférica que es la representación sogdiana del universo. Sobre la puerta del mausoleo hay un círculo en un cuadrado, el símbolo zoroastriano de la eternidad. Las técnicas decorativas de ladrillos ensamblados en grupos de cuatro o cinco en diferentes direcciones son también una innovación que marcaría los próximos siglos. El mausoleo tiene 18 combinaciones diferentes, incluyendo las tridimensionales. Sus proporciones y motivos decorativos reflejan el principio del cuadrado dinámico, un hallazgo arquitectónico que confiere al conjunto un poder y una armonía raramente igualados. Dependiendo de la posición del sol, la mampostería da al monumento una iluminación y un aspecto diferente, conmovedor a pesar de la sobriedad de su forma. Los fabricantes utilizaban ladrillos cocidos, cementados con yema de huevo y leche de camella. Este material inusual y su hábil montaje permitieron que el monumento sobreviviera durante más de mil años sin sufrir los efectos de los terremotos. Los peregrinos caminan alrededor del mausoleo tres veces recitando oraciones. Algunos turistas también, porque se dice que si usted expresa su deseo de volver a Bujará... el deseo se hace realidad". (petit futé)

Desde allí nos fuimos a un mercado cercano en el que compramos, pistachos, almendras garrapiñadas, cajitas de frutos secos preparados para el viaje… Era un mercado parecido al de Marguilán, en el Valle de Ferganá, pero aquí estaban acostumbrados a los turistas. Aunque, eso sí, casi todos eran amables y nos sonreían. 

Visitamos el gran bazar ubicado en un ancho y largo pasadizo que nos llevaba a la zona más concurrida: palacios, minaretes, madrasas, mezquitas, un conjunto armonioso y bien cuidado que nos ofrecía serenidad. 

Fuimos a comer a una casa que también era el taller de un pintor notable. Degustamos una buena comida, vimos cuadros y grabados y seguimos nuestro caminar por Bujará. 

Akbar nos llevó a las afueras de la ciudad vieja para ver la mezquita de los cuatro minaretes, pequeño y armonioso edificio enfrente del cual había un bazar o almoneda en la que abundaban insignias y carteles de la época soviética arramblados allí por el paso del tiempo.







Después de un descanso en el hotel fuimos a la famosa tienda de marionetas de Bujará, en la que nos dieron cuenta detallada de su historia, seguida de una interesante demostración con las marionetas más conocidas. 



Luego nos internamos por el barrio judío, pequeño pero muy cuidado, y cenamos en un restaurante en el que nos agasajaron con una fuente de fruta cuya presencia nunca olvidaremos, por su color, por la disposición artística de los elementos y por la belleza de su conjunto. 
Un lento paseo por la ciudad nos llevó al hotel. Hacía frío, pero merecía la pena caminar por Bujará en nuestra última noche.

 


 


Viernes, 15 de noviembre

Antes de salir de Bujará fuimos de nuevo a dar un paseo junto a la mezquita antigua. Después, nos llevaron al palacio de Kagan, situado en las afueras de la ciudad. Era un recinto construido siguiendo el modelo de palacios rusos, tanto en los exteriores como en las salas, no en vano el país, en aquellas fechas, formaba parte del imperio zarista.



Luego fuimos a un lugar de peregrinación musulmán muy famoso, el mausoleo de Baha-ud-Din Naqshband, en el que había tumbas sufíes muy veneradas y una mezquita muy concurrida, pues era la hora del rezo del mediodía de los viernes.


No muy lejos de allí, comimos en un restaurante que se llamaba Sárgoba, y después nos dirigimos a la estación de tren, en la que íbamos a montar en el AVE para ir a Samarkanda. En efecto, era un tren español, un AVE que conservaba en sus ventanas la leyenda “ventana de emergencia” y que recorrería 300 km. en poco más de hora y media. Si bien la mayoría de los pasajeros que nos rodeaban eran uzbecos, no era un paisanaje como el del tren al Valle de Fergana; aquí había menos grupos familiares y más personas de negocios, aunque también había turistas y viajeros como nosotros.

