lunes, 10 de enero de 2011

La villa de Azaña y Numancia de la Sagra




Cuando don Manuel Azaña era innombrable, la II República algo lejano y oscuro, la memoria un obstáculo y el olvido un objetivo inmediato, allá por 1980, estando yo destinado como maestro en el pueblo de Numancia de la Sagra (Toledo), apareció en el periódico El País del día 8 de febrero de ese año un artículo titulado “Una villa borrada: Azaña, en la provincia de Toledo”, que estaba firmado por Jaime Ferrero Alemparte, correspondiente de la Real Academia de la Historia en Frankfort del Men. Contaba el articulista que hay un poema épico alemán escrito hacia 1250, titulado Biterolf y Dietleib , en el que se narra el viaje del protagonista desde España a la corte de Atila, y de cómo su hijo va en su busca y cómo regresaban a Toledo, donde viven con sus familiares y sus ocho mil caballeros. La espada del protagonista, nos sigue contando Ferrero, fue forjada por Mime el Viejo, que residía en Azzaria, a veinte millas de Toledo.
Jaime Ferrero quiso saber qué villa era esa de Azzaria; consultó el Madoz y resultó ser Azaña. El sabio Asín Palacios le dio la pista del origen del topónimo, en su libro Contribución a la toponimia árabe de España: Azaña procede de “al-sâniya”, que significa la aceña, la noria. Aparece este topónimo en varios documentos históricos: Azania (Sancho III) y Fazaniam( Alfonso VIII) entre otros.
Siguió consultando Ferrero y el topónimo Azaña desaparece misteriosamente en el Diccionario geográfico de España, dirigido por Rafael Sánchez Mazas entre 1956 y 1961. En su lugar aparece Numancia de la Sagra:
“El misterio me lo reveló inmediatamente el historiador Julio González en Cuenca, donde nos conocimos personalmente con motivo de un congreso de medievalistas. La villa de Azaña existe, claro que sí, pero en la guerra civil española, al ser tomada por las tropas de Franco, se le borró el nombre por coincidir con el de don Manuel Azaña, presidente de la Segunda República española desde 1936 a 1939, y se le impuso el del regimiento que la ocupó, llamándose desde entonces Numancia de la Sagra. Y, en efecto, este es el nombre con el que figura en el diccionario ofrecido al general Franco por los editores, bajo los auspicios del secretario general del Movimiento, José Solís Ruiz. Pero -oh, asombro- en el artículo dedicado a la nueva Numancia (vol. 13, página 21 l), muy flojito por otra parte y sin firma del autor, se silencia el nombre primitivo y verdadero. Sin duda se le quiso borrar del mapa. Y así tampoco figura en el Indice toponímico del atlas nacional de España, publicado por el Instituto Geográfico y Catastral, de 1965. Si identificamos, como parece lo más verosímil, la Azzaria del poema épico alemán con nuestra Azaña, es evidente que la villa, hacia 1250, tenía su importancia como asiento de una familia de herreros productores de espadas bien templadas. Las famosas armas toledanas no se forjarían tan sólo en la capital, sino también en otros puntos de su territorio, como este de la villa de Azaña. Se dice que hay allí actualmente una herrería. Ojalá pudiéramos asociarla con la tradición de Mime el Viejo, forjador de la espada que blandiera Biterolf. De todos modos, la mención de la villa de Azaña en el «epos» alemán del siglo XIII es testimonio claro de una fama que bien desearan para sí muchas ciudades.”
Para terminar su artículo, Ferreiro propone, ya en 1980, que se le devuelva a la villa de Azaña su nombre, injustamente usurpado en 1936, y que se haga precisamente en el I Centenario del nacimiento de Manuel Azaña, porque “a tal señor, tal honor”.

