miércoles, 12 de enero de 2011

Paseando por Atienza



24 Nov 2010



Salimos de Madrid el día de la Almudena, y la ciudad estaba tranquila, como un domingo cualquiera. Dejamos atrás Alcalá y Guadalajara y después, una carretera secundaria nos mostraba un otoño avanzado, sacudido por ventarrones que estremecían los chopos y los álamos, apenas ya sin hojas.


Quedó atrás Jadraque y poco a poco nos fuimos acercando a Atienza, cuya imponente peña gobierna la villa y le da su identidad. Nos aproximamos al castillo y un viento fortísimo había limpiado el cielo y mostraba en su esplendor el lienzo de la muralla, la peña inexpugnable y el cementerio, junto a la iglesia románica de Santa María del Rey.


Paseamos por el pueblo, estuvimos un buen rato en la plaza del Trigo, tan castellana y tan rebosante de historias, nos acercamos a los museos, y aunque estaban cerrados, porque sólo abren los fines de semana, pudimos apreciar la riqueza arquitectónica de esta villa.



Vimos en un muro de una casa una placa dedicada a Luis Carandell, el periodista de la revista Triunfo y de otros medios de los años sesenta, setenta y ochenta. Luego nos enteramos de que allí pasó los fines de semana de muchos años, desde 1970, participando en la vida cultural de la villa, incluida su Caballada.

En una plazuela entramos en una panadería y compramos dulces diversos, incluida una torta de uvas deliciosa. Al lado, una charcutería despachaba los famosos embutidos de Atienza. Algunos restaurantes y pequeños hostales mostraban cierta preparación para acoger un turismo de fin de semana y de temporada.

Nos gustó apreciar los arcos de entrada en la villa vieja, su belleza y la consistencia de su construcción. Nos apenó no poder entrar en los pequeños museos, aunque el ser día laborable nos permitió ver la Atienza actual en su vida diaria, con sólo una docena de visitantes paseando por sus calles.

Quedamos en volver en primavera, a ver la Caballada, el domingo de Pentecostés. Mientras tanto iremos consultando libros y folletos sobre esta villa con tanta historia, una villa que tiene nombre propio en el Cantar de Mío Cid, por cuyas tierras pasó el cortejo del Campeador en los versos del destierro, y cuya peña quedó inmortalizada en el Cantar cuando los infantes de Carrión y las hijas del Cid dejan Atienza a la izquierda camino del robledal de Corpes.


"Dispónense a andar de día y de noche.
A siniestro dejan a Atienza, una peña muy fuerte;
La sierra de Miedes pasáronla entonces;
Por los Montes Claros aguijan a espolón;
A siniestro dejan a Griza que Álamos pobló;
Allí están los caños do a Elfa encerró."










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