                                                                                                                       Jesús Bermejo


             https://unaguiaenmimaleta.com/que-ver-en-bujara/

jueves, 6 de febrero de 2025

Viaje a Uzbekistán (y IV): Samarkanda

El atardecer de aquel viernes, 15 de noviembre, vamos a tardar mucho en olvidarlo. Habíamos llegado, por fin, a Samarkanda. Akbar, nuestro guía, había resuelto eficazmente, como siempre, nuestro traslado al hotel y el alojamiento. Atravesando un barrio de casas humildes de uno o dos pisos, salimos en seguida a una calle peatonal ancha, una avenida que nos llevaría, eso pensábamos mientras mirábamos nuestros planos, al centro de la ciudad. 

Pasada una plaza, avanzábamos por unos jardines y, ¡zas!: de repente, apareció delante de nosotros, envuelta en una espesa niebla, la plaza del Registán casi vacía. Nos invadió una emoción especial mientras mirábamos a nuestro alrededor, contemplando la belleza de los edificios que nos rodeaban. No hablábamos; nos mirábamos y compartíamos la misma emoción: sin aviso previo habíamos llegado al centro de Samarkanda, a su plaza principal, el Registán, un espacio inmenso lleno de magia y de belleza. 

En esas estábamos cuando se nos acercó un guardia y nos dijo que teníamos que pagar la entrada para permanecer en la plaza. Así lo hicimos y allí nos quedamos, disfrutando entre la niebla y las madrasas, hasta que el frío nos aconsejó volver al hotel deshaciendo el camino de ida. 

Antes de acostarnos brindamos con vodka; nos hubiera gustado más hacerlo con aguardiente blanco, pero la perfección no existe. Casi.

Dice la guía petit futé:

Ciudad legendaria de la Ruta de la Seda, una de las más bellas que ha existido bajo el sol y capital de uno de los mayores imperios de la historia, Samarcanda no puede dejar indiferente a nadie. La ciudad timúrida es un mundo aparte y, si a lo largo de los grandes bulevares abiertos por los soviéticos y más recientemente por los uzbekos, los timbres de los teléfonos móviles y la música pop nos ubican definitivamente en el siglo XXI, los imponentes monumentos heredados del reinado de Tamerlán (1336-1405) nos sumergen decididamente en una época completamente distinta. Samarcanda ha preservado muchos de sus tesoros arquitectónicos, incluyendo la mezquita Bibi Khanum, la más grande de Asia Central, la monumental plaza del Registán, el mausoleo de Gur-e Amir y el complejo de la necrópolis Shahi-Zinda, por citar solo algunos. Por supuesto, todos estos monumentos han sufrido numerosas destrucciones y degradaciones a lo largo de los años, pero han sobrevivido hasta nuestros días. Algunos de ustedes podrán deplorar el aspecto algo dejado que muestra hoy en día la turística ciudad antigua. Es un hecho: Samarcanda ya no es la ciudad oriental de todas las fantasías y uno no se pasea por ella entre una alegre cacofonía de olores, sonidos y atmósferas. En los últimos años Samarcanda se ha volcado en el futuro, emprendiendo vastos proyectos urbanísticos destinados a poner en valor sus monumentos y potenciar el atractivo turístico de la ciudad, pero no todo se ha hecho de la mejor manera posible. La UNESCO ha tenido que hacer saltar la alarma para salvar lo que se podía en los barrios antiguos.                            

  




Sábado, 16 de noviembre

Dedicamos la mañana a visitar el cercano mausoleo de Shah-i-Zinda, con sus hermosas cúpulas azul turquesa, entrando y saliendo de los edificios y disfrutando de aquel espacio semivacío, que en los meses de temporada alta está lleno de gente, según nos dice nuestro guía.      



Luego, caminando hacia la mezquita Hazrat Khizr, nos encontramos con un grupo de uzbeko. Eran de un pueblo cercano a Samarcanda y estaban visitando la ciudad; nos miraron, sonrieron, preguntaron de dónde éramos y quisieron retratarse con nosotros.



 

Seguimos andando y entramos en la plaza del Registán, poderosa y atractiva, llena de sol y de gente: turistas de occidente y de oriente, viajeros de Asia Central y unos doscientos chicos uzbecos que, por grupos, ensayaban su ceremonia de ingreso en el servicio militar. 

Entramos en las tres madrasas, recorrimos sus dependencias, sus patios, sus tiendas y disfrutamos de la inmensa plaza a pleno sol.

 


Nos recogió un coche y nos llevó a un barrio moderno cercano. Al salir del restaurante, subimos hasta la plaza dedicada a Amir Temur, el Gran Tamerlán , en cuyo centro una potente estatua mostraba el poderío del gobernante uzbeco, la referencia nacional. 