1990: UNA EXPOSICIÓN
En la exposición celebrada en el Cincuentenario de la muerte de Manuel Azaña, preparada a iniciativa del Ministerio de Cultura, en noviembre de 1990, conocí un dato más relacionado con el topónimo Azaña. En un panel de dicha exposición aparecía una fotografía de Numancia de la Sagra, y un pie de foto que decía:

“De la antigua Azaña procedían los antepasados de don Manuel, que se trasladaron a Alcalá de Henares…”

¡Qué curioso! Ese dato no aparecía en el artículo de Ferrero. Después de diez años todo casaba: No era el topónimo un homenaje al político, como pensaban los militares que borraron el nombre a la villa y la rebautizaron; era el político el que había heredado su apellido del topónimo, como tantas veces sucede. Mucho tiempo después, en un artículo de Isabelo Herreros, publicado en El Digital de Castilla- La Mancha, el 22 de agosto de 2006, refiriéndose a este asunto, informa de cómo en un mítin en Toledo, Manuel Azaña decía:
"Ciudadanos de Toledo, diría, si me lo permitís, amigos y coterráneos de Toledo, porque yo soy un poco y hasta un mucho toledano".
Y, sigue Herreros, de una forma más literaria, unos años antes, en 1923, y en un artículo titulado "Una constitución en busca de autor", Manuel Azaña comenzaba con la siguiente declaración:
“El reino de Toledo (donde era hace tres siglos la policía del bien hablar), mis abuelos, posesionados en la Sagra o en las vegas que se abren al Tajo, ascienden en derechura hasta el carpetano idólatra, anterior a la venida de las legiones; con un cuarterón de sangre vascongada (la raiz en Elgoibar) y un entronque en Arenys de Mar, soy español como el que más lo sea.”



1936: UN ACTA
En el Catálogo de la exposición del Cincuentenario aparece una interesante nota en la página 333 en la que se da cuenta de los pormenores del acta del cambio de nombre de la villa, y se describe el escudo, que era, y sigue siendo, la suma de las armas del arzobispado de Toledo, antiguo propietario de la comarca de la Sagra, y de una aceña o noria para extraer agua. Como curiosidad, he de contar que en el acta que se conserva en el Ayuntamiento acerca del cambio de nombre, de fecha 19 de octubre de 1936, se da cuenta de que el Comandante militar del Numancia recibe de una comisión gestora, nombrada y presidida por él mismo, la solicitud al Jefe del Estado, Franco, de que en lo sucesivo la villa lleve el nombre de Numancia de la Sagra. A pesar de que el secretario encabeza el acta, como es costumbre:
“En la villa de Azaña…”
y se sella con un tampón que dice:
“Alcaldía de Azaña”
se cierra el acta con: “Numancia de la Sagra, a 19 de octubre de 1936”.
Es decir, que la petición surte efectos inmediatos, sin esperar a que nadie de más arriba conteste nada. Así se escribe la historia. Así se apañó el arreglo jurídico del cambio de nombre de Azaña: Sin el menor rubor.



2009: ¿RESTITUCIÓN DEL NOMBRE DE AZAÑA? 
Desde hace más de 28 años, que yo sepa, se viene reivindicando la restitución del nombre histórico para la villa de Azaña. Podría hacerse por simple solicitud del Ayuntamiento de Numancia de la Sagra a las autoridades correspondientes. Parece ser que en 2006 se estudiaba convocar un referéndum entre los vecinos, pero no sé en qué ha quedado el asunto. Yo creo que deberían hacerse ya los trámites correspondientes, y aprovechar los eventos del 70 aniversario del final de la guerra, en 2009, para devolver a la villa su nombre.
La historia es tozuda, y la verdad, al final, resplandece. Muchas personas mayores, cuando yo estuve trabajando como maestro en Numancia , seguían llamando a su pueblo Azaña, en voz baja. De entre ellos recuerdo especialmente a dos: el señor Lázaro, que se sabía el Tenorio completo, y una señora que me refirió cómo en el Ayuntamiento había dos sellos, uno que rezaba “Ayuntamiento Constitucional de Azaña”, y otro que decía “Alcaldía de …….” con la palabra Azaña borrada. En su memoria, en memoria de los antepasados de la villa, se debería devolver a Azaña su nombre. ¡Ojalá se haga, por fin!

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