Siempre me ha gustado el romance de La loba parda. Parece una historia realista pero tiene un toque fantástico. El pastor, la loba y los perros establecen un diálogo creíble, pero a la vez imposible. De tan sencillo y popular, este romance es la depuración misma del Romancero y en sus cientos de versiones, desde Extremadura a Soria, pasando por Segovia y Ávila, desde La Rioja a Toledo, desde Asturias y León a las dehesas de Badajoz, cuando cantan La loba parda los más viejos del lugar, pocos ya, sobrecoge oír nuestra tradición venida directamente del fondo de los tiempos.
Viendo
la Exposición del colegio Estudio de Madrid, en la Residencia de Estudiantes,
observé que tenían escrito con tiza escolar, en uno de los paneles, el romance
de La loba parda. La directora del colegio, Jimena Menéndez Pidal, encontró en
su centro el lugar adecuado para estimular a los alumnos en el estudio y
admiración de la tradición oral. Y en ese romance, escrito con tiza en la
pared, me pareció ver el mejor resumen de aquel centro singular en plena
posguerra, donde había coeducación, escuela activa y libertad.
Traigo
aquí, en primer lugar, una versión recogida por Ramón Ménéndez Pidal, la más
depurada de las que encontró. Luego, os sugiero oír la versión cantada por
Joaquín Díaz mientras váis leyendo la letra por él recogida. También incluyo
una tercera versión, recogida por María Victoria Navas en Los Navalmorales
(Toledo), como homenaje a todos los que han buscado romances por tantos pueblos
de España, pues ellos y ellas han hecho posible que la rica tradición oral de
nuestro país esté a salvo, para conocimiento y estudio de las generaciones
presentes y venideras.
Versión recogida por Ramón Menéndez Pidal
Estando yo en la mi choza pintando
la mi cayada,
las cabrillas altas iban y la luna rebajada;
mal barruntan las ovejas, no paran en la majada.
Vide venir siete lobos por una oscura cañada,
venían echando suertes cuál entrará a la majada;
le tocó a una loba vieja, patituerta, cana y parda,
que tenía los colmillos como punta de navaja.
Dio tres vueltas al redil y no pudo sacar nada;
a la otra vuelta que dio, sacó la borrega blanca,
hija de la oveja churra, nieta de la orejisana,
la que tenían mis amos para el
domingo de Pascua.
Los perros tras de la loba las uñas
se esmigajaban;
siete leguas la corrieron por unas sierras muy agrias.
Al subir un cotarrito la loba ya va cansada.
-¡Tomad, perros, la borrega, sana y
buena, como estaba!
-¡No queremos la borrega, de tu
boca alobadada,
que queremos tu pelleja pa' el pastor una zamarra;
el rabo para correas, para atacarse las bragas;
de la cabeza un zurrón, para meter las cucharas;
las tripas, para vihuelas para que bailen las damas!-
Versión recogida y cantada por Joaquín Díaz
Estando yo en la mi choza pintando
la mi cayada,
las estrellas altas iban y la luna rebajada;
mal barruntan las ovejas, no paran en la majada.
Vide venir siete lobos por una oscura cañada,
venían echando suertes a ver a quién le tocaba;
le tocó a una loba vieja, patituerta, cana y parda,
que tenía los colmillos como puntas de navaja.
-¿Dónde vas, loba maldita, a dónde
vas, loba malvada!-
-¡Voy por la mejor borrega que
tengas en la majada!-
Dio tres vueltas al redil y no pudo
sacar nada,
y a la otra vuelta que dio, sacó una cordera blanca.
-¡Aquí, mis siete cachorros! ¡Arriba, perra guardiana!,
Que si me matáis la loba, la cena
tenéis doblada,
y si no me la matáis, cenaréis de
mi cayada-.
Los perros tras de la loba las uñas
se esmigajaban;
siete leguas la corrieron por vegas
y por montañas.
Al subir un alto cerro por una
sierra muy agria
le dan unos pechugones que en vilo
la levantaban.
Al saltar un arroyuelo la loba ya
va cansada.
-¡Tomad, perros, la borrega, buena
y sana, como estaba!-
-¡No queremos la borrega, de tu
boca alobadada,
que queremos tu pelleja 'pa' el
pastor una zamarra;
de tu cabeza, un zurrón para
guardar las cucharas;
de tus orejas, pendientes y de tus
patas, polainas;
las tripas, para vihuelas, para que
bailen las damas!-
Versión recogida por María Victoria Navas en Los Navalmorales (Toledo)
Transcripción musical: Rafael Cabrera.
Informantes:
Joaquín García, Dimas Gómez y Angelita Campillo
Y estando un pastor en vela
remendando su zamarra,
vio de venir siete lobos y en medio
la loba parda.
-¡No te arrimes, no te arrimes, no
te arrimes, loba parda,
que tengo siete cachorros y la
perra trujillana
y el perrito de los hierros, que
para ti sola basta!-
Dio tres vueltas a la red y no pudo
sacar nada;
y volvió a dar otras tres, sacó una cordera blanca,
que la tenían sus amos para celebrar la pascua.
-¡Si me la traéis aquí, la cena
tendréis doblada,
siete calderos de leche y otros
siete de cuajada;
y si no me la traéis, con lo gordo
de la vara!-
La corrieron siete leguas por una
larga montaña,
la corrieron otras siete por una
tierra muy agria,
y al entrar en la lobera, la agarró
la trujillana.
-¿Suéltame, trujillanita, suéltame,
perrita mala,
yo te daré tu cordera buena y sana,
como estaba!-
-¡Yo no quiero la cordera de tus
dientes machucada,
lo que quiero es tu pellica ‘pa’ el
pastor una zamarra,
los dientes, para pendientes para las niñas del ama,
las patas, ‘pa’ cucharero para
colgar las cucharas
y el rabo ‘pa’ una correa, para
atacarme las bragas!-

Mi profesora de latín prometió un sobresaliente a quien le recitase un poema, nadie salvo uno PICÓ. Durante todo el curso uno de mis compañeros recitó día tras día ese poema, yo me lo aprendí; El nunca tuvo su sobresaliente, siempre según aquella "PROFESORA" estaba bien recitado.
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