          


Visitamos su cercano mausoleo y, al lado del recinto, nos encontramos con la calle dedicada a Ruy González de Clavijo, el embajador del rey Enrique IV de Castilla ante el Gran Tamerlán, calle que homenajea al embajador Clavijo y a su libro, "Embajada a Tamerlán". 

Regresamos a casa. Al anochecer, callejeando por el barrio judío,  salimos cerca del Registán. En un restaurante moderno comimos salchichas y bebimos unos mojitos. Había ambiente de fin de semana, grupos de jóvenes y familias celebrando cumpleaños. Después dimos un paseo camino del hotel.    

            

https://vagamundos.travel/blog/ruy-gonzalez-de-clavijo-un-visitante-ilustre-en-la-corte-de-tamerlan-en-samarcanda/            


Domingo, 17 de noviembre

Una hora y media de camino por una carretera de montaña nos condujo a un valle hasta llegar a Shahrisabz, el lugar donde nació Amir Temur. 

Lo primero que vimos fue lo que queda de una inmensa puerta y, más allá una colosal estatua del Tamerlán.  Para nuestra sorpresa, casi nada queda del pueblo antiguo, pues todo es un extenso parque delimitado por construcciones modernas, en las que solo se nos ve a los turistas y viajeros que estamos allí de paso. 

Entramos en la mezquita y en el mausoleo del hijo de Tamerlán y, después de un paseo y algunas compras, regresamos. 

Hicinos un alto en el camino para comer un plato famoso en un restaurante típico: cordero asado. En la mesa, el conductor del coche nos contó algunas aventuras de cuando fue camionero por carreteras que iban de Uzbekistán a Moscú y otras ciudades rusas. 



Lunes, 18 de noviembre


De buena mañana, paseamos por el barrio judío y entramos en la sinagoga, un lugar pequeño pero con mucha historia que nos mostró un hombre taciturno. Desde allí fuimos al observatorio astronómico levantado por orden de Ulug Beg, un verdadero descubrimiento, la verdad.

https://www.labrujulaverde.com/2019/10/el-observatorio-de-ulugh-beg-en-samarcanda-redescubierto-en-1908-esta-alineado-con-el-meridiano

https://www.elrincondesele.com/los-reflejos-azules-de-samarkanda-2-bibi-khanum-shah-i-zinda-gur-e-amir/

Luego fuimos a visitar los restos arqueológicos de Afrasiab y el museo en el que expone la historia de estas tierras desde la antigüedad. Allí anotamos algunos nombres del mundo científico y filosófico uzbeco, entre ellos el de el matemático y astrónomo Al-Juarismi y el médico y filósofo Avicena. 

Nos llevaron a comer a un restaurante cerca de la universidad.  Después de pasear por el barrio de los estudiantes, volvimos a la plaza del Tamerlán y subimos por la calle de Ruy González de Clavijo, una más de un barrio antiguo de la ciudad, hoy protegido por la Unesco, con casas de uno o dos pisos que nos dan una idea de cómo era la Samarkanda popular antigua.

Tomamos un té enfrente de la plaza del Registán. Dimos un último paseo por la plaza, compramos algunos recuerdos y nos despedimos de la ciudad y del país. Al día siguiente, saldríamos del aeropuerto camino de Madrid.

Durante dos semanas habíamos viajado por Uzbekistán intentando conocer sus ciudades y sus gentes, sus costumbres y sus comidas, su pasado y su presente. Regresamos con cierto cansancio, pero contentos. Afortunadamente todo había salido bien. Y el viaje había merecido la pena.

Taskent, Valle de Fergana, Mar de Aral, Jiva, Bujará, Samarkanda: un país de Asia Central que va abriéndose al mundo, un país lleno de vida y de futuro. Suerte, Uzbekistán.

                                                                                                                             Jesús Bermejo  

 








































 







martes, 28 de enero de 2025

Paco Ibáñez en Madrid. 2025


Miguel Ángel Villena 

Eldiario.es

Madrid, 28 de enero de 2025

 

“Apareció en el escenario de riguroso negro, fiel a su imagen, y con una envidiable melena blanca como contraste. A sus 90 años, Paco Ibáñez tiene un caminar vacilante y los achaques propios de esa avanzada edad, pero los mismos ideales e idéntica fuerza que cuando irrumpió como cantautor hace seis décadas. Y ese aire rebelde y poético a la vez, socarrón y profundo, sobrevolaba a las 1.400 personas que abarrotaron el madrileño teatro Coliseum el lunes por la noche para escuchar a un pionero de la canción de autor, al artista que puso música a los mejores poetas españoles”.

https://www.eldiario.es/cultura/musica/paco-ibanez-90-anos-escenario-echa-boca_129_11999577.html

 


miércoles, 22 de enero de 2025

Antonio Buero Vallejo, Historia de una escalera y un vídeo nuestro de hace cuarenta años

En 1984 llegaron al Colegio Público Antonio Machado de Madrid, donde yo daba clase de Lengua y Literatura, los primeros magnetoscopios y una cámara de vídeo. En seguida nos pusimos manos a la obra y varios profesores hicimos pequeños guiones de contenido didáctico, que muy pronto convertimos en vídeos. 

Pasado algún tiempo decidí preparar un audiovisual sobre el libro de teatro que leía todos los años con mis alumnos: Historia de una Escalera, de Antonio Buero Vallejo. Busqué, y encontré, copias de las fotos del estreno de la obra en el Centro de Documentación Teatral, estreno que tuvo lugar en 1949 en el teatro Español de Madrid. Rebusqué datos en la Hemeroteca Nacional y, con todos los materiales seleccionados, preparamos el guion. 

Presenté mi proyecto al autor, Antonio Buero Vallejo, quien me recibió en su casa en persona. Me contestó por carta un par de semanas más tarde, sugiriéndome algunas precisiones que matizaban el guion. Bastantes meses después, le envié a don Antonio una copia del vídeo que hicimos basado en el audiovisual y, muy amablemente, me contestó con otra carta, a vuelta de correo. Guardo con primor las dos cartas, como señal inequívoca de la amabilidad, de la solidez y de la sencillez de Buero Vallejo. Y las publico hoy aquí.

Me gustó buscar la música, y creo que acertamos con ella: algunos pasajes de la película Novecento y un par de canciones de la época en la que se estrenó la obra de Buero, "La bien pagá" , cantada por Miguel de Molina, y "Luna de miel" en la versión que canta Gloria Lasso. 

Editado el vídeo, lo presentamos en el concurso de Medios Audiovisuales Didácticos del Ministerio de Educación. Y en el invierno de 1989 nos comunicaron que habíamos ganado un accésit del tercer premio. Nuestra alegría fue dulce y compartida con las alumnas y alumnos participantes. 

En 2010 hicimos una copia en DVD de aquella cinta de vídeo VHS. De allí la pasamos al ordenador, y de este a Youtube. La calidad del vídeo es acorde con los medios con los que contábamos en aquel momento,  hace ya cuarenta años. Pero aún hoy merece la pena verlo, pues muestra una forma de trabajar con los alumnos muy interesante, ya que su participación en la elaboración del guion, en la lectura de los textos, en la grabación y en el montaje supuso un aprendizaje activo y moderno.

En el año 2003, cuando yo daba clases en el Instituto de Educación Secundaria Emperatriz María de Austria de Madrid, se repuso Historia de una escalera en el teatro María Guerrero de la capital. Aproveché la ocasión y allí que fuimos alumnos y profesores a ver la obra de Buero. Y en el Instituto preparamos una exposición con las fotos de 1949 y las de 2003, con el guión y los materiales de aquel audiovisual de los años ochenta y con toda la documentación de 2003.

Ahora, en 2025 se vuelve a representar en el teatro Español de Madrid, en el mismo escenario en el que se estrenó en 1949, es decir, hace 75 años. Llevo ya casi una década jubilado, así que iremos a ver esta nueva representación, pero ya sin alumnos. Recordaré con alegría, y sin asomo de nostalgia, aquellos años ochenta, en los que resultó ser verdad que el mundo parecía ser más justo, pues a la educación pública se la trataba con dignidad, es decir, con presupuestos notables y con un profesorado motivado y bastante bien remunerado. En aquellos años fue posible hacer cosas como un audiovisual y un vídeo con  alumnos en un colegio público de Carabanchel Alto con los medios que nos llegaron al centro. Eso sí, con con el apoyo de la comunidad educativa; y con el entusiasmo de estar haciendo realidad una educación activa y pública. Y contando también con el apoyo real y comprometido del autor de la obra, don Antonio Buero Vallejo. 

Hoy sería más difícil hacer algo similar, debido a la política educativa que viene desarrollando el Gobierno de la Comunidad de Madrid, institución que, desde hace más de veinte años, viene maltratando a los colegios e institutos públicos con unos presupuestos rácanos y con un descuido, cuando no maltrato, de maestros y profesores, dadas sus condiciones de trabajo y la perfidia de muchos de los contratos.

Pero estoy seguro de que, en algun colegio público de algún barrio de Madrid, alguna maestra, algún maestro, verá la obra de Buero en el Español con sus alumnos y, sacando fuerzas de su profesionalidad y de su vocación, harán algún trabajo donde usen la tecnología actual para reivindicar la literatura. Para reivindicar a Antonio Buero. Para recordar que aquellos tiempos de silencio de 1949 no debieran regresar jamás, ni siquera en versión tecnofeudal. Y de paso, para reivindicar el gusto por el trabajo bien hecho. Y la experiencia de aprender con dignidad. Haciendo memoria de lo que fuimos. Y de lo que somos.

                                                                                                                    Jesús Bermejo


Algunas fotos del estreno de 1949 (Fotógrafo: Gyènes)




               


Algunas fotos de la representación de 2003 (Fotógrafo: Chicho)





Cartas de Antonio Buero Vallejo

Carta primera: 29-11-84



Carta segunda: 6-7-89


Vídeo

















 

martes, 21 de enero de 2025

"Cuando me vaya..." Despedida de Paco del Puerto


Ayer me lo dijeron cuando caía la tarde: Paco del Puerto nos ha dejado. Un crujido interior me entristeció. Y recordé cómo, hace un mes, cuando lo llamé para ofrecerle mi libro Robles Amarillos, me dijo que él ya no estaba mucho para esas cosas. Sentí algo así como un “me voy marchando poco a poco”. Y así ha sido.

Quiero recordar aquí a Paco, el lector atento que me ofreció una crítica sabia de mi primer borrador de Robles Amarillos, allá por el año 2002; al Paco escritor, el autor del libro De mi tierra, lo mejor que ha escrito en prosa, a mi juicio; al Paco poeta de Estuario de invierno, que presentamos en la Biblioteca de Los Navalmorales, en octubre de 2018. Al Paco amigo, discreto y callado, y a veces algo cascarrabias…

Traigo aquí, como homenaje, el texto que leí en la presentación de Estuario de invierno. Sin duda Paco estaba despidiéndose de este mundo con los poemas de su libro. Y estaba despidiéndose de todos nosotros.

“Cuando me vaya

         no volveré a escuchar la melodía

que los pájaros cantan...

         esa efímera ofrenda tan hermosa y tan libre”. 

 Paco, es verdad: no volverás a escuchar la melodía que los pájaros cantan. Pero tus versos sonarán, armoniosos, en las voces de las niñas y los niños de la escuela, y en las de los jóvenes del instituto de tu pueblo, cuando estudien con sus maestros la gran literatura que tú, su paisano, has dejado para ellos, para todos, un poema de amor a tu tierra y a tu gente.

Descansa en paz.

Jesús Bermejo

26 de octubre de 2018

Amigas y amigos de Los Navalmorales: Buenas tardes a todos y gracias por asistir a esta velada en la que se presenta Estuario de invierno, el último libro de poesía de Francisco del Puerto...

Si quieres leer todo el texto de la Presentación, pincha en este enlace:

https://roblesamarillos.blogspot.com/2018/10/estuario-de-invierno-de-francisco-del.html


 



lunes, 20 de enero de 2025

Otra vez Trump

                        

Otra vez Trump. Así lo ha decidido el pueblo estadounidense. Y casi todos los señores tecnofeudales del mundo lo acompañan y lo aplauden.

        Plata serán, mas plata atrincherada 

Poco podrá esta oligarquía contra el devenir del mundo: sus propias contradicciones, su arrogancia y su misma falsedad llevarán a los estadounidenses a alejarlos del gobierno en 2028. Al tiempo. 

Postdata

Y digo yo a los europeos que no son de ultraderecha: ¿Que más necesitáis para daros de baja en la red X? ¿Y en Facebook? 

Hace ocho años

https://roblesamarillos.blogspot.com/2017/01/donald-trump-presidente-resistiremos.html?m=1

 

 

 

Invierno: Atardecer en la Gran Vía de Madrid